Visitas

sábado, 10 de mayo de 2014

Sangre azul

No cabe ninguna duda que el término nació en España y desde entonces, fue casi de obligado cumplimiento referirse a la alta aristocracia y la realeza como las únicas personas cuya sangre, era de un color distinto y más refinado. De aquí vinieron las referencias a esos príncipes azules inmortalizados en los cuentos de los Grimm o de Andersen y toda la pléyade de expresiones análogas que han terminado adscritas al imaginario colectivo. Pues todas ellas nacieron de la manera más simple que pueda imaginarse, con una serie de circunstancias que el pueblo identificó con llaneza, de forma que a los poderosos (les pareció), les corría un líquido distinto a la roja sangre de todos.

"Los mendigos". Peter Brueguel el Viejo. 

Son muchas las explicaciones de por qué la nobleza más potentada y las casas reales, parecían tener azulada la sangre. La primera explicación se cae por su propio peso: en una época en la que la actividad agrícola suponía la dedicación mayoritaria, casi exclusiva del pueblo, la exposición al sol terminaba tostando, dando color a la piel. Como es sabido, esa exposición a la luz o en definitiva al trabajo, no formaba parte del día a día del señor feudal, del noble o de la realeza, de manera que su piel se mantenía en el color casi del nacimiento, por lo que las venas, se identificaban con rapidez y resaltaban su tono azulado con mayor facilidad, al contrario que para un pueblo llano que veía la maraña de venas de su riego sanguíneo, camufladas por una piel curtida por el trabajo y el rigor solar.

No hace falta precisar que en la Edad Media hispana, el analfabetismo era rotundo. Pocos entenderían que percibir de color azul las venas, tenía una explicación que ahora todos entendemos, no así hace ochocientos años, cuando a duras penas, el 1 % del pueblo sabía leer. Sólo parecen azules cuando están situadas a medio milímetro por debajo de la epidermis. La luz penetra la capa superficial de la piel exactamente hasta esa profundidad y hace el resto de ese milagro de simular venas azules que cargan con sangre roja.

La Santa Capilla de París... Todo muy BLEU. 

Otra causa probable que se menciona es mucho más simple y tiene que ver con los hábitos de higiene, adquiridos acaso, a finales del siglo XIX, luego el más elemental de los baños, se escapaba para la mayor parte de la población. Fuere como fuere, el dicho, españolísimo y arraigado en el colectivo, salta por media Europa y recala en la Francia bajomedieval que le dará un último sentido a la expresión. Dios y Azul en francés tienen un parecido sonoro indiscutible. Dieu (Dios) y bleu (azul), se confundieron a propósito para escapar de las blasfemias, de manera que en vez de maldecir o tomar el nombre de Dios en vano (retrotraigámonos a una sociedad eminentemente religiosa), se da una vuelta de tuerca fonética. Una de las expresiones que mayor arraigo tomó en la Francia del final de la Edad Media, fue una mención a la Sangre de Cristo, para monumental disgusto del clero. La sang bleu acabó constituyendo un giro modal una expresión léxica de moda entre la aristocracia, el señor feudal, el noble y la corte. El pueblo, encarado y sin tantos miramientos por si cometía blasfemia en sus expresiones ordinarias, casi no la usó, de manera que quedó reducida la expresión a la alta jerarquía de la sociedad. No era de extrañar que pronto, el pueblo entendiera que tanto empeño de los nobles en repetir esa frase no fuese por escapar de la blasfemia, sino porque al fin y al cabo, estaban acordándose del color de su sangre.

"La familia del Duque". Charles Baptiste Charpentier. 

Todo esto pone de moda, en las puertas del Renacimiento, el tono de piel perfecto si se es de la sociedad bien europea. Los tratados pictóricos recomendaban pintar a las damas y a las Vírgenes o Santas, del color del nácar. La última moda era una piel blanca en exceso, leve sonrojamiento en los labios y que las damas tuvieran un celo y un cuidado desmedido en no ponerse bajo el sol. Hasta tal punto llegó a dominar esta moda de la blancura de la piel que muchas damas de la nobleza siguieron una dieta purgante a base de vinagre, que terminaba dándoles un tono cadavérico.

Escudo Real de la Casa de Borbón. 

Así las cosas, la sangre parecía azul... el azul se relacionó con la monarquía (no pocos elementos heráldicos y vexilológicos de las Casas Reales Europeas, tienen el tono azul como distintivo, sin ir más lejos la de Borbón), el blanco de la piel y el azul de las venas era moda y el azul, al final, fue como un sueño, fabricado con un príncipe protagonista que hasta el siglo XX, se esperó y se esperó.


Y una vez más, todo nació en España y por los españoles. 

No hay comentarios: