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jueves, 22 de mayo de 2014

La mejor película del Mundo

I
Orson Welles, Rita Hayworth y la hija de ambos: Rebecca. 

ba a ser la segunda vez que pisara Granada y en esta ocasión acompañado de su hija Rebecca, cuando su matrimonio con la pelirroja más infartante de la historia, Rita Hayworth, iba viento en popa. A los pocos días aterrizaría en España para poner también rumbo a Granada Charlton Heston. Entre los dos, iban a parir un proyecto cinematográfico único y ambicioso que necesitaba de mucha información y contrastación de noticias. Los dos anduvieron por la ciudad, se extasiaron en la Alhambra, dejaron diversas frases sobre Granada que siguen siendo de grato recuerdo y se hospedaron en el Alhambra Palace. Pero no pudo ser...

El genio ocurrente, desmesurado y casi inigualable de Orson Welles, concibió un proyecto sensacional. En su país la fama del poeta era cada vez mayor, la literatura universitaria lo ensalzaba, Nueva York le consagraba recitales y el Presidente Eisenhower reconocía leerlo. A la historia n le faltaba nada: una guerra entre hermanos, sangre, toques sexuales, provocaciones en un país conservador y rancio y un asesinato sin desvelar, descubrir ni imaginar. Y a Orson Welles aquello le pareció simplemente una historia digna de contar, un seguro éxito del séptimo arte con actores y elencos de estrellas nada desdeñables.

En septiembre de 1960 estaba en Granada; rodó en la Huerta de San Vicente, en Víznar y en las cuevas de Guadix. A los días, Heston llegaba a Granada con su esposa y su hijo. Los dos grandes de Hollywood se reunían con el alcalde de Granada, con un hispanista austríaco, con vecinos anónimos y con personajes de tapadillo de aquella España represiva. Un camarero del Alhambra Palace contó lo que buenamente sabía, los informes secretos que 5 años antes había cursado nada menos que la CIA habían sido facilitados y director y actor soñaban ya el guión que les augurara un éxito... Aquella iba a ser la primera y mejor película sobre FEDERICO GARCÍA LORCA.

Pero de repente algo cambió. Mientras Orson Welles y Charlton Heston disfrutaban de Granada y hacían el acopio de información necesarios para el ambicioso proyecto, pisaba la ciudad del Darro y Genil el asesor personal de Franco, José María Pemán. Vino con un encargo directo del Jefe de Estado:  averiguar dónde estaba enterrado el poeta para que descansara por siempre en el Valle de los Caídos. Todo porque meses antes, firmando el acuerdo estadounidense-español, el Presidente Eisenhower le sacó los colores a un Franco que, o de verdad nunca llegó a enterarse las causas del fusilamiento del poeta español más universal, o supo fingir muy bien. A Franco, que la muerte del irrepetible Lorca se debiera a un asunto falangista empezó a molestarle sobremanera. ¿Fue el Caudillo ajeno, hasta 23 o 24 años después, de que a Lorca lo mataron los celos, envidias y represiones de una España cazurra y violenta? ¿Se enteró de algo que lo molestó profundamente y lo enfureció?

Pemán telefoneaba a El Pardo: a Lorca lo extraviaron, lo sacaron a  empellones de una prisión que fue antes su propia Facultad, lo mataron, lo asesinaron sin cargos ni pruebas, ni nada que se le pareciera. A Federico lo enterraron de forma rastrera, intentando borrar una huella que era tan grande, que el mismísimo Presidente Eisenhower estaba echando en cara al Dictador y pudo comprometer las relaciones entre ambos países. Aquello enfureció a Franco; en efecto, el “jefe del Mundo” llevaba razón, sabía más que él del asunto, ponía en entredicho su imagen, la de España, la de “la cruzada de fe” y dilapidaba el sentido y significado de aquella Reserva espiritual. Así que puede ser que los gobernadores civil, militar, responsables de administraciones e instituciones, empezaran a no colaborar con Orson Welles, molestaran las investigaciones de la guionización de la película y como estaba en marcha el rodaje de El Cid, Heston se marchaba de Granada y Orson Welles abandonaba su interesante proyecto.

Una cosa quedaba clara: o a lo largo de la guerra, Franco no controló todo lo ocurrido en su bando, o era un sapientísimo embaucador. Pero lo seguro es que aquello privó al Mundo de, quién sabe, una de las mejores películas  de la historia del cine; primero, porque Welles sigue siendo el dueño intelectual de la que está considerada la mejor cinta de la Historia del Séptimo Arte. Segundo, porque tenía entre manos una suculenta historia con argumentos sobrados como para realizar una obra de arte. Y tercero, porque fabricándola ollywood y versando sobre el poeta más leído de nuestra lengua y el que más inventiva y creatividad demostró, aquello, pudo haber sido el mejor largometraje de la historia.

Que fue en Granada el crimen

sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!...