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lunes, 5 de mayo de 2014

El yelmo de Boabdil

Un 5 de mayo de hace 31 años, las autoridades locales granadinas y el ciudadano con inquietud cultural se levantó esa mañana con un nerviosismo especial. El Ayuntamiento mandaba a su teniente de alcalde, quizás el “prócer” de la cultura institucional más grande de las últimas décadas en la Plaza del Carmen, rumbo a Londres. Y ese 5 de mayo, José Miguel Castillo Higueras, puede que uno de los mejores políticos granadinos de los últimos 50 años al que tanto le debemos, asistía ayer en Londres a la subasta del supuesto yelmo de Boabdil, último Emir de Granada, último Rey de los granadinos. Don José Miguel debía valorar si aquella pieza merecía una sustanciosa puja por parte de nuestro Ayuntamiento para regresar a la tierra de la que no debió haber salido nunca.

El desarrollo de la subasta seguía su curso habitual. Nada menos que se estaba celebrando en uno de los lugares de más prestigio del Mundo y de la Historia del arte, la afamada sede de Sotheby`s de Londres. José Miguel en nombre de nuestra ciudad había oído ya ciertas cantidades, sabía hasta cuánto podía proponer y observaba con la paciencia de un zahorí. En su catálogo previo a la subasta de armas y armaduras, Sotheby's anunció la pieza como "tradicionalmente perteneciente a Boabdil, último rey moro de Granada, segunda mitad del siglo XV". Y lo había descrito sospechosamente como un "yelmo medieval de finales del siglo XV y principios del XVI, que por tradición se cree que perteneció a Boabdil". Algo no cuadraba en la cabeza nutrida y nutriente de nuestro embajador, encomendado para que si la pieza era real, no se quedara en el extranjero.

La atmósfera en la sala de subastas de Sotheby's, paralizaba. De forma cauta, silenciosa, como en una partida de ajedrez, las pujas se suceden. Justo antes dos contrincantes habían llevado el precio de salida de una armadura del rey francés Enrique II, desde las 200.000 libras originales al 1,6 millones de libras (recuerden que del año 1983, una fortuna parecida a los 6 millones de euros actuales). Coleccionistas de la talla del Museo del Louvre se habían retirado de esa competición económica que debía estar ahogando al concejal granadino. La última oferta llegaba del otro lado del Atlántico, suponía casi 10 veces más que el precio de salida, era el triple de lo que la propia sala de subastas esperaba obtener y llegó a la suma de 1,925 millones de libras, lo que a día de hoy serían 7,5 millones de euros por una armadura del siglo XVI.

Justo después de aquel desorbitado pulso por la pieza, era turno del casco granadino, de la supuesta celada o yelmo del último de los emires granadinos.  José Miguel Castillo seguía revisando los datos que la propia Sotheby's, había enviado al Ayuntamiento, empezando por las fotos. Desde dos días antes, llevaba entrevistándose con expertos y marchantes, historiadores del arte y profesionales que le autentificaran, o al menos le dieran cierta seguridad de la originalidad de la pieza.  Tras informes disconformes y auténtica polémica, la mayoría opinó que difícilmente pudo pertenecer a Boabdil, que debía situarse en el siglo XVI y no en el XV y que los esmaltes, más antiguos que la propia pieza, lucían decoraciones que podía hacer pensar que se trataba de escritura árabe, pero no trazaba una sola palabra conocida, el famoso lema nazarí brillaba por su ausencia y las inscripciones cúficas daba la impresión de estar hechas por alguien que no supiera árabe. Todo era muy raro.

Un informe facilitado por la directora del Instituto de Estudios de Armas Antiguas del Consejo Superior de investigaciones Científicas de nuestro Gobierno, certificaba sin embargo que el yelmo era auténtico, perteneciente a la mitad del siglo XV y por su parte, nuestro Ayuntarnierno de Granada no se contentó y pidió la opinión del Ministerio de Cultura, del Rector general del Patrimrnio, del agregado cultural de la Embajada española en el Reino Unido, del director del Instituto de España en Londres, el director del Museo de Bellas Artes de Sevilla, el profesor granadino Enrique Pareja y de los técnicos de cultura de la propia ciudad. El informe del CSIC, se aventuraba a contar que Boabdil había sido despojado de la celada tras su derrota en la batalla de Lucena, el 21 de abril de 1483, cuando, después de caer prisionero de las tropas de los Reyes Católicos, sus armas fueron repartidas entre el conde de Cabra y el alcaide Diego Fernández de Córdoba. El yelmo fue conservado en la Real Armería de Madrid, hasta la guerra napoleónica, en que fue trasladado a Francia por José Bonaparte. En Francia estuvo en dos colecciones, hasta llegar a la inglesa.

Todo era muy fantasioso, muy imposible. Tal vez fue manipulado a posteriori. La orfebrería tenía pinta de ser italiana, la parte que se relacionaba con la época en la que vivió el último emir no era del todo clara y cuando comienza la puja, José Miguel Castillo hace un esfuerzo único de prudencia y observa cómo transcurre la carrera por la conquista de aquel yelmo. La última cifra que se oye ese día de hace justo ahora 31 años en la sala de Sotheby`s de Londres, es de nada menos que 82.500 libras, más de 300.000 euros de hoy día. Una cifra excesiva para nuestras arcas, pero sobretodo, sin la garantía plena de que aquel fuera, realmente, el instrumento de guerra del más sensible de los reyes granadinos.


El yelmo se fue al Museo Metropolitano de Nueva York. Allí continúa, sin que 31 años después alguien pueda asegurar del todo que fue de Boabdil, el monarca que salvó una ciudad entera de una conquista traumática. Quizás el padre de que millones de personas del Mundo entero, hoy miren el más legendario palacio medieval del Planeta. Hubiera sido muy bonito, que en manos del más sensible de los políticos granadinos de las últimas décadas, el casco del más sensible y último rey regresara a casa. Pero la historia a veces, se cuenta así... 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Arza payá!!!