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martes, 10 de junio de 2014

Iglesia de San Cecilio

Paradigmática y envuelta en una tradición que muchas veces se confunde con la leyenda, la Parroquial fue instaurada como tal un 15 de octubre de 1501, escogiéndose el emplazamiento original de la Mezquita “Jima Alyahud” o aljama del barrio de los hebreos para que empezara a funcionar al servicio de la Iglesia Católica en aquella Granada recién reconquistada y que necesitaba implantar con sumo y proceloso cuidado, la nueva fe a una población que en esos instantes era mayoritariamente morisca.

San Cecilio fue una modesta Iglesia que usó la precaria edificación de la mezquita para comenzar a difundir los predicados católicos. Debía ser pobre de construcción y parca de dimensiones como para que el Arzobispo Gaspar de Ávalos proyectara una nueva Iglesia que en 1528 comenzó a levantarse y que se terminó en 1534, es decir, justo ahora 480 años. No es mala cifra para esta edificación sacra que además tiene una luctuosa efemérides también en 2014, los 45 años de un maléfico incendio que arruinó su elegantísimo artesonado mudéjar. Fue el 22 de diciembre de 1969, cuando un nacimiento instalado por los Padres Claretianos, que entonces regentaban y atendían la Parroquia, provocó un cortocircuito.

Los exiguos restos que quedan del artesonado original perdido en el incendio de 1969.
La fotografía ha sido extraída del Blog EL ÚLTIMO REINO

Al parecer, habían empleado en la decoración aquellas luces que parpadeaban rítmicamente. Pero al ser reciente su incorporación al mercado, no es de extrañar que el diseño de las mismas no ofreciera la seguridad que a día de hoy tienen y que usan millares de hogares españoles. El nacimiento se decoraba con los papeles y adornos de fácil inflamación que suelen aderezar de manera popular estos “pesebres o nacimientos” y todo fue un cúmulo de desgracias. El cortocircuito de las luces automáticas prendió en los frágiles e incendiables adornos y provocó que pronto, la capilla del lado del Evangelio junto al Altar Mayor, empezara a arder. A las dos de la tarde de aquel infausto 22 de diciembre de 1969, el fuego pasaba de capilla en capilla y se cebaba con el valioso artesonado.

Pero lo más recordado de aquel fuego que empeñó a los bomberos de Granada durante 4 horas, fue el arrojo inestimable de los vecinos que pusieron en riesgo su propia vida para salvar el patrimonio mueble y devocional de San Cecilio y muy especialmente, el Cristo de los Favores, valiosísima obra de arte de finales del siglo XVI del círculo de Pablo de Rojas y la Dolorosa de la Misericordia, una Virgen de 1896 que concita la devoción sin pudor de los feligreses y cofrades, que sí acabó muy dañada por el fuego. Cuadros, retablos y sobre todo, la estructura de la Iglesia, resultaron dolosamente dañados. Algún día alguien deberá rendir el homenaje merecido a los pocos valientes que pusieron en riesgo su vida por la devoción y por el arte granadino en aquel doloroso incendio que recordarlo, es un ejercicio sano de memoria.

Capilla de San Cecilio de la Catedral de Granada. 

Pero no sabemos aún si sufrió más San Cecilio en aquel trágico suceso o con el Párroco que una vez expulsados los franceses de Granada, en 1812, decidió desmantelar el patrimonio parroquial. Se llamaba Antonio Covián y formó parte de la Junta Provisional de Beneficencia que intentó salvar de la desolación el Hospital de Expósitos, el de Tiñosos y el de Unciados. Estas fundaciones benéficas que atendían a los más desamparados cayeron en la ruina durante la Invasión Napoleónica, vieron cómo se desmantelaban sus instituciones, se les expropiaban rentas y bienes que los sostenían y quedaban a merced de la caridad pública, que no pasaba por sus mejores momentos. Otro de los órganos benéficos granadinos que pasó por la más absoluta de las pobrezas y hubo de cerrar tras la victoria sobre los franceses, fue el Beaterio de Recogidas. Para ayudar a la causa, el Párroco de San Cecilio decidió vender el patrimonio parroquial, entre ellos, el fabuloso Retablo Mayor de trazas platerescas relacionado con Praves y Marquina que fue vendido y del que no se sabe nada de su paradero. Disculpemos esta torpeza histórica y frivolidad de aquel párroco, ya que lo hizo por una buena causa.

Una pieza que en aquel momento se perdió, porque la vendiera (o mal vendiera) el párroco fue la pila bautismal, que era mencionada en su “Viaje...” por el Conde de Maule. Se trataba de una pieza de mármol con pie de jaspe que había sido riquísima fuente nazarí de las almunias reales de la Antequeruela. Quién sabe en qué domicilio particular, sigue siendo hoy una fuente por dónde a lo largo de tres siglos, fueron bautizados los vecinos del Realejo.

La puerta hubo de ser recompuesta en 1931/32, tras el vándalo ataque republicano y anticlerical.

Pero el más pérfido accidente, el más execrable, fue el ocurrido en 1931, cuando tras la recién proclamada II República, vecinos del barrio de un anticlericalismo enfermizo, hicieron detonar un artefacto ante la puerta de la Iglesia, de tal potencia que destrozó la rica puerta de madera que se tachonaba y decoraba con clavos de la época, arruinó la decoración del atrio y destrozó el paso del Cristo de los Favores, de reciente estreno, que se custodiaba en la capilla anexa.

La Virgen de Belén. Alonso de Mena, 1615.

Hoy día la Iglesia guarda principalísimas obras de la imaginería granadina, caso de la notable Virgen de Belén que realizara Alonso de Mena en 1615, el Atado a la columna, igualmente del taller de tan afamado autor o la delicada Virgen de la Paz, titular de su Hermandad Sacramental, sin olvidarnos de los ya citados Titulares de la Hermandad de Favores. Pero de su patrimonio destaca la portada, una obra plateresca que alterna la talla pétrea de candelieri y otros recursos propios del renacimiento, con la pintura mural.

Desde el pasado año, su párroco, el Rvdo. Padre don Mario Camacho, anda empeñado en la restauración de la Iglesia. Dijo con su habitual proceder: “Yo sé que San Cecilio no me va a dejar irme de este mundo hasta que no le arregle su casa”. Y a su heroico esfuerzo hay que sumar el de los hermanos de Favores, que no quieren que una Iglesia que se terminó hace 480 años y en cuyo solar se levantó una decorosa ermita que en los primeros siglos de dominación musulmana, fue lugar de devoción de los mozárabes que burlaron la persecución islámica y siguieron reunidos en torno a su fe, viva un mayor deterioro.

Probablemente no es el mejor exponente patrimonial de Granada, rica como pocas en estos menesteres. Pero es un legado histórico impagable. Roma le concedió un privilegio, la de poder hacer sonar sus campanas incluso en Viernes Santo. Perpetua la memoria del legendario mártir y primer Obispo granadino en tiempos romanos y atesora pasado e historia suficiente como para sensibilizar a los granadinos preocupados de la herencia que hay problemas de humedades, se han perdido los casi exclusivos trampantojos de su fachada principal y el campanario también necesita de una intervención.


Pocos lugares hay con tanta carga histórica. La suficiente como para no escatimar esfuerzos en su ansiada intervención que le devuelva, el esplendor que franceses, republicanos, incendios accidentales y el paso del tiempo, le han ido originando. 

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