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martes, 20 de mayo de 2014

Hermenegildo Lanz

Como quiera que la hayamos convertido en cantinela habitual, a ningún fiel lector de esta Alacena le extraña que volvamos a decir una verdad tan grande como la Catedral acerca de que esta tierra, tiende a olvidar a sus hijos más preclaros y a desconocer lo mucho que hicieron. Por eso, hoy que se cumplen 65 años de su muerte, he querido que esta “hornacina” de ideas, recupere en la medida de sus posibilidades la memoria de aquel profesor y fotógrafo, del dibujante y el pintor, del escenógrafo y grabador, amigo muy íntimo de Federico García Lorca y de Manuel de Falla, prócer de la intelectualidad granadina de los 20 del pasado siglo y figura sepultada, por desgracia, incluso en vida.

Hermenegildo acababa de convertirse en profesor de dibujo de la Escuela Normal. Esto le permitirá conocer a los artistas de aquella Granada de hace casi un siglo, con algunos de los que se convierte en miembro fundador de la “Tertulia del Rinconcillo”, que desde una mesa del Café Alameda se nutría de los pensamientos y expresiones de Lorca, Ángel Barrios, Andrés Segovia o Gallego Burín. En aquellas mesas donde hoy están las del Restaurante Chikito,  nació el primer festival de flamenco de España, el Concurso de Cante Jondo, siendo Hermenegildo Lanz el autor de los carteles anunciadores.  Allí mismo se le pidió que fuera el escenógrafo, pintor y escultor de la Fiesta de los Reyes Magos de la familia García Lorca y diseñó el foro y atrezo de los entremeses de Cervantes, el Auto de los Reyes Magos, de Falla y los títeres lorquianos que se representaron en la Huerta de San Vicente, un 6 de enero de 1923.

Escenografía de El retablo de Maese Pedro, de Lanz para Falla.  

Su capacidad creativa y el buen trabajo que venía demostrando con menos de 30 años, animó a don Manuel de Falla. El celebérrimo músico no duda en encargarle a Lanz la construcción de los títeres de “El retablo de Maese Pedro”, que se estrenaría el 25 de junio de 1923 con decorados, figurines y marionetas talladas por el propio Hermenegildo ayudado por Manuel Ángeles Ortiz. Pero cuando de verdad Lanz se resuelve como un dibujante excepcional y un grabador de culto, es en la serie de 20 obras que bajo el sugerente título “Estampas de Granada”, ven la luz en 1926. Desde entonces, es un habitual del arte más contemporáneo y vanguardista y se une a proyectos de ámbito nacional como el teatral “La Barraca”, que lideró su amigo Federico.

La Guerra Civil planeó sobre España. Los de uno y otro bando asesinaron impunemente. A Hermenegildo le tocó ser un progresista en ciudad conservadora y de no ser por don Manuel de Falla, hubiera resultado muerto. Se salvó del fusilamiento, pero su obra no. Fue silenciado y condenado a una reeducación al modo del nacionalcatolicismo de los comienzos de la posguerra. Salía un 20 de mayo de 1949 de sus ya habituales cursos políticos y religiosos a los que se le obligó a asistir. Tenía sólo 55 años pero aquella guerra le había colado otros 30 al menos. Y así fue, como camino de su casa, en aquellos castizos Hotelitos de Belén del Barrio del Realejo, el pintor, el escenógrafo, el titiritero, el grabador, el que ilustraba obras de Lorca o de Falla, moría.


Escenografía de Títeres de Cachiporra de Lanz, para Lorca

Treinta años después, Granada le puso memoria a su desmemoria, con el nombre de don Hermenegildo al que ya es “su Instituto”. Y no insistan los torticeros de izquierdas en que abunde en represiones políticas, porque los torticeros de derechas me pedirán  que cuenten las represiones republicanas de años antes. Aquello fue la peor época de los españoles. De los mal nacidos, es cierto, pero que condenaron a un puñado de bien nacidos. Como nuestro Lanz, nuestro don Hermenegildo Lanz.


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