Visitas

viernes, 4 de marzo de 2016

De como nació un Palio en una clausura


Silencio de cal y mirto.
Siete monjas dominicas
están bordando alhelíes
sobre la tela tendida,
(sarga incrustada de blanco
raso venido de Siria).

El Convento la Piedad
es la fábrica finísima
donde se borda una historia
con flores de fantasía.
En la cenefa, magnolias
de lentejuelas y cintas
y con tonos de azafranes
como manteles de Misa,
laureles de los triunfos
de hispana cronología.

Las otras monjas trasiegan
en la cercana cocina
mirando a sus compañeras
que son como caballistas
que galopan con agujas
entre doradas cardinas.

La sala huele a toronja
y a almíbar y a yerbaluisa.
¡Y se quiebran los pulgares
de las monjas dominicas!

Esas manos son “Geniles”
que amontonan pedrerías
y que componen escudos
de pura “españolería”.

En la Plaza de los Lobos
se mira a las celosías
que guardan el ajedrez
del menaje de María.

Por los oscuros manguitos
de la clausura infinita
va naciendo un dormitorio
para una novia prendida
en el Domingo perfecto
de toda su Cofradía.

La novia tiene un ajuar
que es historia y poesía.
Nace de un ruido de venas
y manos de monjas pías.

Nadie podría imaginar:
¿Quién entonces pensaría,
que por el ajuar de Novia
de la Novia de mis días
iba a nacer en Granada
toda la costalería?

Y nació para una Novia
medio Madre, siempre amiga,
que desprecia los dolores
y se nos metió a Hija
y que reina sobre el trono
del costal de su cuadrilla
que se ha ganado la plaza
en Calle Jesús y María. 

La Calle Duquesa entera
huele a las flores prendidas
entre damascos y sedas
en el palio de una Niña
de un domingo no cualquiera
con manto de correrías
del honor que es rojo y gualda
de su fiel infantería.

El Convento la Piedad
se hizo floristería
para una Novia casada
con la perfecta armonía
de quién le dice que es Madre
y Maestra de cuadrillas.

Y la Novia de un Domingo
que en levantás la abanica
es la VICTORIA más grande

que a Granada llegó un día.