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jueves, 24 de julio de 2014

Granada romana

Los últimos hallazgo romanos de Granada

Cuando de manera deliberada se quiere poner todo énfasis posible sobre un periodo histórico concreto, suele pasar que otro pasa desapercibido, acaso olvidado, desde luego desconocido para la ciudadanía, sin que encontremos explicación alguna al empeño de los responsables en la materia por procurar el olvido de uno de los episodios de la historia en pos de otro. O lo que es lo mismo: sufrimos desde hace muchas décadas, un completo abandono del estudio de una Granada que fue tan próspera e interesante como la de otros momentos históricos: la romana.

Retrato de Andrea Navagiero. 
Rafael, 1516

El 7 de diciembre de 1526, el embajador veneciano Andrea Navagiero que estaba en Granada, en la corte imperial del augusto Carlos I, dice textualmente sobre esta ciudad que “Iliberis estuvo donde ahora Granada, porque en ella se encuentran inscripciones donde se nombran los iliberianos”. De la polémica sobre el origen de Granada y que Medina Elvira no fue más que una “refundación” posterior de la primera etapa de la dominación musulmana, dimos cuenta en su día en esta Alacena, pero no está de más recordarlo pinchando aquí.

En este año de 2014 se cumplen varias efemérides importantísimas. Los 450 años de los hallazgos romanos de la Alhambra (año 1564), los 290 años de los hallazgos romanos del Albaicín (año 1724) y los 260 años del descubrimiento del Foro (1754). A comienzos del Siglo I, el inmortal Plinio el Viejo recordaba que la provincia Bética en Hispania, estaba formada por 175 poblaciones siendo el escalafón más importante, el ocupado por las ciudades que tenían la consideración de ´”municipium” y estaban dotadas de derecho latino. Eran un total de 10 y una de estas, el Municipium Florentinum Iliberritanum.

Aquella ciudad que hace 2.000 años era ya una de las más importantes del sur de la Hispania Imperial, se estructuraba urbanamente hablando según la estructura romana habitual, es decir, la de “Cardo” y “Decumano” o lo que es lo mismo, un cuadrado perfecto atravesado de norte a sur por la calle principal (cardo) y de este a oeste por la otra calle principal (decumano). Para conocer los límites de Granada, vamos a nombrar su correspondencia con el nombre de calles actuales. Y éstos eran: de la Calle Elvira a la Calle San Juan de los Reyes. De la Calle San Juan de los Reyes a la Calle Molinos. De la Calle Molinos a la Calle Zacatín y de la Calle Elvira a la Calle Zacatín.

El Cardo de Granada partía desde el corazón del foro en dirección a las inmediaciones de lo que hoy es el Peso de la Harina. Allí habría de estar la Puerta de Acci que bautizaron los musulmanes como Bib al-Wasdi, o lo que es lo mismo, la Puerta de Guadix, por conducir hacia aquella colonia militar, la actual ciudad de Guadix. Si se atravesaba lo que es hoy el Sacromonte, la Granada romana se extendía, superando los muros y defensas y fue habitada desde antes de nuestra era, pues se han encontrado enterramientos, lápidas sepulcrales y objetos con una fecha concreta: el gobierno del cuarto emperador, Claudio, que moriría en el año 54.

Entre 1881 y 1886 Granada se sorprendía cada semana con los hallazgos de las calles del Beso, Clavel de San Pedro y la propia de San Juan de los Reyes: una calzada con sus atarjeas o colectores de aguas residuales, ajuares cerámicos, monedas con la efigie de Nerón, un edificio de época cuyo pavimento era azul y negro...

Pero si hubo un lugar que sin duda polarizó la vida social de aquella Granada romana fue la zona comprendida entre la Placeta del Cristo de las Azucenas, atravesando el hoy Aljibe del Rey y en dirección hacia Santa Isabel la Real, el FORO del que a lo largo de los siglos se iban sacando restos de pavimentación en mármol, construcciones suntuosas a las que se accedían por gradas o escalinatas, esculturas de senadores en piedra y bronce, cipos, pedestales, columnas... aquel punto neurálgico y verdadero espacio de la vida romana de la Granada de hace 20 siglos con continuas referencias a senadores y decuriones, a granadinos ilustres que ejercieron su carrera al lado de emperadores en la mismísima Roma, la caput mundi, nos recuerda el esplendor que un día desapareció.

El Mirador de Rolando, el Sacromonte, el Camino de San Antonio, los Vergeles, el más reciente que es Mondragones... Se supera la decena de enclaves geográficos granadinos de los que se han rescatado huellas romanas. En 1870, en una casa de la Calle Alhóndiga esquina con la de Sierpe, aparecieron 118 monedas de Maximiano, Severo o Constantino. En 1875, junto a la Cartuja y en dirección al Río Beiro, apareció una lápida conmemorativa que rezaba: “Iliberis en honor a Vespasiano, que ganó en la guerra de Jerusalén”.

Ganímedes de la Alhambra

Ahora bien, en 1564, justo ahora hace 450 años, de repente los granadinos entienden que la cultura musulmana no fue precisamente respetuosa con lo que halló, nada menos que en la Alhambra. En lo que hoy designaríamos como bosques, un sarcófago con bucráneos; en la Torre del Agua, su dintel aprovechaba una lápida conmemorativa del decurión Valerio; uno de los pedestales usados en el torreón de Comares y embutido en la decoración del Salón del Trono o de Embajadores, hacía referencia al Emperador Marco Aurelio (Siglo II) con la dedicatoria “devotus ordo iliberris” y algo más tarde, cuando se están haciendo las obras de embellecimiento con motivo de la visita de Felipe V en 1729, aparece la necrópolis romana en lo que hoy es el Paseo Central de Coches.

Pero los grandes descubrimientos serán los de la Iglesia de San Francisco, una Casa en la Calle Real y las obras de acondicionamiento que continuaban sobre Lindaraja... allí aparecen los bustos en Mármol de la Sierra de Filabres de Ganímedes, una figura femenina y un senador.


Detalle de los hallazgos romanos granadinos en Los Mondragones

Y es que cuando criticamos la poca sensibilidad de los cristianos al hacer reformas en la Alhambra, se nos olvida que tal vez los musulmanes, son los verdaderos responsables de que Granada haya perdido su pasado, su historia, su ADN romano, cuando era una de las ciudades capitales de Hispania y especialmente de la Bética. 

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