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jueves, 17 de julio de 2014

El cucurucho de helado

Hace un mes y medio comentamos que la ciudad de Granada puede ser la primera población en la historia de la actual España que disfrutara con algo tan asociado al verano como el helado. Por supuesto, de aquellos sorbetes cuyo elemento principal e imprescindible era el hielo de Sierra Nevada, nada nos queda en la gastronomía actual y mucho menos en la presentación y en la forma de ingerir los helados que en nuestra ciudad, siguen teniendo su referencia y meca de peregrinación en la Gran Vía de Colón. Los que no recuerden aquella historia que sitúa a Granada como pionera del helado hispano, pinchen aquí 

Hasta hace una década quizás, el helado se consumía mayoritariamente en su cucurucho, en su cono de barquillo que se convertía en una especie de postre del postre. Hoy día, las tendencias comerciales y puede que la idea colectiva de “no pecar en exceso”, ha ido relegando a nuestras “tulipas” de galleta, ha dejado en orfandad las bolas de sabores, ha convertido a nuestros tradicionales helados en masas circulares alojadas en tarrinas publicitarias. Atrás quedan las travesuras infantiles de morder el pico puntiagudo y final de aquellos barquillos y comerse el helado por su vértice, a riesgo de que este volcase. Atrás, tomar una bola a la que le seguía la galleta nada esponjosa por cierto. Bien pensado, nuestros tradicionales barquillos acababan con el poder refrescante del helado al primer mordisco. Aunque barrunto que detrás de esta nueva tendencia que va relegando los cucuruchos, está la de “no sumar más calorías a las que ya de por sí tenga el helado”.

Newton, un caso claro de que las grandes ideas surgen de la forma más imprevista

El caso es que la historia se encarga de contarnos que detrás de muchos inventos, algunos de ellos capitales, no hay más que azar o en su defecto, necesidad. Y detrás de aquel primer cucurucho destinado a acoger un helado, detrás de aquel improvisado y primero de cuantos barquillos, galletas o derivados conformaran la imagen más que típica del helado del verano, estuvo el azar, un poco de necesidad y por supuesto, una pretensión comercial.

Corre el año 1904 y en la ciudad estadounidense de Sant Louis, se celebra una Exposición Internacional. La capital de Missouri está de moda y posiblemente sea después de 1904, la ciudad más importante y renombrada de todo Estados Unidos. Ese mismo año, además de la cita fundamental que supuso la Exposición Internacional, Sant Louis también acogió los Juegos Olímpicos. Pero regresando a su Expo, aquello constituyó un esfuerzo supino de la organización con unas cifras que hablan por sí solas: ocupó 500, se levantaron ex profeso 1.500 edificios, se pavimentaron 120 kilómetros de calles y después de 215 días que permaneció abierto, obtuvo una impresionante cifra de visitantes, con casi, casi 20 millones de personas.

El presidente Obama, probando una modalidad de zalabia

La Exposición estadounidense de San Luís, congregó 60 países y la representación de casi todo Estados Unidos. Y por supuesto, lo que no descuidó fue el tema gastronómico, con un inmenso espacio destinado a ofertar comida a los millones de visitantes que recorrieron la muestra. En uno de los puestos, el americano Arnold Fornachou, había instalado una caseta de helados. Funcionaba maravillosamente. Era mediados de julio de 1904 y el calor se dejaba sentir. Miles de americanos recorrían el vasto complejo y les apetecía uno de los sorbetes que ofrecía Fornachou. Pero como la suerte a veces es caprichosa, el éxito del heladero contrastaba con el fracaso comercial de Ernst Hamwi, un panadero de origen sirio, que había confiado ciegamente en vender la receta familiar de zalabias.

La zalabia es una especie de gofres, quizá un crepes grueso, redondo y planos, que se rellena al gusto, convirtiéndolo en algo dulce o salado según apetencia. Pero con el calor de aquellos días, los visitantes de la Expo sde Sant Louis no estaban por la labor de probar la exquisitez siria pero sí que devoraban los helados del vecino. Fue tal la demanda de ese día que Arnold Fornachou acabó antes del mediodía con todos los envases que se habñia llevado para servir sus helados. Desesperado y sin saber qué hacer para continuar atendiendo aquella demanda, recibió la ayuda desinteresada y generosa de su vecino, que al no vender nada, se había percatado pronto de los problemas del heladero. El panadero Hamwi le ofreció sus zalabias y le enseñó cómo enrollarla de manera que quedara como un cono coronado por el helado.

Aquello, en vez de convertirse en lo que en sí era, una solución extrema a un problema puntual, fue todavía más apreciado por los visitantes. La presentación y la novedad causó furor entre los clientes del heladero que pasaron de recibir su pedido en un plato a poder llevárselo inmediatamente, sin devolver cuchara ni otros utensilios y pudiendo continuar su marcha. No era precisamente poco lo que ofrecía la Exposición y aquel helado servido de manera tan original los refrescaba a la vez que les permitía continuar la visita. El éxito se redobló y ambos negociantes continuaron a lo largo de la feria, como uno solo, vendiendo su nuevo invento. ¡Acababa de nacer el helado en cucurucho!


De esto, se cumple este mes de julio de 2014, la nada desdeñable cifra de 100 años. 

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