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sábado, 31 de mayo de 2014

El anillo maldito

"La mujer más hermosa del Mundo". 

No sé si recordarán que hace cuatro meses hablábamos en esta Alacena de la que posiblemente fue una de las mujeres más guapas de la historia de la humanidad y que además, sin necesidad de retoques ni artificios, se valió además de su aplastante belleza de su intelecto para, por qué no, conseguir que a día de hoy exista Italia. Los curiosos, pueden pinchar aquí para leer la vida comprometida y fascinante de Virginia Oldioni, la Condesa de Castiglione, que si bien fue vital para su país y la más segura arma a favor de la “unificación”, al punto de que podemos casi decir que debería tener tratamiento de “madre de la patria italiana”, en España la recordamos por cosas menos gloriosas.

Alfonso XII con 20 años. 

Primero de todo porque la de Castiglione fue la amante por excelencia del Emperador Napoleón III, o lo que es lo mismo, la rival de la granadina y emperatriz, nuestra casi novelesca Eugenia de Montijo. Pero cuando Alfonso XII gustaba de escaparse por el Madrid de majas y chulapos y el París que ya conocía la nocturnidad de Montmartre, se echó a la cara la irrefrenable, incontestable y contundente belleza de Virginia Oldioni. Ella tenía entonces 40 años recién cumplidos, era la primera modelo fotográfica de la historia, conservaba esa belleza con la que fue capaz de “fundar” un país entero y era una experta amante con bastante de ambición como para conquistar y derrotar en los fragores de la noche a un jovencísimo rey de 20 años, la mitad que ella.

Retrato Regio del día del enlace de Alfonso XII y María de las Mercedes

Hubo varios encuentros, los suficientes como para que la de Castiglione entendiera que la Corte de Madrid y el trono de España podía ser un buen destino. Pero lo que no sospechaba es que por amor y por intereses patrios, Alfonso XII le había prestado su corazón a su jovencísima prima María de las Mercedes, que sin dejar de ser guapa, no podía competir con la Condesa italiana. Pero bien es cierto que ese matrimonio, sin negar que se produjera por amor, tenía un efecto pacificador, se convertía en un bálsamo para las revueltas y conflictivas relaciones familiares de los Borbón-Orleans de hacía unos años, cuando el padre de la novia, el intrigante Duque de Montpensier hizo lo posible e indecible por arrebatarle el trono a la madre del novio, su cuñada Isabel II.

La Condesa de Castiglione, a los 40 años. 

Nadie en su sano juicio pensaría que una guapísima, inteligentísima pero puesta en entredicho” condesa, para colmo 20 años mayor que Alfonso XII, se iba a convertir en algo más que una fugaz amante. La primera que debía saberlo era la propia Virginia, que dio muestras de inteligencia y astucia más que sabidas. Eso sí, alguna promesa empujada por la calentura nocturna debió espetarle el Rey de España como para que lo que no pasaba de ser una asunto de alcoba, produjera tamaña irritación en la irrepetible Castiglione. Estaba acabando 1877 y Alfonso XII le comunicó que en menos de un mes, se casaba. Y desató la furia de la guapísima amante.

Anillo de oro y ópalo.

El 23 de enero de 1878 iba a tener lugar el enlace. Días antes, un emisario hacía llegar al Palacio de Oriente un regalo venido de París y enviado por Virginia Oldioni, la Condesa de Castiglione. Era un elegantísimo anillo de oro en en el que se engarzaba un potente y voluminoso ópalo. El rey entendió que su fugaz amante había olvidado el enfado y se venía a entendimientos, comprendiendo que el amor y los asuntos de Estado habían finiquitado esa relación secreta y prohibida que en el actual Hotel Ritz de París en la Plaza Vendôme.

Grabado reproduciendo la Capilla Ardiente de María de las Mercedes

Idas y venidas a Palacio de la joven sevillana María de las Mercedes. Al fin y al cabo, por mucho que en días se convirtiera en la Reina de España, no era más que una de tantas chiquillas insultantemente ilusionadas por su boda. Allí descubre uno de tantos regalos que están haciendo llegar a la prometedora y regia pareja y se enamora del anillo. A Alfonso XII no le cuesta nada brindárselo y decide que sea ella la que lo use y lleve. Cinco meses después, un 26 de junio de 1878, Madrid llora la muerte de su Reina, que con sólo 18 años, deja este Mundo.

Última imagen de la reina viuda María Cristina. 

El anillo pasa entonces a manos de María Cristina de Borbón-Nápoles; era la abuela de Alfonso XII, Reina Consorte por su matrimonio con Fernando VII y regente del país durante la minoría de edad de Isabel II. Tenía 72 años cuando se hace con ese anillo que formó parte del joyero de esa Reina desdichada que fue la “rosa de Sevilla”, o sea, que tenía edad en aquel 1878 como para que la muerte se acordara de ella. Pero lo cierto es que así fue, un 22 de agosto. Nadie en su sano juicio sería capaz de buscar los tres pies al gato. La muerte de María de las Mercedes se debió al mal estado de salud que siempre había tenido, y la abuela regia, María Cristina, murió de vieja.

Grabado.Retrato de la Infanta María del Pilar, hermana de Alfonso XII

Aquel ópalo engarzado en oro durmió en los joyeros de Palacio hasta que encandiló a la joven hermana del Rey Alfonso XII, la Infanta María del Pilar. Entre su madre y la granadina Emperatriz Eugenia, la idea de que la pequeña Pilar casara con el heredero al trono francés, Napoleón Luis, cobraba fuerza. Pilar estaba encantada, enamorada y convencida de su venturoso futuro. Pero no sé si recuerdan ya que de nuevo aparece en escena Virginia Oldioni, la Condesa. Fue amante de Napoleón III y de nuestro Rey y que ahora, el hijo del emperador francés y la hermana de su último gran amante pudieran casarse, no debió parecerle muy agradable.

Muerte de Alfonso XII o El último beso de Juan Antonio Benlliure, 1885.

La historia termina como con la Reina María de las Mercedes y la Reina María Cristina... Porque antes de empezar los formalismos del compromiso, una jovencísima Infanta María del Pilar, moría de tuberculosis a los 18 años. Ya eran demasiadas casualidades hasta que el arraigado esoterismo y la creencia en estos asuntos del pueblo español, empezó a corroer al Rey. Alfonso XII, día a día, creía con más fuerza que en efecto, aquel anillo estaba maldito y con esa intención se lo regaló la de Castiglione, así que decidió afrontar su destino y usarlo. Si por su culpa el maldito ópalo había acabado con la vida de su esposa, su abuela y su hermana, que hiciera lo propio con él.  No hizo un efecto inmediato, pero sí alargó su fama, porque Alfonso XII moría a los 28 años.

Su viuda, la Reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, estuvo al tanto de todo. Una austríaca culta como ella no se iba a dejar convencer con tanta facilidad de esas supercherías, esas creencias más propias del pueblo llano que de una Corte europea, pero debía estar ya más que empapada del carácter hispano y tiró del afamado dicho, castizo él como pocos: “por si acaso”. Y por si acaso, hizo bendecir el anillo con su grotesco y ampuloso ópalo, lo mandó engarzar y lo transformó en un colgante. Y una buena mañana, con un Alfonso XIII de tan sólo 45 días, la Reina viuda y regente comenzó una tradición que todavía hoy continua.

La reina viuda y regente y Alfonso XIII niño

La mañana del 31 de mayo de 1886, hace hoy 128 años, llevó al joven y futuro Rey ante la Virgen de Atocha, Protectora de la Corona Española, presentó a su hijo a la Imagen que había sido testigo del bautizo del primer Borbón español, Luis I, que había salvado a Isabel II del atentado del cura Merino, que vio casarse a Alfonso XII por partida doble y que debía proteger, como llevaba haciendo desde el siglo XI con Alfonso VI a la Casa Real y le hizo un regalo: un colgante de ópalo para que aquella Bendita Imagen que Felipe II llamaba la Patrona de Madrid y también de todos los Reinos, que Felipe IV proclamó protectora de la Familia Real y de la Monarquía Española en 1643 y que tenía que velar por el enfermizo y pequeño Alfonso, futuro XIII de España, fuera capaz de quitar un maleficio con 4 muertes y mucho dolor.

En la mayoría de las historias que pululan por Internet, se habla de la Virgen de la Almudena... Pero la relación entre la Corona y la Virgen de Atocha es incontestable, al contrario que con la Almudena. La de Atocha sigue protagonizando los acontecimientos regios, Juan Carlos I lo hizo en cada nacimiento de sus hijos, el Príncipe de Asturias lo ha repetido con las dos Infantas y la Princesa Consorte doña Leticia dejó su ramo de novia a sus pies. Curiosamente, el joyero de la Virgen existe, no así el de la Almudena. Tal vez se deba a un corta y pega excesivo que ha hecho correr el error.

Sea como fuere, el anillo de ópalo maldito, si lo estuvo alguna vez, fue desactivado de golpe y porrazo por la Virgen madrileña.