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jueves, 1 de mayo de 2014

El Sagrario de la Catedral de Granada

Una de las primeras obras acometidas por la recién instituida Corona de Granada bajo la dinastía Zirí fue la gran Mezquita, la Mayor, en la ciudad llana. Una obra que debió iniciarse hacia el año 1015 y que se basó en una premisa fundamental: sencillez, austeridad y una simplicidad constructiva enorme. En pocas palabras, la Mezquita Mayor se hizo en materiales pobres, hasta el punto que un siglo después de su hechura, se pudieron sustituir sus pilares, hechos en madera y con amenazante peligro de ruina, por otros de piedra y mármol. Eso fue en 1116, más de un siglo después de su ejecución primera. Pero otra de sus curiosidades fue su orientación, que en vez de respetar el precepto islámico de mirar hacia el este, hacia la Meca, lo hacía hacia el sur, en concreto dirigido hasta la actual calle Oficios. Su sala de oración es la actual Iglesia del Sagrario y parte de sus naves, el costado del Evangelio de la Catedral.

Pero a muchos les chocará que nos ocupemos de esta Mezquita ahora. Sí, era interesante precisar que su paupérrima fábrica y modestia en exceso la hicieron poco interesante. Sirvió como sede Catedralicia hasta que se iniciara el magno proyecto que es hoy la segunda Catedral de España y cuarta del orbe católico, luego se destinó a parroquial del Sagrario y al fin, cuando en 1693 tome posesión de la silla arzobispal Martín de Ascargorta, el Arzobispo más empeñado en la renovación de la Archidiócesis y con toda probabilidad uno de los más fecundos renovadores de la historia eclesiástica granadina, entiende que una ciudad como Granada y una Catedral como la nuestra, debe tener un Sagrario a la altura de ambas. Y así, en 1704, comienza el derribo de la Mezquita Mayor de Granada, y el arte no tendrá que lamentar ningún mal por ello.

El entonces Arzobispo, el gran ideólogo de la Iglesia granadina de finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, pretende un colosal proyecto para el que los arquitectos locales no están preparados, de modo que hace venir al que más proyección tiene dentro de la arquitectura del sur de España. Se trata del lucentino Francisco Hurtado Izquierdo (1669-1725) que era el protegido del obispo de Córdoba y desde 1697, a la insultante edad de 28 años, maestro mayor de obras de la Catedral de Granada. Además de su aplastante superioridad artística, a Hurtado Izquierdo se le conoce bien en la ciudad porque llevaba desde años antes colaborando con José de Mora en proyectos edificatorios que le reclamó el Obispo cordobés, de modo que cuando a finales de 1704, después de ver la genialidad de la sacristía catedralicia cordobesa que había ejecutado, presenta el proyecto de alzado del Sagrario granadino, el prelado de Granada Martín de Ascargorta solicita de José de Mora un informe al respecto: el prestigioso escultor e imaginero, que lo fuera del Rey de España dio su valoración positiva. Hurtado Izquierdo levantaría el nuevo Sagrario.

Lo que más sorprendió a todos de aquel proyecto es la autoridad incontestable del arquitecto lucentino; sigue siendo casi prodigioso, mágico, que en tan sólo un día, Francisco Hurtado realizara el diseño ante la incredulidad de su aparejador Isidoro Albo, que a su muerte se encargaría de rematar la obra. Y así fue como el 1 de mayo de 1705, hace hoy 309 años, comienzan las obras de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la O, Sagrario de la Catedral de Granada. Colosal edificación barroca de planta de cruz griega que marcará para siempre el resto de obras religiosas y civiles acometidas en Granada y su área de influencia desde este año y hasta el segundo tercio del siglo XVIII, pudiendo considerarse una de las obras cumbres de la arquitectura dieciochesca del sureste español.

Así las cosas y habida cuenta que Martín de Ascargorta también era cordobés, aquel increíble diseño en tan solo un día le vale a  Francisco Hurtado Izquierdo el nombramiento de maestro mayor de la catedral de Granada en 1704. Su  primer empeño fue demoler los restos de la mezquita aljama, que hasta ese momento prestaba su servicio como Parroquia del Sagrario, e iniciar ese elegantísimo sueño arquitectónico. Para solventar la altura, se le ocurrió emplear una doble columnata; para no desentonar con el proyecto renacentista catedralicio, hizo un homenaje a Siloe e incluyó semi columnas adosadas a los pilares y por último y obligado por el espacio que había, concibe la planta como un cuadrado encerrado en un círculo.

Hurtado Izquierdo no sólo hizo una arquitectura admirable, sino también un edificio cargado de símbolos ocultos a muchos. Comunicó Catedral y Sagrario (como estaba antes) pero con la novedad de incluir en esa red de espacios comunicados a la Capilla Real y al fin, hacia la Calle Libreros. Con ello, insertaba dentro de un mismo espacio los tres grandes edificios sacros: Catedral-Capilla Real-Sagrario. Pero abrir el Templo hacia la Calle Libreros fue además un acierto psicológico, ya que los libreros de la ciudad tenían hermandad propia con sede en este Sagrario Parroquial, de modo que al conferirles tanta importancia, se pudo conseguir donaciones suculentas que permitieron la obra.

Conviene ahora dejar bien claro qué es un Sagrario Catedralicio. Desde un primer momento y como ayuda litúrgico-pastoral de las Catedrales, los Sagrarios nacieron a manera de Parroquias anexas a las Catedrales para desempeñar las funciones que toda parroquial ejerce en un vecindario, entendiendo que la Catedral, como sede del Obispo, habría de cumplir otras funciones distintas. Sin embargo, la importancia del culto eucarístico fuera de la Misa desde el siglo XIII y sobre todo en siglos posteriores fueron los verdaderos impulsores de estos espacios sacros destinados a exponer al Santísimo de manera regular y frecuente, evitando incidir en las celebraciones propias de la Catedral y sirviendo como “grandes espacios sacramentales”. En Granada, desde la misma Reconquista se dio un valor importantísimo al Santísimo Sacramento por lo que en esta ciudad de forma muy especial, el Sagrario habría de ser ese gran edificio con más trascendencia que el de una simple Parroquia anexa a la Catedral.

La obra la terminó, por la muerte de izquierdo, José de Bada quien, entre otros cambios, introdujo una portada de columnas corintias en sustitución de las salomónicas, que fueron destinadas al palacio de Bibataubín. El programa iconográfico de esta portada, eso sí, fue fiel a la concepción original, dedicada a santos de íntima relación con la eucaristía que reforzara el sentido de Sagrario y con un San Pedro presidiendo la misma. De hecho, la Iglesia se dedicó a la Virgen María en la fiesta de la Expectación, cuando se produjo la famosa hazaña de Pérez del Pulgar, de ahí que lleve el nombre de Parroquial de la O. Aunque es indudable que el Arzobispo Ascargorta le quiso rendir un homenaje póstumo y enorme al que fue su maestro, Pedro de Castro, relacionando a San Pedro como primer Papa, con el Arzobispo Castro y Quiñones.


Sea como fuere, hoy hace 309 años que la Iglesia del Sagrario nació para el arte, la historia, los secretos del lenguaje estético y la fe. Y para el orgullo del amante de todo esto y del granadino en concreto.