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viernes, 29 de abril de 2016

Trinidad Morcillo Raya (1891-1985)

Doña Trinidad Morcillo Raya, artista. Madre del Bordado culto granadino

Tal día como hoy, hace 125 años, nacía doña Trinidad Morcillo Raya. Fue un 29 de abril de 1891 y ese día vio la luz de Granada la artista más destacada de la ciudad y la escuela (así, en femenino) que por la temática de su producción es a su vez, una desconocida a excepción del mundo cofrade. Pintora, excelsa dibujante, soberbia bordadora y profesora de bordado en la Escuela de Artes, quienes estudian su aportación resaltan de ella que estamos ante una precursora de las tendencias actuales a la vez que una indiscutible intérprete del  bordado cultista del barroco; hermana del mucho más conocido Gabriel Morcillo, quizás por haberle tocado vivir en una época de ostracismo para la mujer, estudia en el Colegio Calderón de la Calle Recogidas (hoy Regina Mundi en Arabial) y recibió la negativa paterna de proseguir sus estudios universitarios a pesar de los avales educativos de sus profesores.

Pintura a la aguja de 1960. 
Seda bordado en seda. 

Pero doña Trinidad nació para el arte. Mujer de su época, transgresora en su obra, decidió practicar un arte bien visto para la mujer de principios del siglo XX, aprendiendo de la excepcional, aunque menos creativa bordadora y tía suya, Francisca Raya. Tuvo en su tía Paca la  mejor escuela soñada, habida cuenta que el taller granadino de esta, era nada menos que Proveedor Oficial de la Casa Real y medalla de oro en la Exposición de Bruselas de 1897.

Abocada a estudiar Magisterio, comienza a ejercer como maestra a los 22 años pero pronto gana las oposiciones de Artes y Oficios, convirtiéndose en 1928, en Maestra de Taller de Labores y Encajes. Lo fue durante 36 años. El mismo día que cumplía 70 años, un 29 de abril 1961, fue obligada a jubilarse. Se retiraba de la enseñanza artística, la mujer más trascendental para el arte en Granada, de todos los tiempos, capaz de valerse de sus dotes en el dibujo y la pintura como para que el diseño de sus piezas sean la característica sobresaliente de sus bordados; cuando reciba el encargo de alguna Hermandad, se centrará en detallados estudios preliminares del paso y de la imagen y todo con la obsesa idea de otorgar a sus trabajos calidad y movimiento.


Bordadora tradicional para lo cofrade, empleará materiales ricos; los hilos de seda con los que trabaja son únicos. Ella misma se encarga de teñirlos, asegurando la artesanía absoluta de sus piezas. Especialmente exigente se mostrará con los hilos de oro que emplee: busca en cualquier rincón del Mundo el material más artesanal y meritorio, escogiendo una fábrica de Valenciennes para que le suministre los hilos con los que restaurará el Estandarte Real de Granada, pues pretendía con rigor histórico, que la pieza conservara hilos del mismo tono, grosor, textura y hechura que los originales. De su apreciada tía Paca Raya aprende una cantidad de tipos de punto con los que consigue volúmenes desconocidos en la Granada del bordado cultista. Entró con pleno derecho en el catálogo del bordado erudito, convirtiéndose en la única que salió de los encargos de tul que tanta fama cosechó la ciudad hasta los años 60 del pasado siglo. Pudiendo abrir una gran línea profesional con el demandado trabajo artesanal, prefirió el arte a la artesanía.

"Dejad que los niños se acerquen a mí".
Cristo entre los niños. 

Si algo la diferenció de otras afamadas bordadoras dedicadas a lo cofrade, fue que ella realizaba sus propios diseños, además de diseñar para otros obradores. El mismo Papa Pablo VI le otorga bula para que se convierta en instructora de bordado en conventos. Años antes, los talleres conventuales de Comendadoras de Santiago, Dominicas de la Piedad o Agustinas de Santo Tomás (Tomasas), la requirieron para diversos encargos. Suyos son los conceptos estéticos plasmados en las cenefas renacentistas de los faldones del Paso de Palio de la Virgen de la Victoria, o en los cartuchos renacentistas en la técnica de repostero de las bambalinas del Palio de la Virgen de las Maravillas. En su taller de la Escuela de Artes y Oficios se trabaja el manto de esta Dolorosa granadina de San Pedro bajo su supervisión que no participación. Pero en el culmen de su capacidad artística hemos de recordar que no hacía dibujo previo para bordar, sino que bordaba directamente. Su temperamento artístico quedó desvelado en la técnica del milanés y el empleo de las sedas. Nadie como ella en este apartado, a pesar de la fama concedida a otras grandes bordadoras. Especialmente aplaudida en la técnica de la pintura a la aguja o “acu pictae”, dominó la seda matizada a la que aplicaba gradaciones y conseguía esfumados imposibles.

"Bufón tocando el laúd" 
Del original de Frans Hals (1626)

No ya sólo en lo cofrade, los críticos del momento la compararon con los talleres ingleses dedicados a la needlepainting, las copias exactas de obras de arte famosas hechas en bordado. Jamás denominó a estas obras como “bordados” sino pinturas a la aguja. Copió para estas a su prodigioso hermano Gabriel Morcillo o al pintor barroco holandés Frans Hals, demostrando su amplia formación cultural en materia artística.

"Santiago Apóstol"-

Reseñas artísticas a su obra o entrevistas a la autora nos han dejado José María Guadalupe y Francisco J. Gil Craviotto. “Bufón tocando el laúd” (Frans Hals, 1626) de la imagen de arriba, fue expuesto fuera de nuestras fronteras. Otras de sus creaciones le valieron la Medalla de Oro de la Exposición de la Escuela de Arte de Barcelona. Diploma de Honor Nacional en 1966 le valdría la serie de retratos de personajes ilustres y paisajes, colección de bordados donde incluyó al granadino “Chorrojumo” y la serie de cinco músicos famosos: Beethoven, Mozart, Liszt y Bach. Los retratos de Beethoven y Chopin. Antes de esto, fue nombrada Bienhechora Insigne del Museo Mariano de Zafra en 1948

"Diseño propio"

Su vida fue azarosa y compleja. Estuvo encarcelada en Alicante, entre 1936 y 1938, donde entablaría amistad con la escritora Pilar Millán Astray. Su delito, acudir al entierro de José Calvo Sotelo, asesinado por la izquierda; El trágico acontecimiento nos vale para demostrar su versatilidad y capacidad creativa: Pilar Millán Astray escribe un poemario tras su estancia en prisión que ilustra con grabados y dibujos nuestra paisana. Pero su biografía da para bastante, como se encargó de dibujarnos María Angustias Carrillo de Albornoz: se casó en 1919 con el alférez de artillería Vicente Alonso Torner, sobreviviendo dos. Se vinculó como vecina al Realejo; vivió en la Calle Molinos y fue activa en la Parroquia de San Cecilio, donde trabajaba fatigosamente en la labor social de la misma. Murió a los 94 años, un 4 de diciembre de 1985, acompañando sus restos la ingente cantidad de necesitados que socorrió en vida.


"Manto de María Santísima de la Misericordia" (1953)

Despreció el bordado popular por alinear a la mujer. Infatigable investigadora, recorrió puntos, técnicas y modos de bordado culto en los ajuares renacentistas y barrocos de la Catedral de Granada. Se denominó pintora con la aguja. Fue igualmente restauradora de textiles y bordados. Nunca aceptó un diseño ajeno y diseñó para otros. Demostró unas insospechadas aptitudes como pedagoga y recuperó para la historia, para el arte y para Granada, el Pendón Real de 1496 y su nueva hechura de 1612 (con Felipe IV), a la vez que hizo copia del estandarte tremolado para su uso cívico en 1979.

"Programa iconográfico del Palio de la Esperanza". (1955)
Milanés indiscutible, fotografía de Manuel Dorador desde "El esperanzo". 

Inigualable en el dominio de la técnica del milanés y su capacidad para construir con sedas, verdaderos cuadros, dejó su obra cumbre en el techo de palio de la Santísima Virgen de la Esperanza y usó códigos propios de la iconología en el manto de la Virgen de la Misericordia, donde insertó 180 estrellas con un significado arcano que aún intentamos desvelar.



Simpecado de las Angustias de la Alhambra (1963)

Trinidad Morcillo Raya podría haber sido una artista descomunal de haber nacido en otra época. Hoy se cumplen 125 años de su nacimiento y jamás ha estado su figura más necesitada de una puesta en valor. Estamos ante una bordadora sólo igualada por los maestros mayores de obras catedralicios de la Granada del Siglo XVI, como estamos ante la primera gran bordadora cofrade granadina. Además de cultivar técnicas, temáticas y métodos impensables décadas después, continua sin la valoración merecida (propio de Granada) pero con una indeleble huella, en las Hermandades de la Esperanza, los Favores, Santa María de la Alhambra o el Rosario. 

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