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sábado, 3 de mayo de 2014

Mariano Fortuny y Madrazo

Puede ser que nunca antes naciera alguien como él en Granada. Me atrevo a asegurar que 143 años después todavía no lo ha hecho y que con toda seguridad, estemos ante el más ingenioso, creativo, sugerente, fabuloso y dotado artista que haya visto la luz bajo el cielo granadino. Se cumplen hoy 65 años de su muerte y los epítetos que lo definen y que le fueron aplicados, deja a cualquier persona sin aliento: “el pequeño Leonardo” fue uno de ellos, pero se le conoció como “el artista total”, “el mago de Venecia”, “el da Vinci español”, “el científico artista” o “el inventor del diseño de la moda”. Este descomunal hombre del renacimiento, nació en la Granada de 1871 y murió, un 3 de mayo de hace 65 años.

La mejor definición de su vida y trayectoria artística es esta: “un creador visionario”; como todo genio capaz de revolucionar, fue un adelantado a su tiempo, se ocupó de diseñar vestidos, telas, cortinas, luces, pero también fue un importantísimo escenógrafo y por encima de todo, un investigador que basaba en la búsqueda y la experiencia su capacidad para luego crear cosas nuevas. Es así como el granadino Mariano Fortuny Madrazo se propone una investigación en diferentes campos, como en pintura, fotografía, escultura, arquitectura, escenografía o técnicas de iluminación para artes escénicas. nuevas.

Suyos son los inventos del uso del dímer en teatro, la mesa de luces, el ciclorama... se resolvió como un espléndido fotógrafo, fue un decidido empresario y diseñó las máquinas para producir algunos de sus tejidos. Era el creador por excelencia, como sacado del Humanismo. Como pintor, actuaba en todo el proceso creativo, desde la preparación de los materiales hasta el último detalle: «Se convirtió en pintor autosuficiente: él fabricaba sus propios colores y pigmentos, grabador, fotógrafo, escenógrafo, experto en iluminación teatral, diseñador de lámparas y muebles, creador de telas y trajes e inventor.

La Lámpara de Fortuny, conocida como "lámpara maravillosa". 

Una de sus mayores contribuciones fue su aportación a la iluminación para el universo del arte; desde el Renacimiento, los pintores estudiaron la incidencia de la luz en sus cuadros y el granadino Mariano Fortuny fue algo más lejos estudiando  luminotecnia, hasta que al cabo de unos años, está en disposición de patentar en 1901 un aparato capaz de realizar una iluminación escénica por luz indirecta. Aquella lámpara y sus aplicaciones recibieron el nombre de "Sistema Fortuny", pero no contento con semejante avance, en 1903 creaba un aparato escenográfico que bautizaría como "Cúpula Fortuny", indispensable para lo que hoy conocemos como iluminación teatral. A raíz de sus aportaciones, los teatros y espacios escénicos empezaron a colocar sobre la embocadura de los proscenios, focos y otros elementos capaces de apoyar el montaje de la obra. Al cabo de tanto ingenio, patentó y sacó al mercado la conocida como Lámpara Fortuny, toda ella metálica y que continua siendo imitada y sirviendo de modelo para las lámparas de estudio empeladas por lo fotógrafos y usada por profesionales del ramo. Sin olvidar el impecable diseño de una contemporaneidad aplastante de su lámpara, origen de los diseños industriales que figuras como Mies van der Rohe o Le Corbusier elevaron a planos indiscutibles.

Diseños de firmas importantes que se inspiran en Fortuny. 

Como diseñador de moda, a Mariano Fortuny Madrazo se le acabó llamado el “mago”, porque sus creaciones tan singulares se revistieron de un ingenio maravilloso; se adelantó en su tiempo a la alta costura, influyó poderosamente en firmas como Condé Nast y continuó poniendo al servicio del arte, la ciencia y su profundo placer por la investigación. Fue un precursor de la moda pintada a mano, se preocupó por el tintado de las telas y remozó el concepto de la estampación de terciopelos, sedas y algodones. Su formación artística le permitió recuperar tipos de tejidos antiguos de manera que hizo interpretaciones de la moda de otras épocas, poniendo en valor y de moda la vestimenta de la Antigüedad. Estamos ante el alto-modisto capaz de fusionar estética y ciencia bajo una premisa: elegante simplicidad, un corte perfecto, la calidad de los materiales y la riqueza de los colores.

Vestidos para actrices y artistas de medio Mundo hecos por Fortuny. 

Intelectuales y artistas de todo tipo alabaron sus creaciones, como Marcel Proust, Gabriele D'Annunzio, Isadora Duncan, Lilliam Gish o el gran Orson Welles, que basó todo el vestuario de su “Otelo” en los diseños de Fortuny. Decenas de años después, firmas incontestables de la moda universal han sacado colecciones en homenaje al granadino, caso de McFadden, Issey Miyake, Givenchy o Karl Lagerfeld; en Venecia, el Museo del Traje de Mariano Fortuny conserva casi 500 genialidades del autor, sobre proyectos chinos, vestimentas de Delphos, Cnossos o antiguas piezas litúrgicas que sirvieron para que el granadino realizara el conjunto litúrgico formado por dalmáticas, casullas, estolas y manípulos más el paño fúnebre para la Casa Ducal de Lerma. Aunque hay que seguir recordando que hasta su casa taller de Venecia, acudieron los cineastas más importantes para que Fortuny les hiciera el vestuario.

El famosísimo Vestido Delphos de Fortuny.

En la lista de películas donde los actores se vistieron a lo Fortuny, está “Sangre y arena” (1922), protagonizada por Rodolfo Valentino, “El señorito primavera” (1921, con Gloria Swanson, el Givenchy que llevó Audrey Hepburn en “Sabrina” (1951) bajo los patrones originales de Fortuny, “Otelo” (1952) de Orson Welles o el vestuario de “Ágora” (2009) de Alejandro Amenábar, que no tuvo reparos en basarse en una de las creaciones de moda más aplaudidas y espectaculares de la historia: el VESTIDO DELPHOS.

La innovadora Bufanda Knossos de Fortuny, precursora del actual foulard para caballeros. 

Sus creaciones consiguieron elevar un escalón más el mundo de lo artístico. En pintura, fue un enamorado del romanticismo alemán y recreo los temas de las óperas de Richard Wagner, sin olvidarse de la pintura veneciana, dominado por esa ciudad que convirtió en la suya. Ya hemos hablado de la renovación sin pudor que llevó a cabo en temas de iluminación escénica por luz indirecta, o de sus lámparas para interior, de seda y pintadas, que pusieron la base para el triunfo del art decó de la casa “Tiffany”.  No hemos de pasar por alto la aplaudida “Bufanda Knossos”, de seda, forma rectangular y con diseños geométricos asimétricos, el ingenioso invento del primer sistema para hacer plisados con máquinas que aplicó a la seda y el terciopelo con el que creó el “Vestido Delphos” o sus experimentos en el campo de la fotografía, ya que el granadino mejoró el invento de John Herschel pudiendo superar su positivado en papel con lo que definió al fin el “negativo fotográfico”. Pero sobre todo, fue un perfecto ilustrador del mundo de la moda y de la ciudad de Venecia, conservándose fotos venecianas y de la moda en su Museo.

Atrezo y escenografía de La vida breve de Falla. 

Un hombre que había renovado el concepto de la iluminación teatral, a la fuerza debía estar íntimamente relacionado con los dueños y empresarios de los teatros. Éstos, no vacilaron en requerirlo para los atrezos y vestuarios. Su carta de presentación fue en 1906 en la Ópera de París, para luego convertirse en el escenógrafo más capacitado del teatro europeo de su época, trabajando para la Scala de Milán, en obras como “Tristán e Isolda”, “La valquiria” hasta que se convirtió en el diseñador de toda la escenografía y vestuario de la gran obra de Manuel de Falla, “La vida breve”. Cuando recibe el encargo de vestir y revestir la gran pieza del compositor afincado en Granada, lo primero que se le viene a la cabeza a don Mariano Fortuny es rendirle un homenaje a su tierra natal, a su pequeña patria, cosa que consiguió.


Modelo para los ternos litúrgicos del Ducado de Lerma que hizo Fortuny. 

La vida de este pintor, grabador, fotógrafo, diseñador textil, diseñador de moda, escenógrafo e inventor granadino acababa, tal día como hoy de hace 65 años. Era un día de la cruz, fiesta de fiestas casi nacida en la ciudad de Granada y desde ella exportada a otros sitios; no podía ser de otra forma. Se iba entonces el más ocurrente, singular y efectista de los creadores de todo el siglo XIX y XX español, uno de los artesanos-artistas más capaces de su época y un granadino sin parangón

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