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lunes, 30 de noviembre de 2015

Enamorada de Granada

Primera moneda acuñada en el Reinado de Isabel II. 
Las iniciales de los Reyes Católicos y la granada presidiendo el haz. 
Prueba irrefutable de la devoción por Granada que mantendría

El reinado de Isabel II no fue nada fácil. El inepto de su padre le deja en herencia un reino derrotado y agriado por el carlismo; para colmo, Fernando VII no se preocupó jamás porque su hija, toda una princesa española, tuviera los más mínimos conocimientos culturales, por lo que al cabo de los años, hemos de reconocer que el reinado de Isabel II no fue tan malo como a todas luces se antojaba. A fin de cuentas, de aquel periodo, la única que puede ser disculpada es ella. Sea como fuere, la reina siempre tuvo una debilidad especial para con Granada, como si el hecho de llevar el nombre de la inigualable Reina Católica, la hubiera predestinado a un idilio con GRANADA.

Escudo de la ciudad tras la reforma, mejora y nuevos privilegios concedidos por Isabel II

Y el idilio como ya contamos aquí nació en mayo de 1843 cuando la ciudad fue una de las tres que le fueron fieles y se levantaron frente al despotismo dictatorial de un general. Si no recuerdas aquella gesta, que significó el definitivo enamoramiento de la Reina con Granada, pincha aquí 

Este puente salvando el Guadalfeo sigue en uso. 
La intercesión de la reina y las infraestructuras de su reinado,
se han resuelto como las más firmes,seguras y serias. para desgracia de Granada y su Costa. 

Así Isabel II hará suyo el empeño por devolver a Granada lo que ésta le da, que con toda seguridad fue el trono desde aquel 1843, y no sólo empieza por aumentar sus títulos y enriquecer su escudo, sino que comenzará a ser proclive a una ciudad que tuvo siempre como reina a la otra Isabel, con la que cualquier intento de competición quedaba arruinado. Las prebendas y dádivas de la reina continuaron; el 1 de marzo de 1846 hace donación de una corona de oro a la Virgen de las Angustias, reinstaurando los favores y las concesiones que la Corona española hicieron para con esta Cofradía. Al poco, el 8 de octubre de 1849, firma el Real Decreto para que se retomen los trabajos que iban a unir Granada y Motril por carretera. De hecho, hasta hace poco, los puentes e ingenierías de la época de Isabel II han seguido en uso. La parálisis era de 18 años. En 1831 se planteó el primer proyecto bajo impulso del Conde Montijo y fue abandonado hasta el empeño por satisfacer las necesidades que le llegaron desde Granada, de crear esta infraestructura. Tras el reinado de Isabel II, la carretera fue nuevamente abandonada.



De 1849, a 1853, cuando el 3 de agosto costea de los fondos de la Corona la realización de las obras públicas destinadas a mejorar el consumo de agua potable de la ciudad de Granada mediante las nuevas canalizaciones de la Acequia Gorda y la realización de la Presa de Arabuleila. Y así, saltamos hasta 1855, año en que Isabel II toma el compromiso de traer a Granada el telégrafo, ya que Granada había quedado fuera de la línea de Andalucía de 1844 que unía Cádiz con Madrid y las autoridades locales escribieron a la Reina para que tuviera a bien dotar a Granada de lo que otras ciudades ya disfrutaban .  

Lápida sepulcral del Gran Capitán en el Monasterio granadino de San Jerónimo

El 15 de febrero del año 1856 reitera la devoción de la Corona de España y la suya propia a la Virgen de las Angustias añadiendo al ajuar un manto bordado en oro. Pero sin duda una de las gestas que tuvo y encarnó para con nuestra ciudad, ocurría un año después. Creo con justicia que aquello no fue sólo un gran aporte para la historia granadina, sino europea y para la historia del arte bélico, puesto que hay que agradecer los esfuerzos que realizó hasta con dinero propio para que se proceda a restituir con el decoro y la dignidad precisa, los restos mortales del Gran Capitán al Monasterio de San Jerónimo de nuestra ciudad. Fue la Reina la que mediante Real Decreto impide que los restos se queden en Madrid para ingresar en el Panteón de Españoles Ilustres y los devuelve a Granada. Luego una acción impagable la suya, culminada el 15 enero de 1857 con Real Decreto.

Una Alhambra inusual, con dos tazas en la fuente y cupulines al fondo

Pero si hay un año especialmente intenso entre la Reina Isabel II y Granada fue el de 1862, a lo largo del que costeó y patrocinó una escuela de canto y lo más importante: tras visitarnos y darse cuenta del deplorable estado de los palacios nazaríes, ordenó con urgencia que el Gobierno se encargara sin dilación de realizar las obras de rehabilitación y restauración oportunas en la Alhambra. Detrás de aquellas normas firmadas por ella, de las cartas y las súplicas que rubricó ella misma, puede que se esconda la primera acción sensible para con la conservación del patrimonio en España. 


Y llegará el día que ponderemos si Isabel II no es en parte, bendita responsable del interés despertado por la Alhambra y la bendita culpable de que esté en pie. Al fin, lo último concedido por interés personal a la ciudad, fue el patronato ( y aportación económica) al nuevo teatro granadino, que desde entonces se anunciaría como el Teatro Real de Granada. Nació en la Plaza de los Campos, en el Realejo, pero a día de hoy continúa. Hablamos del Isabel la Católica, que contó con la generosa intervención y cooperación de la Reina.
  


Al fin, nos queda contar aquella mítica visita que cursa a Granada desde el 9 al 14 de octubre de 1862, que comenzó con un acto en la Universidad para recibir el regalo de una corona de oro con metal extraído del Darro y que era copia de la corona de Isabel II, presidió el baile de gala de la Real Maestranza, y que a lo largo de los días, anduvo inaugurando la Feria Agrícola, la exposición de bellas artes o celebrando en el Generalife su cumpleaños. Sonado fue el baile en la Plaza del Carmen, los fuegos artificiales lanzados desde el Triunfo o la interpretación del Nabuco de Verdi. 


Aquella visita llenó Granada de autoridades, como el Nuncio de su Santidad, toda la corte española, el embajador de Inglaterra, el Príncipe de Asturias, el rey consorte o varias carteras ministeriales, ocasión de generar para el comercio y hospedería del momento. Y que por supuesto, sirvió para que los ilustres visitantes se sensibilizaran con la necesidad de restaurar la Alhambra.


Hace tres días, justo la entrada inmediata a esta, hablábamos de la visita de Hans Christian Andersen, el rey del cuento, y cómo coincidió con la de Isabel II. Pues así fue la visita oficial y regia, de la defensora de la Alhambra.  

sábado, 28 de noviembre de 2015

El turismo es un gran invento.

Monumento a Chorrojumo en Granada
¿El primer guía turístico de Europa?

España despertaba un inmenso interés para los intelectuales europeos y norteamericanos del siglo XIX. Era una tierra anclada en el continente Europeo pero a su vez, la llave de África. Era el lugar perfecto para encontrar exotismo y la mezcolanza justa entre Occidente y Oriente y en estas se empeñaron escritores, poetas y pintores que atravesarían la piel de toro con fruición y ávidos de conocer nuevas cosas. Incluso llegaron a inventar España, sí. Se imaginaron un país exótico y potenciaron esa imagen hispana que sólo estaba en su cabeza. Hubo viajeros que se enfadaron profundamente al ver que en la España del siglo XIX no había musulmanes, o que el tren había conquistado parte de la piel de toro. Como si el progreso le restara encanto y misticismo a ese ideal romántico que subyacía en los cuentos orientales, con los que los literatos y pintores europeos se habían hecho su particular imagen española.


"El Generalife de Granada". 
Eduard Gerhardt, 1862.

Los destinos preferidos fueron los del Sur y dos ciudades coparon muy por encima del resto, las apetencias descubridoras de los viajeros románticos: Granada y Sevilla. La ingente cantidad de ilustres visitantes que una y otra atesoraron a lo largo del siglo XIX y las frases de admiración que dejaron para la posteridad refrenda que las dos grandes capitales del sur de España fueron las “mecas culturales” hacia donde decidieron peregrinar nuestros protagonistas. Por el contario, Barcelona era una ciudad admirable pero muy europea, Madrid carecía de personalidad y Málaga se resolvía como la piedra angular del clima benigno. Acababa de nacer el turismo español, quisiéramos o no los españoles.

"Viajeros al Edén". 
Monumento al viajero romántico en Granada, del escultor Ramiro Megías. 

La literatura romántica, los cuentos del embajador norteamericano Washington Irving sobre la Alhambra y una imaginación sin freno, moldearon una España que ya no existía. Afortunadamente, entre el 4 de septiembre y el 23 de diciembre de 1862, recibimos una de las visitas más ilustres y que más provecho aportarían, la del REY DEL CUENTO, que dejó honda repercusión; el afamado Hans Christian Andersen. De regreso a su Dinamarca natal, publica las memorias de cuanto recorrió en su libro, Viaje por España, que vio la luz en 1863. El recorrido del danés, que en aquel entonces era el autor literario más famoso de Europa, fue este: Barcelona-Valencia-Alicante-Murcia-Málaga-Granada-Gibraltar-Cádiz-Sevilla-Córdoba-Madrid-Toledo-Burgos-San Sebastián. 

"Juramento del Marqués de la Romana". 
Manuel Castellano, 1850.

Andersen vino a España buscando lo pintoresco. Quería ver las tierras de moros, al Cid, los caballeros andantes como el Quijote y rememorar a los soldados españoles que estuvieron, durante las campañas napoléonicas, en su ciudad natal; y se encontró una realidad totalmente distinta al tópico que había soñado. Antes de entrar en España, para él iba “al país del sol y del verano”, y se topa con una nación que no conoce su obra (hemos de decir que Andersen, era tan buen literato como vanidoso), que los hospedajes cuestan muy caros y que esa imagen africana de país cálido, es errónea, pues le toca vivir uno de los otoños más fríos de la historia.  

"Fortaleza de la Alhambra". 
David Roberts, 1838.

De los cuatro meses de estancia en sueño español, donde más tiempo se detuvo fue en Granada, y en esta ciudad residió desde el 7 al 28 de octubre de 1862, atraído por las visitas que otros escritores o arqueólogos daneses habían hecho antes a la capital de la Alhambra con anterioridad. El celebérrimo autor de cuentos se alojó en una posada de la Alhambra, retrató la ciudad y coincidió con la Visita de Isabel II. Habló sobradamente del impacto exótico que le produjo la ciudad del Darro y la opinión del que en ese momento era el escritor más afamado de Europa, es muy válida. En su libro Viaje por España, Granada es la ciudad que más veces cita y la que ocupa más páginas. El danés dejó para la historia frases como esta: "Granada, al igual que Roma, ha sido para mí una de las ciudades más interesantes del mundo; un lugar donde creí poder echar raíces…” Estuvo 21 días, 3 semanas completas, en medio del alboroto por la estancia real de Isabel II, el rey consorte, el futuro Rey Alfonso XII y para colmo, el 30 cumpleaños de la Reina, con el regalo de una corona de oro que le hizo la ciudad de Granada. No, no escogió el momento más adecuado para visitar Granada de forma tranquila.

Arco de Triunfo levantado en la Calle Tablas para la visita de Isabel II junto al Convento de la Trinidad.

Y es que Andersen vivió una Granada a rebosar del séquito de autoridades, desde el Nuncio de Su Santidad hasta el Embajador de Inglaterra, pasando por ministros, aristócratas y militares. En dos capítulos sale la ciudad retratada y especialmente en el noveno capítulo de su libro de viajes, bajo el título "Granada", aunque ya en el capítulo décimo, que titularía "De Granada a Gibraltar", describiese la partida de Granada y los recuerdos que de ella se llevaba.

Barcelona por Alfred Guesdon (1852)

España se convirtió en una obsesión que perduró durante la mayor parte de la vida de Hans Christian Andersen, el autor inmortal de cuentos nos dejó sus impresiones de manera fiel y sin caer en la literatura fantástica de los viajeros románticos. La suya puede que sea la primera gran guía española. Primera parada, Barcelona. Le "impresionan los grandes y lujosos cafés” y de la que destacó su gastronomía. Frío le dejó Valencia "sin descubrir nada nuevo ni extraordinario" para poner rumbo a Alicante donde se topó con compatriotas daneses. El siguiente alto en el descubrimiento español fue Murcia, de la que destacaría su Catedral y donde se nos da cuenta de cómo la Huerta murciana, es algo muy novedoso, si tenemos a bien leer lo que sigue: "Jamás vi un paisaje tan asolado y agreste como aquel". Partió en barco hacia Málaga, la ciudad que más le cautivó. Málaga figuraba en el itinerario de los dos viajeros como el punto de partida hacia Granada, donde ya hemos contado que es el destino donde más tiempo está y donde mejor se cumplió su ideal hispano. "En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga”.


Y le tocó el turno a Granada.  “En Granada, el traje de fiesta de los hombres es de pana: ¡Caray con la cantidad de pana que gastaban aquellos campesinos! Llevaban pantalones y chaquetas de ese material, unos color violeta, otros azul; polainas de cuero ceñían decorativamente sus pantorrillas; los pantalones, a la altura de las rodillas, tenían una abertura…”. “Veintiún días de sol y buena vida”…. “Granada, al igual que Roma, ha sido para mí una de las ciudades más interesantes del mundo; un lugar donde creí poder echar raíces […] en ambas ciudades me sumí en un estado de ánimo de esos que los afortunados menos sensibles llamarían morboso”.

Sevilla por Alfred Guesdon. (1853)

Rumbo a Gibraltar y luego Cádiz, que al parecer “nada digno de mención ofrecía al forastero". Y al fin, Sevilla, a la que llamó “la reina de las ciudades". Prosiguió su camino pero mala impresión le tuvo que causar Córdoba, puesto que de ella dice "mala ciudad de provincia, triste”… [de la que sólo elogia la mezquita-catedral]. "La ciudad parecía sin vida, abandonada”… Tocaba llegar a la capital de España. Con Madrid fue especialmente duro, diciendo que "no tiene carácter de ciudad española, y mucho menos de capital de España". "Madrid es para mí un camello derrumbado en el desierto”. Con cierta tibieza nos describe Toledo, "lugar que de extraño modo despertó nuestra simpatía" y al fin, su mayor sorpresa fue San Sebastián: "Nadie nos había mencionado esta ciudad de modo especial, ni se nos había dicho que mereciese la pena de una visita larga, la cual sin duda merece.  Es una ciudad genuinamente española, con un paisaje maravilloso".

Madrid por Alfred Guesdon (1854)

Tras casi cuatro meses de estancia en España, se mostraba contento y satisfecho, "de tan buen humor como al volver de una fiesta en la que me había sentido feliz y me lo había pasado estupendamente". Había cumplido su sueño: "El mapa nos muestra a España como la cabeza de doña Europa; yo vi su preciosa cara y no la olvidaré nunca". Y publicó su Viaje por España un año después. El rey del cuento, uno de los mejores literatos de la historia europea contemporánea, apreció tres ciudades: Málaga, Sevilla y Granada. Fue el primero que no inventó la España que tenía alojada en su cabeza y que nos ofreció una imagen aséptica y limpia de nuestro país.

viernes, 27 de noviembre de 2015

La túnica del Rescate


En esta semana que expira Granada daba a conocer el trabajo de investigación que desde Sevilla, le ponía autor, fechas y cronologías a la túnica atornasolada del Señor del Rescate. Los que me conocen saben que cualquier cosa que sume y aporte a mi ciudad, a mí me parecerá extraordinario. De hecho tengo la sensación de que esta entrada puede levantar suspicacias que desde luego, no pretendo ni busco. Como historiador del arte, nadie puede dudar que los amantes del patrimonio no ponemos fronteras ni aduanas y menos como granadino, habitante de una ciudad que tiene mausoleos hechos en Italia, catedrales levantadas por burgaleses y yeserías inventadas por cordobeses, sin ir más lejos.


El problema es que todo lo que se ha desvelado, ya se sabía. Era más fácil haber preguntado. Era más fácil haber consultado en Granada a quiénes podían haber arrojado hasta movimientos por meses, de cómo y por qué llegó la túnica persa del Señor del Rescate a la Magdalena. Es más, una extinta y soberbia publicación como Granada Gráfica, ya contó hace ocho décadas cosas, que ahora algunos acaban de descubrir mientas otros sabíamos del tema ampliamente. El 28 de mayo de 2007 salíamos del Cabildo Extraordinario que amparaba la primera salida de Consolación, y al que tengo por padre intelectual de la Hermandad del Cristo de San Agustín, me daba todo tipo de datos y me avalaba con pruebas, incluso por qué los hermanos del Señor del Gran Poder de Sevilla dejaron marchar la túnica mudéjar que nos ocupa. TODO dato. Han pasado de aquello 8 años largos para que se llegue a la conclusión que algunos ya sabíamos. Es más, como prueba, os dejo con un fragmento de mi pregón al Rescate. Lo pronuncié el 14 de marzo de 2009, seis años y medio antes de que se dijera que la túnica era de Ojeda y que fue hecha para el Señor del Gran Poder.


Esta quizás sea la prueba irrefutable de que nadie es profeta en su tierra. Con esta copla de 66 versos, conté todo lo que años después a algunos ha conmocionado y que otros, sin tanta difusión, teníamos perfectamente documentado. Y conste que estos esfuerzos de investigación son dignos de aplaudir, pero es como si alguien de Dinamarca viene a contarle a un cocinero de Granada que uno de nuestros platos estrella, son las habas con jamón. En fin, enhorabuena a los que se acaban de enterar. Me alegro mucho por ellos. Y me entristezco mucho por cuantos intelectuales granadinos (y yo no soy uno de ellos), son arrinconados para que se cumpla, que nadie es profeta en su tierra. Y ya sí, la copla (una de los siete poemas de aquel pregón) que le hice a mi VENERADO E INCONTESTABLE Señor del Rescate, Trinitario y Agustino.

No son tantos los misterios
de la túnica fantástica
con bordados orientales
que la “persa” apellidaran,
que en torno a Ti, Padre Nuestro,
sólo un misterio no encaja
y es saber si tu hermosura
(que no por mucho mirarla
va a dejarnos de doler)
es una belleza humana
o es que a propósito fuiste
el modelo de tu Talla.

Por eso no es tal misterio,
si acaso, tiene importancia
para aquellos que procuran
que la historia quede clara.

Dicen que esa, la “persa”,
esa túnica escarlata
de un púrpura descolorido,
de un morado del que marchan
los tonos vivos, brillantes
(que a tu lado todo cambia
y el único que no lo hace
fiel, siempre fiel a Granada
eres Tú, “Dios de madera”),
esa túnica bordada,
le sirvió de inspiración
al que todo esto inventara,
el prioste Juan Manuel,
el del caracol, la caña,
la hojilla, las vestimentas,
“camaronero” de malla.

El genio Ojeda que vio
en esa túnica causa
para vestir asimismo
al otro Dios que tallaran
para mandar la ciudad
de las gentes sevillanas.

Los datos son muchos, muchos
y la historia se dilata.
Sólo sé que esa túnica
“persa”, elegante, ajada,
exquisita, formidable,
no la necesitaras
y aun así, a ciencia cierta,
Ojeda mismo bordara
para el cuerpo macilento,
en vaivén por su zancada
del Señor del Gran Poder.

Pero como todo cambia,
en vez de cubrir la gloria
que en el cedro ideara
Juan de Mesa y Velasco,
de Valencia te llegara.

Y el tisú de fantasía
que para Dios se pensara,
en vez de ir con el Dios
de devoción sevillana,
acabó sobre otro cuerpo,
pero de idéntica gracia,
de iconografía distinta,
de otra escuela, de otras pautas.

Mas como debía ser
para Dios, a Dios tapara.
¡Y lleva décadas sobre

el mismo Dios de Granada!

jueves, 26 de noviembre de 2015

Jerónimo Quijano y la autoría del Cristo de San Agustín

Santísimo Cristo de San Agustín, Sagrado Protector de la Ciudad de Granada. 
Hasta la fecha y a juicio de los grandes de la historia del arte español, obra de Jacopo Torni (1520-1526)

Durante siglos, el arte no fue una actividad más considerada ni apreciada que la que podían hacer los reparadores de calzado en la Europa del siglo XVI. En España, la primera persona que se atrevió a reivindicar la actividad artística como una labor intelectual fue Diego de Siloe, que deja estampada su firma  y autoría en la portada del Perdón de la Catedral de Granada, un hito impresionante que nos sirve para tratar el asunto de hoy: ¡Las dificultades a la hora de atribuir a un determinado autor, ciertas piezas históricas! Y es que desde hace unos años, cobró fuerza una tesis que relacionaba al portentoso Protector de la Ciudad de Granada, el Cristo de San Agustín, con Jerónimo Quijano, un arquitecto y escultor renacentista íntimamente ligado a la figura del florentino Jacopo Torni, el Indaco. Aquella tesis fue esgrimida en 2008 y tomó protagonismo en los medios de comunicación cofrades granadinos durante el otoño de 2009. Seis o siete años después, nada más se ha apuntado al respecto ni contamos con el prometido estudio que arrojara luz sobre la autoría del Cristo de San Agustín, que las principales figuras de la Historia del Arte del siglo XX en España, dieron a Jacopo Torni. Mientras esperamos el referido estudio, servidor, que lo más seguro no está a la altura de profesores reputados en la materia, quiere contaros quién es Quijano y cuáles son sus aportaciones en el tema del Crucificado para la Historia del Arte en España. Pero empecemos hablando mejor, del que apodaron Indaco y hasta el momento, es el más seguro autor del indiscutible Cristo de San Agustín de Granada.

Retablo de la Santa Cruz de la Capilla Real de Granada
Una de las primeras muestras del Renacimiento en España, bajo la tutela de Jacopo Torni

Jacopo Torni fue discípulo de Ghirlandaio y como colaborador y amigo de Miguel Ángel, del genio de las artes. Llega a España antes de octubre de 1520, donde ya se encuentra trabajando en la Capilla Real de Granada, ciudad que se convierte durante la primera mitad del siglo XVI en uno de los mayores focos artísticos de la Europa del momento por la cantidad y calidad de proyectos que bajo la tutela imperial, se realizarán, desde la mencionada Real Capilla, a la Catedral, el Palacio Imperial o las obras de ornato público que acompañan a la corte de Carlos I y V de Alemania en este periodo; por tanto, es lógico que el reputado artista florentino se sintiera atraído por tales empresas artísticas promovidas por la Corona. Sus primeros encargos fueron las directrices y diseños que hacía para los pintores y tallistas llamados a ejecutar el Panteón de los Reyes Católicos para luego hacerse cargo del prodigioso Retablo de la Santa Cruz y al poco, dirigir la suntuosa obra, medio civil medio religiosa, que fue el Monasterio de San Jerónimo de la ciudad del Darro.

Detalle del Cristo del Conjunto del Santo Entierro de San Jerónimo en Granada. 
El Profesor León Coloma dice muy acertadamente "obra de colaboración" lo que garantiza la mano de Torni y de "colaboradores". 

Poco vamos a contar de la gran Iglesia Jerónima que no hayamos dicho, aunque ahora nos interesa el conjunto escultórico del Santo Entierro que para señalar el lugar de enterramiento del Gran Capitán, se llevó a cabo y hoy custodia el Museo de Bellas Artes de Granada. Con esta pieza podemos poner límites a la labor del florentino y ahondar donde acaba su trabajo y comienza la de su discípulo Jerónimo Quijano. El destacado profesor León Coloma no duda en establecer con la Anunciación de la portada de la sacristía de la Capilla Real, rasgos comunes, a la vez que nos dice que es una obra fruto de la colaboración. Y esto nos plantea la primera hipótesis. ¿Realizó los modelos y patrones estéticos Torni para que sus colaboradores/discípulos se encargaran de concluir los encargos que recibía? Hemos de pensar que en los cinco años que pasa en Granada, el florentino se convierte en el autor más prolífico y demandado, lo que sin lugar a dudas nos obliga a pensar en la “colaboración” indispensable para sacar adelante muchos de esos encargos.

Virgen de la Concepción de Lorca, atribuida a Jerónimo Quijano.

Ahora sí que toca hablar de Jerónimo Quijano para saber algo más acerca de este autor que sigue todavía en las tinieblas de la historia; Lo apodaron el montañés, sin duda porque nació en el norte de España. Era cántabro pero como padre del Renacimiento murciano, los levantinos reclaman su figura confundida con la obra de sus maestros y especialmente al ser el arquitecto y escultor que sucedió a Jacopo Torni. Su nacimiento se sitúa entre 1495 y 1500. Se formó en Burgos, puede que naciera en Santander y lo que no se pone en duda es su ingreso en el taller de Felipe Vigarny, responsable de que se convirtiera en escultor. Vigarny ya había trabajado codo con codo con Siloe, que llega a Granada en 1528. En 1520 lo encontramos junto a Juan López de Velasco y el escultor Gutierre Gierero trabajando en la sillería del Coro de la Catedral de Jaén; intervino en la construcción en la Catedral de Murcia, donde ocupaba el cargo de maestro mayor en 1526 (a la muerte de Torni) y en 1527 está levantando la Capilla de la Encarnación de dicha Catedral. Para el edificio murciano realizó además una portada de la girola (1531) y la Puerta de la Sala Capitular (la del Ecce Homo, de 1541).

Calvario de la Iglesia de la Magdalena de Jaén datado hacia 1524 y atribuido a Quijano.

En 1536, trabaja en la iglesia albaceteña de Santa María de Chinchilla. En 1545 acometió, al parecer, las obras de la iglesia de Santiago en Orihuela, aunque hay dudas sobre su autoría. En el mismo Orihuela se encuentran obras relacionadas con él, como las portadas de la Anunciación de la Catedral y la de la sacristía del convento de Santo Domingo, con composiciones similares a las de la catedral murciana. Además, la Catedral de Jaén también tiene sus trazas. Tras este repaso a la biografía artística de Quijano, las preguntas se suceden. Por un lado, aunque se sabe que se formó con Vigarny, al que se le concede el título de maestro del santanderino, es de Jacobo Florentino de donde toma todo el repertorio estético. Cuando lo conoce en Granada, en torno a 1521, ya ha cumplido los 25 años y posee su propio código artístico. Y a pesar de todo, se deja influenciar indiscutiblemente por Torni. Pero digamos más… si tuvo tiempo de formarse en Burgos con Vigarny y por ello, de conocer la labor de Siloe, ¿cómo es posible que se formara con éstos (la dupla Vigarny-Siloe) hasta al menos 1520 y nada más conocer a Torni cambiara tanto?

Detalle del conjunto escultórico del Cristo del Corpus de Jaén atribuido a Quijano 
Muy relacionado con el Santo Entierro granadino, el de la ciudad del Darro sirve de modelo y lo supera en méritos e innovaciones. Con todo, la huella de Torni sigue presente. 

Sucede a Torni en obras importantes de Murcia pero sin embargo, en Granada no lo reemplazó. El mejor ejemplo es San Jerónimo, donde al florentino lo sucedió Siloe. Esto ocurre en 1528, luego… ¿estaba preparado realmente en esa fecha, que debía tener unos 33 años para hacerse cargo de los encargos de Jacopo Torni? ¿Desconfiaron los granadinos del joven Quijano? ¿Acaso la competencia en Granada durante esos años era tal que el montañés no contó para los proyectos granadinos? Esto nos hace pensar de nuevo en las palabras del profesor León Coloma acerca del grupo del Santo Entierro: “obra de colaboración”. O dicho de otra forma: Jacopo Torni recibía el encargo y un discípulo/colaborador suyo concluía el mismo bajo las directrices del florentino, pero a mí al menos me obliga a pensar que hay dos estatus entre Torni y Quijano. En una redacción llana, diría, que Torni es de un nivel al que no llega Quijano y que hasta la muerte del florentino no se tendrá en cuenta para los grandes proyectos. Y esto hay que tenerlo muy presente, como veremos al final de esta entrada. 

Cristo de Zalamea, relacionado con Quijano. 

A estas alturas, nos resta evaluar los crucificados que se han puesto en la órbita de producción de Jerónimo Quijano, comenzando por el Cristo de Zalamea de la Capilla del Hospital Reina Sofía de Murcia. La restauración del mismo, a cargo de la Dirección General de Cultura de la región de Murcia comenzó en septiembre de 2005 reponiéndose al culto en junio de 2006 tras nueve meses de intervención en la que se pudo aventurar una autoría relacionada estrechamente con Jerónimo Quijano. Es conocido como el Cristo del Hospital o “de la Escalera”, al haber recibido culto históricamente en el hueco de una escalera del Antiguo Hospital de San Juan de Dios de la ciudad del Segura.

El Cristo Moreno atribuido a Quijano, 

El segundo ejemplo corresponde con el Cristo del Socorro de Cartagena. Destruido en la Guerra Civil, se conocía como Cristo Moreno y se veneraba en la Catedral de Cartagena. Despertaba el fervor del pueblo y en una rogativa obró un milagro en la familia del Duque de Veragua, haciendo que éste impulsara su Hermandad, fundada en 1691. El milagro acaeció en 1689. Las fechas y acontecimientos recuerdan de alguna manera al Cristo de San Agustín de Granada, que una década antes que el cartagenero, obró otro milagro de naturaleza inexplicable.

Cristo del Refugio atribuido a Quijano

El tercer ejemplo lo protagoniza el Cristo del Refugio de Murcia, de la Iglesia de San Lorenzo Mártir, que desde 1943 participa cada Jueves Santo en la Semana Santa murciana. Como en los casos anteriores de crucificados en la órbita de Quijano, hay que concederles un parecido estilístico más que evidente con el Cristo de San Agustín, pero por encima de todo, es que comparten entre sí una diferencia absoluta con el Protector de Granada, y es que resultan en el lenguaje imaginero, menos "costeados" que el Cristo granadino, dotados de los recursos iconológicos que tiene el Cristo de San Agustín, no así de la transmisión corpórea rotunda ni del patetismo de unción sagrada del Cristo de la Calle San Antón de Granada. La sola contemplación de los ejemplos fotográficos puestos incluso para un neófito lo evidencia.  

Cristo del sevillano monasterio de San Isidoro del Campo. 
Su llegada a Santiponce puede estar relacionado con la Orden Jerónima. 

Quizás el ejemplo más curioso y extraño de crucificado relacionado con Quijano, lo encarne el Cristo que preside el Retablo Mayor de San Isidoro del Campo de Sevilla, presidiendo una máquina retablística datada en 1730 y sin que aún hoy pueda precisarse si este Cristo llegó a la fundación monástica desde tierras murcianas o ya en el siglo XVI los frailes le daban culto. Lo cierto es que los cistercienses que lo ocuparon desde que fuera fundado por la Casa de Medina Sidonia, fueron reemplazados por los Jerónimos, en concreto y de manera oficial, a partir de 1568, por lo que puede que éstos, trajeran un Cristo de alguien relacionado con la Orden como pudo ser Quijano. El Cristo de Santiponce nos obliga a un nuevo planteamiento: ¿Orden Jerónima y Quijano? Desde luego, al observarlo, vemos con rapidez los planteamientos anatómicos del Cristo de San Agustín, la manera de trabajo del bello facial y los recursos del Protector de Granada. Y no nos hace olvidar que la relación de Quijano con los jerónimos está en su periodo de permanencia en el taller de Torni mientras este levanta el Monasterio Jerónimo granadino. 

El Cristo de la Concepción de Granada, atribuido a Quijano
Es el más fiel y parecido al Cristo de San Agustín. 
Puede que por la fama del primero, una réplica pedida ex profeso por la comunidad franciscana.

Hay una tibia atribución a Quijano del Cristo Verde de San Zoilo de Antequera, una muy arriesgada atribución que sin embargo vuelve a situar en el escenario a Granada, puesto que este Crucificado proviene de la Casa Grande de San Francisco de la ciudad del Darro y fue el titular de la Primitiva Hermandad de la Vera Cruz de Granada. Además, como curiosidad, cada vez cabe menos duda que el Cristo de la Vera Cruz que reemplazó a este crucifijo de San Zoilo, se conserva hoy en la clausura del Monasterio del Santo Ángel Custodio, donde recibe culto el Cristo de San Agustín. Pero nos interesa más hablar del Cristo de las Misericordias del Monasterio de la Concepción de Granada, que tiene precisas connotaciones de parentesco con el Cristo de San Agustín, sin llegar a sus cotas de envergadura, como si se tratara de una reproducción posterior del crucifijo agustino, que gozaba de una devoción y difusión de su culto, sin precedentes, por lo que no es de extrañar que al poco de su hechura, provocara ya la realización de réplicas. 

El Cristo de la Concepción de Granada, excepcional aunque dotado de menor hondura plástica que el Cristo de San Agustín. ¿Discípulo versus maestro?

Para hacernos una idea veraz y absoluta sobre qué aportó Torni al Crucificado, basta con releer lo que Gómez Moreno sentenció acerca del tema de la crucifixión en Granada: “[…] el Cristo de Vigarny en el Retablo de la Capilla Real, seco y de anatomía rudimentaria, como los de Balmaseda que de él se derivan. El salto hacia la perfección plástica lo dio Jacobo Florentino, cuya excelencia como escultor bien merece exaltarse, y al él se puede atribuir el importante Crucifijo, llamado de San Agustín, en Granada, sin sudario ni cabellera, tras del que va otro conservado en el Convento de la Concepción, que lleva ambos aditamentos y articulados los brazos para convertirlo en yacente”. Leyendo esto nos queda hacernos la última pregunta. Si Quijano aprendió con Vigarny y llega a Granada ya como escultor formado e independiente, ingresando en el taller de Torni al haber trabajado con su suegro en Jaén, ¿cómo es posible que abandone todo lo aprendido para abrazar lo que el florentino había dictado?

Esta foto es muy elocuente. Pareciera que el Cristo de San Agustín es el modelo seguido por Quijano a la hora de realizar los crucificados que como ya hemos visto, llevan los patrones estéticos del Protector de Granada impresos. 

La respuesta (de cuño propio), es que Torni dio la patente estilística y Quijano la reprodujo, al punto que si aceptáramos la autoría del santanderino en el Cristo de San Agustín, de éste no hay otra cosa que el trabajo en un modelo previamente creado y patentado por el florentino. Dos reseñas al Protector de Granada de dos historiadores difíciles de igualar nos hablan de que el autor del Cristo de San Agustín tuvo que ser alguien suficientemente dotado como para cambiar el curso de la creación de crucificados al menos, en todo el sureste español. “Una de las más impresionantes imágenes del Crucificado existentes en España”, dijo Hernández Perera. Y quizás el que más aportó junto a Pijoan, de todos los historiadores españoles, José Camón Aznar, dijo que es obra “importante, de solemne hermosura y una de las más bellas imágenes de Cristo de todo el Renacimiento mundial”.

Si en 1524 el Cristo Jiennense está ya concebido y la datación del de San Agustín anda en estos años
es fácil adivinar que el granadino, más rotundo, sirviera de modelo. 
Lo que se nos antoja complicado es que un mismo autor firmara ambos, pero no que existe un maestro y un discípulo comparando ambas Imágenes. 

Recapitulemos: Quijano se forma con Vigarny y llega a Granada de su mano. Pero no toma nada del maestro borgoñón. En cambio pasa pocos años con el florentino y de él adopta todos los sellos y personalidades estéticas. Además, el Cristo de San Agustín rompe con la escultura castellana del momento y trae a España el renacimiento italiano. Luego se debe a un autor que cambia el rumbo del arte, esto es, alguien con la personalidad, calidad y criterio de Jacopo Torni. Y por último, de no ser (cosa que, después de 7 años anunciado, seguimos esperando como agua de mayo) obra del florentino, cada vez quedan menos dudas que Quijano, reprodujo a su maestro, al que de verdad lo influenció, para acometer los crucificados y los repertorios renacentistas que hizo suyos, por lo que la mano de Torni en el Sagrado Protector de Granada, es, de una forma u otra, tan inequívoca como la influencia que este Santo Crucifijo tuvo en la imaginería granadina barroca, empezando por la obra cumbre de Mora. 

De Torni o de Quijano, no cabe duda que el Cristo de San Agustín cambió el curso del crucificado en España. 

Pero una última reflexión, ya digo, nada vinculante aunque creo que haga pensar. Si en efecto consideramos que Quijano está fuertemente influenciado por Torni, que es un seguidor fiel del florentino, que abandonó su trayectoria por el Indaco y en 1524 se data el Cristo de la Magdalena de Jaén, que tanto tiene que ver con el de San Agustín, aunque parece el jiennense más endeble, esto nos hace pensar que "los trabajos menores" ya eran aceptados por Quijano durante su periodo de colaboración con Torni y que el patrón estético y anatómico del Cristo de San Agustín, estaba perfectamente revelado en 1524, lo que nos asegura que podamos seguir reduciendo la datación del Protector de Granada. Pero sobretodo nos permite otra nueva reflexión; si como podemos ver Torni es el que cambia el curso de la imaginería del momento, es la única personalidad capaz de desarrollar un modelo imitado y reproducido como el del Cristo de San Agustín y cuando hablábamos de Quijano como sucesor de Torni, dijimos que hasta que no muere el florentino, no es tenido en consideración, ¿cómo es posible que en 1524 esté ya la tipología de Cristo (nos referimos al Calvario jiennense) como el de San Agustín sin pensar que fue una obra de Torni y no de un colaborador supeditado a lo que el maestro hiciera?

No, no pongo en entredicho ninguna autoría.... me limito a reflexionar. Y este, es el resultado. 

martes, 24 de noviembre de 2015

Darwin en Granada


Sobre la masonería se ha escrito mucho y de forma novelada al punto que nos llega a nuestros días envueltos en un secretismo sin igual. Los masones se definen a sí mismos como “una organización de carácter secreto que reúne a individuos agrupados en entidades conocidas como logias bajo un precepto de fraternidad. La institución se auto define como filantrópica, filosófica, simbólica y no religiosa, de propiedad iniciática y con la finalidad de impulsar el progreso”.


Ante esta definición cualquiera puede aprobar sus fines y respetar sus propósitos a menos que la historia desenmascare algo de lo que significó en la España del siglo XIX y más concretamente, en la Granada de esa época. Entre 1870 y 1900 un total de 10 logias masónicas vieron la luz en nuestra ciudad, conformadas por un total de 500 granadinos que bajo el amparo de su propia definición, nos resulta embriagador. Que nuestros paisanos de hace siglo y medio quisieran agruparse con espíritu filantrópico para impulsar el progreso, es arrebatador. El problema viene cuando los investigadores históricos han rascado en ese poético pasado y descubierto que en realidad las pretensiones de los masones no eran otras que “librar a cuantas personas podamos por medio de la propaganda más activa de la religión”.

Represión de los Jesuitas
José Martí y Monsó, 1864. 

La regeneración social bajo el escudo de filantropía de estos masones del tiempo de nuestros bisabuelos no fue otra propuesta que luchar contra los jesuitas y extirpar la educación religiosa de España. El diccionario de nuestra lengua es claro, rotundo y contundente: la filantropía es “amor al género humano”, y no nos resulta muy amoroso ni respetuoso el odio contumaz al sacerdocio y a la institución de la Iglesia que a finales del siglo XIX van a desarrollar los masones granadinos, incluso al punto de lo ocurrido en Loja en 1887, donde un masón irrumpe en la Iglesia y ataca verbalmente al sacerdote (jesuita en concreto) mientras este se encontraba en medio de su homilía.

Rafael García y Álvarez (de pie)

Todo esto nos sirve para situarnos sobre lo ocurrido con uno de los mayores darwinistas de España, el catedrático del Instituto Padre Suárez al que dicho sea de paso, mucho le debe esta ciudad. Hablamos de Rafael García Álvarez (1828-1894), doctor en Ciencias Naturales sin haber cumplido los 29 años y profesor y luego catedrático de esta materia en el Padre Suárez desde 1851. Creó un importante gabinete, una excelente biblioteca y es el padre de uno de los museos más interesantes de esta ciudad del que hablaremos en adelante. Colaboró con el diario El Progreso y fue concejal de Granada en 1885 así como miembro de la logia Lux in Excelsis.



El Arzobispo Bienvenido Monzón Martín y Puente, que lo fue de 1866 a 1885. 

Pero nuestro protagonista pasará a la historia de Granada en octubre de 1872, durante la apertura del curso académico 1872-73 en donde es el encargado de pronunciar el discurso que en su caso, pretendía  defender la doctrina darwinista. El origen de las especies fue publicado un 24 de noviembre de 1859 (TAL DÍA COMO HOY, HACE 156 AÑOS) y sus teorías, que no por menos ciertas siguen a día de hoy sorprendiendo, levantaron un revuelo sin igual en esa ciudad de provincias de hace 143 años. No esperó la Iglesia y mediante su Arzobispo, entonces Bienvenido Monzón, se reúne un sínodo extraordinario que califica el discurso como “herético, injurioso a Dios y a su providencia y sabiduría infinitas, depresivo de la dignidad humana, y escandaloso para las conciencias” y a renglón seguido,  incluye La teoría de las especies como uno de los libros prohibidos por la Iglesia Católica.

Darwin, retrato de John Collier en 1881.

El otoño de 1872 fue el de Darwin. ¿Quién le iba a decir al naturalista inglés que su libro iba a tener en vilo a una Granada convertida en la primera ciudad española que se apuntó a la teoría de la evolución de la mano de un genio descomunal como Rafael García y Álvarez, que a pesar de todo, ha pasado a la historia como la víctima de una de las mayores venganzas de la Iglesia española?

Piezas de la colección del Museo de Ciencias Naturales del Instituto Padre Suárez de Granada. 

Vayamos por partes. El eminente García y Álvarez fue un intelectual sin parangón, eso no lo puede poner nadie en duda. Fue uno de los primeros darwinistas españoles y colocó a Granada en un lugar preferencial en la carrera por el amor y estudio a las ciencias. Influyó en centenares de paisanos y formó de manera impensable hace 140 años a los estudiantes que tuvieron la suerte de contar con su magisterio. Además, fue el padre del Museo de Ciencias que conserva el Padre Suárez, una joya desconocida para los granadinos y que a día de hoy está formado por 6.300 piezas divididas en cinco salas (4 + 1) que contemplan casi 5.700 elementos científicos y 600 aparatos de física y química. Pero es que además la colección deja boquiabiertos a los visitantes, con piezas tan sorprendentes como un lince de Sierra Nevada disecado, una especie extinguida que era mayor al ibérico,  una hembra de orangután con su bebé que fue adquirida en el siglo XIX por 1.400 pesetas de la época, fósiles de especies ya extinguidas, reproducciones de diferentes cráneos de animales... Todo un portento de la ciencia y de la curiosidad científica de verdaderos profesores llamados a cambiar el curso de la historia hace 140 años.


Pero volvamos a lo ocurrido en 1872. Una España sin Borbones, un Gobierno nacional y municipal resuelto en extirpar a la fuerza el catolicismo, una irrespetuosa senda de destrucción del patrimonio y Darwin. ¡Demasiado para una Granada decimonónica! Las teorías del inglés cayeron como un jarro de agua fría y el Arzobispo Bienvenido Monzón excomulga a nuestro hombre y mediante decreto, exhorta a los fieles a que quemen sus libros darwinistas en la gran pira que se había preparado a tal efecto en la Plaza de las Pasiegas. Imaginemos por un momento la imagen, la misma que ocurrió casi 4 siglos antes en idéntico escenario, quemando los libros musulmanes por mandato del Cardenal Cisneros. Aunque conviene que el lector juzgue sin la mentalidad de nuestra época lo que sucedió entonces.

En primer término la Iglesia de San Gil, derruida un 4 de octubre de 1868, víctima del anticlericalismo del sexenio revolucionario.

Porque, ¿qué sucede en ese sexenio democrático también conocido como revolucionario en Granada? Pues le cuesta a la ciudad el derribo de la Iglesia de San Gil, del claustro del Palacio Arzobispal, de la torre de la Iglesia de San Antón, el dramático derribo del Convento de la Victoria, se retiran las cruces y tribunas religiosas populares y se culminan las oleadas de desamortizaciones patrimoniales de décadas anteriores, todo ello bajo la premisa de no salvar el patrimonio sacro so pena de no restaurar en el colectivo ciudadano, la tradición devocional que había mantenido desde el instante de la Reconquista. O dicho de otra manera, a Granada y a los granadinos se les impone casi a la fuerza un nuevo concepto de vida y de pensamiento. No es de extrañar por tanto que las autoridades eclesiásticas condenen con una dureza desmedida para nuestro entendimiento la teoría de la evolución y quién la represente.

El Claustro de profesores del Padre Suárez, De pie, con barba, el protagonista de esta historia. 

Así, a nuestro siglo XXI ha llegado la idea sesgada y partidista de un Arzobispo medieval represivo y persecutor, cuando realmente, durante el mal llamado Sexenio “democrático”, los represaliados y perseguidos serán los católicos y muy especialmente su patrimonio histórico. Es esta entrada de hoy, muy compleja: por un lado, alaba el celo investigador y científico de Rafael García y Álvarez, que hizo de Granada una pionera en España de la tesis evolucionista y que creó un Museo de Ciencias Naturales sin igual que a día de hoy sigue siendo orgullo de la ciudad. El Padre Suárez, fundado en 1845, está cumpliendo por tanto 160 años. Pero por otro lado tenemos que ser todo lo benevolentes que nos quepa, si de un periodo tan convulso hablamos, para entender que el eminente Rafael García y Álvarez, le tocó vivir en una época en la que ciencia  e Iglesia, progreso-respeto, no se dieron la mano.  Sin ir más lejos, meses después de la excomunión dictada contra él, el Arzobispo fue apresado por los milicianos republicanos y la Catedral, secuestrada.