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viernes, 25 de julio de 2014

El Monumento a Primo de Rivera


Se pone punto y final a un calvario dialéctico de 4 años, desde que se decidiera prescindir de este monumento, pasando por la moción que tumbó el Gobierno local a instancias del PSOE y de IU en 2011, hasta que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, dijera en abril de este año que en 4 meses el Ayuntamiento debía desembarazarse de la obra que fuera inaugurada en 1972, pieza escultórica del granadino Francisco López Burgos costeada mediante suscripción popular.


Seamos sinceros... Granada no pierde nada. Olvidemos por un momento que este monumento no estaba dedicado al fundador de Falange sino a cualquier otro, cualquier ciudadano que no despertase algún recelo, odio, antipatía o repulsión. Dándose el caso, Granada tampoco iba a perder nada porque la pieza en sí, aporta poco al corpus patrimonial de la ciudad, es (quizás condicionada por el precio) una pieza mediana sin elevado interés plástico y por encima de todo, poco apropiada para el histórico enclave que ha venido ocupando durante 42 años.

Eso sí, no sirve ni de lejos para catalogar ni referirse a la abultada, prolífica e interesante producción de su autor, López Burgos (1921-1997), un escultor capaz de trabajar todos los materiales, cultivar todos los géneros y que gozó de una amplísima acogida artística y fue reclamado con interés en Estados Unidos o en Japón. Desde el arte sacro al profano, del retrato al monumento, López Burgos fue un nombrado artista que sin embargo, por las condiciones que fueren, no tiene en esta pieza, el verdadero reflejo de su capacidad.

Bien, Granada no pierde nada y no creo que nadie se sienta dolido por la pérdida de un monumento a la memoria del controvertido José Antonio. Desde luego no ha de sentirse nadie dolido ante la figura de un personaje que acuñó el término “la dialéctica de los puños y las pistolas”. Al cabo de investigaciones, y publicaciones sabemos de su carácter irascible, de sus arrebatos furiosos, de sus episodios agresivos. En una palabra, de su manifiesta violencia. Hay un artículo suyo de 1934 muy clarificador al respecto, que lo define a la perfección:


“Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de "todo menos la violencia"– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”.

José Antonio fue en sus discursos, escritos y especialmente en sus hechos, una persona poco recomendable. Algunos aducirán su impresionante inteligencia, sus matrículas de honor por doquier, su dialéctica aplastante que dejaba en paños menores a los adversarios políticos. Por el contrario, algunas frases suyas no son más que la incitación a la violencia, opiniones que ojalá nunca hubieran encontrado eco. Un texto suyo sirvió para que lo apresaran y al fin, junto a otros tantos, le sirviera la condena a muerte por rebelión, traición al Estado y otros: “La Guerra [...] existe desde que el mundo es mundo y existirá. Es un elemento de progreso. ¡Es absolutamente necesaria! […] Los hombres necesitan la guerra. Si usted la cree un mal, porque necesitan el mal”.

Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio con Hitler. 

José Antonio abogaba por las pistolas, por la guerra, recibía dinero de Mussolini y viajó hasta en dos ocasiones en 1934 a Alemania para conocer bajo la anuencia y el conocimiento de Hitler que no lo pudo atender personalmente, cómo funcionaban las SA y las SS. Ya está, no hace falta más que apuntar. O acaso, preguntarnos cómo siquiera hemos mantenido durante 42 años este monumento. Amigos, no soy respetuoso con los violentos, lo siento


Pero ahora se abre un debate más interesante, al menos para esta Alacena. Y es que el PSOE ha propuesto que el hueco que deja el monumento a Primo de Rivera sea sustituido por otra obra plástica dedicado a la convivencia. Y a mí me da pavor absoluto que nos volvamos a equivocar, que ubiquemos en un espacio tan histórico y cargado de identidad y simbolismo para el granadino, una obra anodina. Me da miedo hasta decir basta que durante otros 42 años o quién sabe si más, en un lugar tan prestigioso en la historia de esta tierra, luzca un error artístico, estético y sobre todo, de dedicatoria.


Pero lo que me da pena, lo que me supone un auténtico pavor y me hace pensar que la retirada del monumento a Primo de Rivera no es un triunfo sino una calamidad, es que Granada aún no haya aprendido la lección y no sepa que está en deuda una y mil veces con muchos hijos suyos, perdidos, olvidados, desconocidos, sin reconocimiento alguno. Sería una ocasión desperdiciada como nunca antes se ha visto. Sería una oportunidad, malgastada de la que nos podemos lamentar. Sería a todas luces, una situación desaprovechada para ponernos en paz con muchos grandes de nuestra ciudad que no son conocidos por la inmensa mayoría y que todos ellos han sido tratados en esta Alacena, pero que yo hago lista de los mismos como merecedores de un reconocimiento, monumento y que se sepa de su figura:


Enriqueta Lozano
Mariano Fortuny y Madrazo
Francisco Martínez de la Rosa.
Mariano Bertuchi
Francisco de Paula Valladar
Antonio Ramos Espejo
Juan Latino
Pedro Atanasio Bocanegra
Emilio Herrera
Diego de Siloe
Joaquina Eguaras Ibáñez
Pedro de Mena
Ángel Ganivet
Pablo de Rojas
Francisco Suárez
Muhammad V

Pero por supuesto, no estaría de más recordar que la famosa Tertulia del Rinconcillo se celebraba al lado, justo al lado del espacio que dejaría libre la actual escultura de López Burgos. ¡Manos a la obra y que un artista capacitado se ponga a pensar de qué manera debería honrarse a la mítica reunión de intelectuales que congregó a Burín, Lorca o Hermenegildo Lanz en sus filas. Y déjenme que les diga que no muy lejos de allí, en el Barrio de San Antón, nació el genial Emilio Herrera, catalogado como el Julio Verne español. O que Cervantes sitúa en la cercana Manigua que nacía en la Plaza del Campillo las historias de sus pícaros.

Emilio Herrera, el Verne español. 

Por favor, lo ruego encarecidamente... Únanse más allá de la ideología. Cualquiera de los que he dicho no ofende a nadie, no tuvo relación política alguna, no puede despertar más que la admiración por su creatividad, ingenio y capacidad. Cualquiera de los nombres que aporto, son dignos del recuerdo, de la gratitud de Granada y de los granadinos, y al fin estaríamos pagando alguna de las muchas deudas que tenemos con ellos.

"El embovedado".
José María López Mezquita, 1904

No sean cortos de miras. Ya está bien de monumentos anodinos y banales. No sé cómo se puede representar la convivencia de manera plástica y estética, pero si es necesaria, creo que la Granada contemporánea es mucho más oportuna para acoger una obra así. En un lugar tan frecuentado e histórico, hemos de estar a la altura de lo que ese urbanismo nos exige, pero sobretodo, a la altura de lo que nos exige nuestra conciencia como granadinos y responder de manera comprometida a lo que moralmente habríamos de haber hecho hace mucho: reconocer la grandeza de los que hoy día son desconocidos por tantos.


Ojalá alguien con un poco de sensibilidad lea este ruego descarnado. 

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