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lunes, 30 de noviembre de 2015

Enamorada de Granada

Primera moneda acuñada en el Reinado de Isabel II. 
Las iniciales de los Reyes Católicos y la granada presidiendo el haz. 
Prueba irrefutable de la devoción por Granada que mantendría

El reinado de Isabel II no fue nada fácil. El inepto de su padre le deja en herencia un reino derrotado y agriado por el carlismo; para colmo, Fernando VII no se preocupó jamás porque su hija, toda una princesa española, tuviera los más mínimos conocimientos culturales, por lo que al cabo de los años, hemos de reconocer que el reinado de Isabel II no fue tan malo como a todas luces se antojaba. A fin de cuentas, de aquel periodo, la única que puede ser disculpada es ella. Sea como fuere, la reina siempre tuvo una debilidad especial para con Granada, como si el hecho de llevar el nombre de la inigualable Reina Católica, la hubiera predestinado a un idilio con GRANADA.

Escudo de la ciudad tras la reforma, mejora y nuevos privilegios concedidos por Isabel II

Y el idilio como ya contamos aquí nació en mayo de 1843 cuando la ciudad fue una de las tres que le fueron fieles y se levantaron frente al despotismo dictatorial de un general. Si no recuerdas aquella gesta, que significó el definitivo enamoramiento de la Reina con Granada, pincha aquí 

Este puente salvando el Guadalfeo sigue en uso. 
La intercesión de la reina y las infraestructuras de su reinado,
se han resuelto como las más firmes,seguras y serias. para desgracia de Granada y su Costa. 

Así Isabel II hará suyo el empeño por devolver a Granada lo que ésta le da, que con toda seguridad fue el trono desde aquel 1843, y no sólo empieza por aumentar sus títulos y enriquecer su escudo, sino que comenzará a ser proclive a una ciudad que tuvo siempre como reina a la otra Isabel, con la que cualquier intento de competición quedaba arruinado. Las prebendas y dádivas de la reina continuaron; el 1 de marzo de 1846 hace donación de una corona de oro a la Virgen de las Angustias, reinstaurando los favores y las concesiones que la Corona española hicieron para con esta Cofradía. Al poco, el 8 de octubre de 1849, firma el Real Decreto para que se retomen los trabajos que iban a unir Granada y Motril por carretera. De hecho, hasta hace poco, los puentes e ingenierías de la época de Isabel II han seguido en uso. La parálisis era de 18 años. En 1831 se planteó el primer proyecto bajo impulso del Conde Montijo y fue abandonado hasta el empeño por satisfacer las necesidades que le llegaron desde Granada, de crear esta infraestructura. Tras el reinado de Isabel II, la carretera fue nuevamente abandonada.



De 1849, a 1853, cuando el 3 de agosto costea de los fondos de la Corona la realización de las obras públicas destinadas a mejorar el consumo de agua potable de la ciudad de Granada mediante las nuevas canalizaciones de la Acequia Gorda y la realización de la Presa de Arabuleila. Y así, saltamos hasta 1855, año en que Isabel II toma el compromiso de traer a Granada el telégrafo, ya que Granada había quedado fuera de la línea de Andalucía de 1844 que unía Cádiz con Madrid y las autoridades locales escribieron a la Reina para que tuviera a bien dotar a Granada de lo que otras ciudades ya disfrutaban .  

Lápida sepulcral del Gran Capitán en el Monasterio granadino de San Jerónimo

El 15 de febrero del año 1856 reitera la devoción de la Corona de España y la suya propia a la Virgen de las Angustias añadiendo al ajuar un manto bordado en oro. Pero sin duda una de las gestas que tuvo y encarnó para con nuestra ciudad, ocurría un año después. Creo con justicia que aquello no fue sólo un gran aporte para la historia granadina, sino europea y para la historia del arte bélico, puesto que hay que agradecer los esfuerzos que realizó hasta con dinero propio para que se proceda a restituir con el decoro y la dignidad precisa, los restos mortales del Gran Capitán al Monasterio de San Jerónimo de nuestra ciudad. Fue la Reina la que mediante Real Decreto impide que los restos se queden en Madrid para ingresar en el Panteón de Españoles Ilustres y los devuelve a Granada. Luego una acción impagable la suya, culminada el 15 enero de 1857 con Real Decreto.

Una Alhambra inusual, con dos tazas en la fuente y cupulines al fondo

Pero si hay un año especialmente intenso entre la Reina Isabel II y Granada fue el de 1862, a lo largo del que costeó y patrocinó una escuela de canto y lo más importante: tras visitarnos y darse cuenta del deplorable estado de los palacios nazaríes, ordenó con urgencia que el Gobierno se encargara sin dilación de realizar las obras de rehabilitación y restauración oportunas en la Alhambra. Detrás de aquellas normas firmadas por ella, de las cartas y las súplicas que rubricó ella misma, puede que se esconda la primera acción sensible para con la conservación del patrimonio en España. 


Y llegará el día que ponderemos si Isabel II no es en parte, bendita responsable del interés despertado por la Alhambra y la bendita culpable de que esté en pie. Al fin, lo último concedido por interés personal a la ciudad, fue el patronato ( y aportación económica) al nuevo teatro granadino, que desde entonces se anunciaría como el Teatro Real de Granada. Nació en la Plaza de los Campos, en el Realejo, pero a día de hoy continúa. Hablamos del Isabel la Católica, que contó con la generosa intervención y cooperación de la Reina.
  


Al fin, nos queda contar aquella mítica visita que cursa a Granada desde el 9 al 14 de octubre de 1862, que comenzó con un acto en la Universidad para recibir el regalo de una corona de oro con metal extraído del Darro y que era copia de la corona de Isabel II, presidió el baile de gala de la Real Maestranza, y que a lo largo de los días, anduvo inaugurando la Feria Agrícola, la exposición de bellas artes o celebrando en el Generalife su cumpleaños. Sonado fue el baile en la Plaza del Carmen, los fuegos artificiales lanzados desde el Triunfo o la interpretación del Nabuco de Verdi. 


Aquella visita llenó Granada de autoridades, como el Nuncio de su Santidad, toda la corte española, el embajador de Inglaterra, el Príncipe de Asturias, el rey consorte o varias carteras ministeriales, ocasión de generar para el comercio y hospedería del momento. Y que por supuesto, sirvió para que los ilustres visitantes se sensibilizaran con la necesidad de restaurar la Alhambra.


Hace tres días, justo la entrada inmediata a esta, hablábamos de la visita de Hans Christian Andersen, el rey del cuento, y cómo coincidió con la de Isabel II. Pues así fue la visita oficial y regia, de la defensora de la Alhambra.  

1 comentario:

Anónimo dijo...

El puente de la ilustración no salba el Guadalfeo como dice el pie de foto.