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martes, 28 de mayo de 2013

La resurrección de España

No es fácil argumentar por qué el pueblo musulmán cruza el Estrecho de Gibraltar en el año 711 y con una rapidez asombrosa y una fuerza militar aplastante se hace con el control de casi la totalidad de la Península Ibérica, entonces el Reino Visigodo (sobre el que se sustentará España a pesar de la violación de la Historia que pretenden algunos) siendo claves los días 19 al 26 de julio del año 711, jornadas en las que se desarrolla la Batalla de Guadalete en la provincia de Cádiz y que viene a constituir la victoria beréber que abrirá al completo el territorio al pueblo africano.

No nos interesa ya si el colaboracionismo, las luchas intestinas, las distintas facciones políticas y una “pseudo” guerra civil están detrás de esa marcha victoriosa, rapidísima e incontestable que tiñe del verde del Islam Iberia en 7 años, sino que tal día como hoy, hace 1291 años, ahí es poco, un golpe de suerte que desde hace 13 siglos se considera intervención divina, consigue que menos de 300 hombres astures, cristianos al mando del nieto del penúltimo Rey Visigodo, logran vencer al ejército mandado desde Córdoba y que como poco era 4 veces más numeroso, empezando aquí aquello que ahora sienta tan mal y que fue, es y será LA RECONQUISTA.

Aquel triunfo en la Cueva de la Señora, en Covadonga, es mucho más que una batallita inspiradora de lienzos de segunda fila olvidados en los sótanos de algún museo nacional. Es mucho más que un casposo recuerdo que ofende a la progresía y enaltece al inculto y trasnochado ultraderechista. Aquello dejó huella, marcó a los protagonistas y a los habitantes que se refugiaban en los escarpados pueblos astures y cántabros. Aquello se entendió como la obligación del cristiano por pelear frente al musulmán, reconquistándole lo que fue antes visigodo. Pero la historiografía perversa y ladina se empeña en decir que de “reconquista”, nada. Habrá entonces que pedir explicaciones al interés que Pelayo demostró hasta el año 738, es decir, durante 20 años, por recuperar el reino godo. Habrá entonces que preguntarles a esos demagogos de la historia, por qué durante 171 años recogen los documentos que los reyes astures se empeñaron en tomar el territorio a los musulmanes, primero hacia Galicia y luego hacia el Valle del Duero. No es una “conquista”, que según nuestro diccionario sería “ganar, mediante operación de guerra, un territorio, población, posición, etc”... Estas gentes dejan escrito que su interés es recuperar el gobierno godo, o lo que es lo mismo, “volver a conquistar una plaza, provincia o reino y/o recuperar la opinión, el afecto, la hacienda, etc”...

Los textos normandos de los siglos VIII, IX y X hablan de Spaland, en referencia a Asturias y la herencia goda, prueba irrefutable que “España”, seguía existiendo. Del año 1140 es el Códice Calixtino que habla de “Yspaniam Regi” y todavía es más contundente documentos europeos que hablan precisamente del establecimiento de un Reino cristiano dispuesto a recuperar el territorio que les usurparon los musulmanes, documentos tales como “Anales Laurissenses” (año 798),  “Anales Regni Francorum” (del año 797) o “Vita Karoli Magni Imperatoris” del año 830. Pero sobretodo, me interesan dos documentos de la época, que plasman la intención de “reconquistar” a los musulmanes el territorio de sus ancestros: la Crónica de Albelda y la Crónica de Alfonso III. Ya tenemos suficientes pruebas que desde Pelayo, hubo intención por parte de los cristianos descendientes del pueblo godo, de recomponer España.

Por todo ello, tal día como hoy, hace 1291 años, empieza la Reconquista que duraría 770 años y que con el empeño de todos y cada uno de los cristianos de la Península Ibérica, recupera el ideal que de una u otra manera existió acerca de una España forjada por iberos, romanos, visigodos y enriquecida (eso no lo vamos a negar) por al-Andalus, pero que existió antes del Islam y lo venció en 1492. Y digo todo esto porque aún recuerdo con amargor las “enseñanzas” que algunos profesores titulares de la Universidad de Granada se empeñaron en dejarnos, con un inconfundible interés por pervertir, violar y falsear la historia y todo ello, vete tú a saber por qué, en el intento de negar el término Reconquista y de achacar esta idea al franquismo y la mentira.


Pues aquí he dejado textos que lo desmienten y que aunque les pese a los progresistas (por mucho doctorado que tengan) confirman que un 28 de mayo del año 722, Pelayo empezó la RESURRECCIÓN DE ESPAÑA.

Cuando la Alhambra se tragó un trozo de Nueva York


¿Quién no conoce el edificio Chrysler? Fue durante once meses el edificio más alto del Mundo y gracias a su antena logró sobrepasar la altura de la Torre Eiffel por lo que se le consideró la construcción más alta del Mundo. Durante 40 años ostentó la nada despreciable posición del segundo edificio más alto del Planeta y tal día como hoy se inauguraba públicamente, por lo que estamos celebrando su 83 cumpleaños. Es un icono de la arquitectura contemporánea, un referente paisajístico en el cielo neoyorkino y un escenario al aire libre para la buena cantidad de películas que han reparado en su cuidada y originalísima estética y lo han inmortalizado para la historia. Pero, ¿se creen que el Edificio Chrysler puede tener algo de granadino?

Portada del Nº 4 de El Europeo. En el artículo "La Giralda de Nueva York" se cuenta la curiosa anécdota.

La anécdota es tan creíble como imposible y empezó a fabricarse en la Alemania de finales de los años 20 del pasado siglo XX, cuando una revista de arquitectura se atrevió a incluir un artículo referente al Edificio Chrysler, entonces el techo del Mundo, que hablaba de un diseño preparatorio del gigante de hormigón escondido bajo la Alhambra. En una Alemania prebélica que tendría que vivir el horror del régimen nazi y la II Guerra Mundial, con una posguerra cruenta que dividió en dos al país, el artículo pasó desapercibido y la historia que narraba, cayó en el olvido como la revista especializada que lo incluyó en sus páginas. Pero será a través del periodista español Diego Carrasco que nazca y renazca a manera de cuento una de las leyendas más intrigantes que tienen como escenario la Alhambra, y que el mencionado articulista publicó en el número 4 de la Revista “El Europeo”, correspondiente al mes de septiembre de 1988. Esta Publicación mensual de carácter cultural fue editada por Desarrollos Turísticos SA (Detursa) y publicaba su último número, el 41, en el mes de marzo de 1992. Algunos años después, renacería con menos brío editando algunos números hasta al menos, la cincuentena.

Sala central de lecturas de la Biblioteca Pública de Nueva York

En ese cuarto número, Diego Carrasco asegura que encontró en la Biblioteca Pública de Nueva York, dentro de las cámaras depositarias de tesoros, una breve nota en una revista alemana de los años veinte, dedicada a la arquitectura, y que ya no se edita, y ese artículo contenía el siguiente relato, debido al periodista John J. Healey, y que a pesar de su narrativa ficticia, constituye un ejemplo más de la veneración que medio Mundo profesa por los Palacios granadinos. El texto, dice literalmente así:

William van Allen, diseñador y arquitecto responsable del Chrysler Building

“Al parecer, cuando Walter P. Chrysler encargó a Willian van Allen que diseñara un edificio para la Chrysler Corporation, en 1928, el secreto era de la mayor importancia. El rascacielos constituía aún un concepto atrevido y nuevo. Chrysler quería tener el edificio más alto del mundo. Numerosas compañías estaban contemplando la posibilidad de unas vías igualmente fálicas de ensalzar su virilidad capitalista y, como no, el diseño del más grande era de gran valor.

Albercón del Negro, por donde se conducía el agua hasta el Palacio de los Alixares

A fin de eludir a los espías arquitecturales de otras firmas, se decidió edificar y probar un modelo definitivo en un país extranjero. Gracias a una amante de Chrysler, “una belleza de Granada”, de familia bien, la elegida para el proyecto resultó ser España. Más específicamente, se convino en que todo el trabajo se llevase a cabo en dos enormes túneles cuya existencia era conocida sólo por unos pocos privilegiados. Ambos túneles tenían aproximadamente un kilómetro de longitud y habían sido hechos por los musulmanes en 1394, para conectar la Alhambra con el Generalife.

Puente del Rey Chico, inicios de la Carrera del Darro hacia el Carmen del Granadillo.

Se accedía a ellos a través de una amplia bóveda hallada en los sótanos del edificio que por entonces ocupaba una discoteca, un night club, “El Rey Chico”, cerca del Paseo de los Tristes, y tanto hombres como herramientas entraban y salían siempre de los túneles de noche donde los diversos diseños y materiales fueron puestos a prueba durante un periodo de dieciséis meses. Con la nueva aleación de aluminio, que por entonces se eligió para realizar buena parte de la superficie exterior del edificio, se construyó, acostado, un modelo de tamaño natural del rascacielos Art Deco.

Van Allen disfrazado como su edificio, en una fotografía de época del Diario The Daily.

Mientras Granada dormía, mientras las estaciones cambiaban en el recinto de la Alhambra, debajo de sus cimientos, muy hondo, crecía el edificio como un inmenso cohete plateado. Se hicieron planes para edificar la estructura final en esos túneles, para luego enviarla por barco a Estados Unidos, en piezas que luego se montarían en el emplazamiento de la calle 42 y la Lexington Avenue, en Nueva York. Cuando el modelo estuvo terminado se dio un baile de disfraces con tema morisco-futurista para todos los que habían participado en la empresa secreta. Los técnicos se vistieron como seres llegados del espacio exterior, y con esos atuendos bailaron con secretarias ataviadas con sugestivas ropas de doncellas árabes.

Baile de disfraces de la Sociedad de Bellas Artes de Nueva York en el Carnaval de 1931. 
De izquierda a derecha: Stewart Walker como el Edificio Fuller, Leonard Schultze como el Waldorf-Astoria, Ely Jacques Kahn como el Edificio Squibb, William Van Alen como el Chrysler, Ralph Walker como  Wall Street, De Ward como la Torre Metropolitana y Joseph H. Freelander como el Museo de Nueva York (MOMA).

Un guitarrista flamenco fue llevado del Sacromonte, con los ojos vendados, y se dice que la fiesta se prolongó hasta el amanecer. De una manera bastante profética, Van Allen mismo, según se decía, se había presentado de Boabdil, el último rey moro de Granada. El ruido de la extraña fiesta, por fin, llegó hasta el Patio de la Acequia, donde dos estudiantes habían pasado la noche. Los jóvenes siguieron el ruido hasta su origen por una de las tomas de aire del túnel, y así llegaron junto al reluciente rascacielos que yacía tumbado, mientras electricistas que parecían marcianos y jóvenes esclavas de Nueva York bailaban el charlestón fumando Camel.

Puerto de Motril en 1928.

Uno de los estudiantes, una jovencita de Jaén que, por lo que se dice, tenía un parecido asombroso con Evelyn Nesbit, murió de inmediato de un ataque al corazón, en tanto que su compañero sufrió un colapso psicótico que le redujo a pasar el resto de su vida ingresado en una institución para enfermos mentales en Extremadura. A cambio de mantener acallado el escándalo, Van Allen y toda su concupiscente compañía de ingenieros se tuvieron que largar. Zarparon una noche del puerto de Motril, con planos y todo, en el yate privado de Walter. P. Chrysler, a cuyo bordo – según se dice – la fiesta continuó una semana más. Los túneles fueron sellados con el edificio todavía dentro. Ahí está, silencioso y vacío, aún hoy, enterrado, como una espada galáctica...

Construcción del Fair Store Building de Chicago en 1890

Lo cierto es que el primer rascacielos del Mundo nació en Chicago y se inauguró en 1885. Tenía diez plantas de altura y sus dimensiones demuestran lo mucho que ha cambiado el concepto de rascacielos en el último siglo, ya que empezó considerándose a un edificio como rascacielos si superaba las doce plantas y hoy día, el organismo estadounidense “Council on Tall Building and Urban Habitat” (CTBUH) con base en Pennsylvania, dice que un rascacielos “es un edificio en el que lo vertical tiene una consideración superlativa sobre cualquier otro de sus parámetros y el contexto en que se implanta”.  O dicho de otra manera, un rascacielos en Singapur no podrá tener la misma consideración que en un pueblo rural de España. También existe un criterio basado en altura bastante popular, situando el límite inferior en unos 500 pies (152,5 metros) de altura. A partir de 1000 pies de altura (unos 305 m) un edificio suele ser considerado rascacielos súper-alto.

El Edificio Chrysler decorado con los tapacubos de los automóviles de la década de los 20

En efecto la Escuela de Chicago, patentó un estilo arquitectónico surgido a finales del siglo XIX, pionero en la introducción de nuevos materiales y técnicas para la construcción de grandes edificios comerciales y que se atrevió hace ahora 130 años a desafiar cualquier proyecto anterior, con edificios de entre 10 y 16 plantas, ejecutados bajo el historicismo (ponían sus ojos en estilos del pasado) y que tuvo en la figura de William Le Baron Jenney (1832 - 1907), al padre de la Escuela de Chicago. Él fue el que proyectó el “Home Insurance Company Building” en 1884, inaugurándose un año después y convirtiéndose en el primer edificio construido con esqueleto de hierro y características de rascacielos. Pero será Nueva York quién se lance a la carrera de construir edificios gigantes hasta llegar al soberbio Edificio Chrysler.

Las tapas de los radiadores de los Chrysler de hace 90 años en las esquinas del Edificio.

Obedece al estilo art decó, o en otras palabras, el modernismo español. Su ornamentación está basada en los tapacubos de los Chrysler de los años 20 y en las esquinas del piso 61, se reproducen las tapas de los radiadores de los automóviles de los años 1928 y 1929, que sirven para que de ellos salgan las imponentes gárgolas que lo decoran. En 2005, el Chrysler fue considerado el edificio favorito de los neoyorkinos que lo votaron como el más representativo y elegante de la ciudad.

¿Pudo algún día ser diseñado bajo el umbrío estómago de la Alhambra?

lunes, 27 de mayo de 2013

La Granada que no pudo ser

En esta Alacena tratamos en su día de los fastos que estaban proyectados para conmemorar el IV Centenario del Descubrimiento de América y el papel que jugó Granada. Colón (pinchar) consiguió en suelo granadino la financiación de su proyecto. En suelo granadino se firmaron los acuerdos entre la Corona y el almirante y a Granada volvió tras sus viajes incluso en calidad de prisionero, dentro de las palatinas estancias de la Alhambra. Si pincháis el enlace quedaréis convencidos que en su día ya las instituciones y el Gobierno descafeinó la conmemoración, aminoró el papel de Granada en aquel IV Centenario que lo único brillante que supuso para la ciudad fue la inauguración, igualmente desvalorizada, del Monumento que Benlliure terminó y que reparte los protagonismos para la Reina Isabel y el marinero Colón. 

Un siglo después, mientras España vivía con complacencia y una efusividad hasta entonces desconocida la celebración de los 500 años de la hispanización de América y la huella dejada en todo el Nuevo Continente, Granada volvió a quedar fuera de toda celebración encomiástica y acabó sin parte en los fastos, véase Exposición Sevillana o Capitalidad Cultural, que se llevó Madrid, porque a nadie se le escapa que ese V Centenario pesó para que Barcelona organizara los Juegos Olímpicos.

Así las cosas, hemos de poner los ojos en el siglo XIX de nuevo para conocer qué pudo ser de aquella Granada a la que sobre el papel se le destinaron muchas cosas y buenos proyectos que acabaron en dibujos y sueños. Es el caso de un proyecto de 1891 del escultor Justo de Gandarias que tal vez hoy día, sería el reclamo urbanístico de la ciudad, la suma de proyectos de embellecimiento ciudadano y uno de los referentes contemporáneos de la Granada que ha de mirar muy atrás para presumir de su arte y patrimonio y que con los años, quedó embebida por la desidia local y el desinterés político nacional. Pero, ¿quién es este artista y en qué consistió su proyecto?


El escultor catalán Justo Gandarias (1843-1933) es un artista de academia, formado primero en Barcelona para después recabar en París el resto del aprendizaje necesario. Allí fue donde presentó una gran obra escultórica titulada “La Armonía”, para la Exposición Internacional de París de 1878, obteniendo por la misma medalla en la Exposición de Bellas Artes de Madrid de 1880; siete años más tarde, en 1887 obtiene la medalla de segunda clase por su obra en mármol de Carrara titulada: “El Amor y el Interés”, conservada en el Museo de Bellas Artes de Castellón; y finalmente en 1890, en la citada exposición, logra la medalla de 2ª clase por su obra “Yberia”. 

Otras obras de gran mérito de Gandarias son la estatua colosal del apóstol San Judas Tadeo para la Basílica de San Francisco el Grande y la lápida en mármol de D. Ramón Mesonero Romanos en Madrid. A partir de 1891, Gandarias prueba suerte, y marcha a Guatemala, donde dirigió la Escuela de Bellas Artes, realizando varias obras oficiales para dicho país, donde falleció en 1933.

El IV Centenario del Descubrimiento de América estaba cerca. Como el aniversario, 400 años igualmente, de la reconquista de Granada. A la Sociedad Ibero-Americana, Justo de Gandarias llega un día con el proyecto de un arco monumental, dentro del formato de arco de triunfo, con tres aberturas y una mezcolanza de estilos, un pastiche estético formado a base del arte nazarí, el renacimiento y la decoración precolombina del pueblo azteca. Sobre el arco, figuraría un friso de estatuas representando los personajes más importantes de la Reconquista de Granada y del Descubrimiento de América. Y encima de las aberturas laterales del arco, cuatro bajorrelieves con episodios de la vida de Colón, pudiendo alojar el monumento dos espaciosos salones para fiestas a las que se accedería desde el interior del arco, con ventanales de cinco metros de altura.

Según la memoria que el propio artista dio a conocer, exhaustiva y detallista, el  monumento se ejecutaría en piedra, el arco central alcanzaría 30 metros de altura por 15 de ancho, los dos arcos laterales los 15 metros de altura, por 7'50 metros de ancho, las estatuas del friso llegarían a los 4 metros de altura, hechos en mármol al igual que los relieves, que medirían 4'10 metros, y como remate de todo, un grupo escultórico que recordaba al pueblo azteca, hecho en bronce, 7 metros de altura, coronado por la alegoría de un genio personaje de la mitología de hasta 5 metros de envergadura. El colosal conjunto rozaría los 42 metros de altitud y 36 de anchura. Simplemente algo impresionante que redundaría en el urbanismo granadino y hubiera puesto en la órbita de la monumentalidad contemporánea a Granada, además de hacer un justo reconocimiento desde esta ciudad a los dos grandes acontecimientos. 

Pero no pudo ser; el elevado precio arruinó el proyecto que pronto se olvidó. El escultor pasó a Guatemala, el dinero se llevó a otras ciudades sin tanto peo histórico en el Descubrimiento del Nuevo Mundo, la Toma de Granada languideció y todo ello nos recuerda, el fracaso del Milenio Reino de Granada, cacareado desde 2007 y que al final, ha sido el mayor despropósito recordado en el último cuarto de siglo. 

Todo es posible en Granada... 

sábado, 25 de mayo de 2013

Tirón de orejas


Cumpleaños. El afortunado es recibido por familiares y amigos con cumplidos y parabienes. Pero los regalos pueden esperar hasta tanto se efectúe una tradición que ha acabado extendiéndose a pesar de su dudosa gracia y su más que segura molestia: tirar de las orejas. Antes que nada, sepa el lector que por mucho que se empeñen algunos, Occidente (y por ende España), sigue siendo heredera de la cultura clásica, de las míticas sabidurías y tradiciones de Grecia y Roma. Y hasta allí hemos de marchar para entender por qué al cumpleañero, se le agasaja tirándole de las orejas tantas veces como años acaba de cumplir.

Al tirar de las orejas, la cultura clásica pretendía alargar el pabellón auricular, hacer más grande, más larga la oreja. Era el momento propicio y el pueblo hebreo no descuidó esa costumbre; la celebración de un cumpleaños era motivo de regocijo y escenario seguro de la concentración de un buen número de familiares y amigos. A más invitados, más tironcitos, más zarandeos y estirones de la sufrida oreja del cumpleañero... Pero, ¿por qué querían alargarle la oreja al conmemorado?

Una de las explicaciones la encontramos en la acción y expresión: “tirar de las orejas”  con el sentido de corregir y reconducir a alguien. Así, el gesto desde luego tomaba un sentido cariñoso y los familiares del cumpleañero se predisponían a desearle ventura al joven. En el barroco español, al tirar de las orejas se incluía un anhelo moral, se actuaba alegóricamente como si el acto en sí supusiera un parábola en la que se pretendía advertir al joven de los cuidados que había de tomar en el futuro y corregirlo antes incluso de que actuara negativamente. ¡Se le reconducía antes de que se extraviara!

Pero hay una influencia oriental inevitable además de esta “moral” mucho más castiza y mucho más europea. El pueblo chino concede mucha importancia a tener las orejas largas; éstas crecen con los años y se convierten por tanto en un símbolo de ancianidad. Cuando el cumpleañero recibe el tirón, se le desea en Oriente que tenga largas orejas, puesto que será sinónimo de muchos años de vida en la que tendrá por tanto tiempo de convertirse en alguien sabio. ‘La experiencia de la vida!  

De modo que por herencia grecolatina (sé bueno, sé recto, no tengamos que tirarte de veras de las orejas) y por herencia oriental (alcanza el mayor número de años) cuando cumples, siempre hay alguien dispuesto a tirarte de las orejas, aunque por desgracia nadie sepa por qué lo hace y caiga en una broma de dudoso gusto. 

viernes, 24 de mayo de 2013

El coño de la Bernarda


Las tentaciones de San Antonio. Salvador Dalí, 1946

Cuando uno oye esta expresión sabe que el interlocutor se refiere a algo que no es normal, alguna situación desordenada o simplemente, una referencia a algún barullo. Un equipo de fútbol cuya defensa está desorientada y lenta, ese día “parece el coño de la Bernarda”. Y en un día de rebajas, el local comercial se llena de empujones, prisas y desórdenes tales como para que “sea el coño de la Bernarda”. Pues el origen histórico es harto complicado y anoten en su mente un nombre, Manuel Talens, al que volveremos pronto.

El aquelarre. Francisco de Goya, 1798

Bernarda es un personaje de ficción pero con tintes idénticos y espacios parecidos en los lugares que se disputan ser “cuna” de tan singular mujer. La historia de Bernarda es la de una morisca que vive a finales del siglo XVI en una pequeña población de montaña que en su día fue inmensamente poblada por el pueblo musulmán. En el enclave de Sierra Madrona en la provincia de Ciudad Real, tenemos una de las ciudades natales. Otro es la Sierra Sur en la provincia de Sevilla y al fin, la Alpujarra granadina. Es fundamental el papel que juega la figura de San Isidro, el santo del campo y patrón de la agricultura.

Pero la historia novelada la conocemos gracias al ingenio y la creatividad de un escritor granadino nacido en 1948: Manuel Talens. Médico, novelista, traductor y articulista, en 1992 tiene la idea de homenajear a una abuela suya oriunda de la Alpujarra y decide crear una biografía falsa que a su vez sea homenaje a todos los pueblos castizos y particulares de la compleja geografía alpujarreña. Bajo el título de “La parábola de Carmen la reina”, el autor cada vez tenía más y más datos históricos que avalaran el perfil humano de la comarca y acabó creando una nueva versión blasfema de la Biblia. "Todos los personajes tienen resonancias bíblicas y su estructura se ajusta a la que presenta el Antiguo Testamento, pero mi versión es la de un mesías anarquista que quiere cambiar el mundo, en este caso una mujer que acaba crucificada. Es una obra llena de irreverencias".

Moriscos de Granada, Joris Hoefnagel, 1570

La historia transcurre en un pueblo ficticio: Artefa. Por supuesto, arranca con la Rebelión musulmana de 1568, justo donde aprovecha para insertar la historia de “El coño de la Bernarda”, pero se detiene en contarnos la vida de sus gentes durante la invasión napoleónica o la I República, aprovechando para novelar el origen de expresiones como la que nos ocupa o el de “la flauta de Bartolo”. Y precisamente la vida de los artefeños, que ni existen ni son otra cosa que producto de la capacidad literaria de este granadino, ha sido tomada como cierta y pululan por internet cada vez más entradas y artículos que creen a pies juntillas que Bernarda fue una santera, una curandera de la Granada de 1578 que veía visiones celestiales, interpretaba sueños y atraía la suerte a los labradores de su pueblo.

Pero lo cierto es que el origen de la expresión es imposible de precisar, aunque sí que podemos asegurar que la frase se popularizó a raíz del 8 de septiembre de 1925. Ese día, 13.000 soldados españoles realizaban una gesta militar sin precedentes, desembarcando en la Playa de Alhucemas, en Marruecos, al mando del General Sanjurjo y en el que tomó parte el entonces Coronel Francisco Franco. El Desembarco de Alhucemas fue imitado por el General Eisenhower, que lo reprodujo 19 años después para llevar a cabo el Desembarco de Normandía, el Día D a la Hora H, y que supuso el desenlace definitivo de la II Guerra Mundial.

Pues bien, los españoles llevaban barruntando una operación militar que les devolviera el prestigio en el norte de África. En 1921, los milicianos rifeños habían aplastado al ejército español en el conocido como Desastre de Annual, perdiéndose la casi totalidad de las posesiones españolas en la actual Marruecos y a punto de perder Melilla; así las cosas, y con el objeto de recuperar el territorio perdido y restablecer el Protectorado Español, Legión y Regulares consiguieron vencer la resistencia africana y desembarcar en la Playa del Morro de la ciudad de Alhucemas.

El caso es que el contingente militar tardaría meses y meses en irse de allí. Todavía quedaba muy cerca y caliente en la memoria la derrota de Annual y los españoles no estaban dispuestos a que los rebeldes al mando de Abd-el-Krim se atrevieran a reconquistar las plazas; de todos es sabido que la tropa, necesita de vez en cuando olvidar el “furor” bélico y entregarse al “furor uterino” y a nadie escandaliza que desde Grecia y Roma, un contingente de prostitutas seguían a los soldados a lo largo de sus campañas. Pues al parecer, una de ellas decidió abandonar la Península y cruzar el Estrecho para satisfacer las necesidades de Legionarios y Regulares, al tiempo que llenaría sus bolsillos. De nombre Bernarda, el tiempo que la abundante tropa de élite española estuvo por Alhucemas, pocos fueron los que no visitaron la alcoba de Bernarda y más concretamente, SU COÑO. El resto no hace falta que lo explique.

San Isidro y el milagro del Pozo. Alonso Cano, 1651

Renovada la historia y fortalecida la expresión, venían tiempos poco propicios como para reconocer que el soldado español, como todo hijo de vecino, tenía sus necesidades. El franquismo basaría su gloria en el honor caballeresco del soldado y enaltecería al “caballero legionario”. Así que de nuevo se tendió a fantasear con moriscas, recién convertidas y beatas santurronas que tuvieron “encuentros” con San Isidro Labrador. Por supuesto, en Sevilla, Ciudad Real o Granada, eran todas Bernarda y sus genitales estaban presentes.

"Aquellos polvos". Serie de Grabados de Los Caprichos. 
Francisco de Goya, 1799. 

Luego, ¿qué se pretendía con este mito, con este relato ficticio? Primero, se coloca la figura de una mujer relacionada con la santería, la prostitución y la fe. La idea es disfrazar con bastante éxito una crítica a la santería, ridiculizar las viejas costumbres de muchos pueblos que creen a pies juntillas en poderes sobrenaturales, predicciones y supercherías y al final, dejar claro que el sexo es capaz de realizar milagros. Pero lo mejor, sin duda, es que les deje la historia que en su día introdujo en su novela La Parábola de Carmen la Reina el granadino Manuel Talens y disfruten de su agilidad narrativa... y ocurrencia: 

Una mujer, de nombre BERNARDA, de la que se decía que era hija natural del rey musulmán ABEN HUMEYA, y nacida en torno a mediados del S. XVI, en ARTEFA, pequeño pueblo de LAS ALPUJARRAS granadinas, era una reconocida santera; a caballo entre ambas religiones, en unos tiempos difíciles, recorría las calles de ARTEFA armada con sus tablillas de oraciones, mezcla de versículos coránicos y cristianos (quizás la única depositaria de los famosos LIBROS PLÚMBEOS del SACROMONTE), y era la sacristana de la pequeña ermita en la que los artefaños guardaban y veneraban la imagen reverendísima del SEÑOR DEL ZAPATO. Aunque la fama, como hemos dicho, le venía de santera, que lo mismo enderezaba la pata torcida de un cordero, como remediaba las más diversas dolencias, como dirigía los rezos en ausencia del cura… por lo que era, ciertamente, mujer conocida y querida entre sus vecinos.

Una buena noche la mujer fue sorprendida por unos toques en la puerta de la pequeña ermita, en la que de común solía habitar, en una pequeña dependencia aneja. Asustada abrió la puerta y vio que, embozado en su capa, no sabiendo muy bien si por el frío, o por salvaguradar su intimidad, se encontraba D. AURELIO DEL ALTO OTERO, a la sazón segundo Conde de ARTEFA, que venía, pese a lo alto de la madrugada, a solicitar su consejo, ya que, según él, había tenido un sueño que le tenía profundamente alterado:

Tuvo una visión en la que vide los graneros de ARTEFA todos vacíos, y secos, con homnes e mulleres famélicos, que ploraban lagrimas a sus puertas y nadie podía façer nada… de repente, en medio de todos eles, aparecíase el Conde mesmo, lamentándose por la suerte de las gentes de su pueblo, y sin poder façer nada, alzaba los ollos al cielo esperando una respuesta, aparecióse entonces la figura, que él creyera de SAN ISIDRO LABRADOR, y una voz en el cielo que decía desta manera: San ISIDRO labrador, quita lo seco y devuélvele la verdor…

Sorprendióse la buena mujer con el relato del Conde y contóle que ella había tenido otro sueño parecido, una noche en el que se acostó apesadumbrada por haber dedicado su vida a los demás, no haberse casado y no haber tenido hijos, pues, según ella: “No es buena la mujer de cuyo higo non salen fillos”, pero que en ese momento, apareciósele, de semejante manera, en su habitación, la figura de San ISIDRO labrador que metiéndole la mano en la raja, de donde gustóse tanto la santa mujer que creyera entender por fin el significado de la expresión “tener mano de santo” y al punto casi de morir, por el arrobamiento experimentado, creyó ella oír, por boca del santo labriego, la misma expresión: San ISIDRO, labrador, quita lo seco y le devuelve el verdor… Tras compartir su sueño con el Conde dijóle que “las cosas del Senyor no son para los ignorantes entendellas, por eso fuera la divina misericordia las que las desentrañase, si plúgole a Dios esa gracia”.

El Conde se fue, casi con la misma duda que traia, pero lo cierto es que, desde su entrevista con BERNARDA, las cosechas de ARTEFA se sucedieron sin parar y no hubo la hambruna temida por el Conde a raíz de su sueño. Por eso, el Conde, hombre religioso y devoto donde los hubiera, compartió el secreto de su visita a donde la BERNARDA, con el cura del lugar D. HIGINIO TORREGROSA, quien, en la homilía del día siguiente, se dedicó a cantar, desde el púlpito, las alabanzas de Dios que tantos “bienes e menesteres plugóle mandar sobre esta sancta terra nuestra de ARTEFA, por mediación de la muy noble, e sancta muller de BERNARDA, o más bien, por medio del figo della, o sea, del coño suyo benedito” Con todo, había un artefaño, conocido como MANOLICO, EL TONTICO, que se pasó todo el día, en la plaza del pueblo, gritando a voz pelada “que non se creyera lo de la sancta BERNARDA, que ninguna muller es sancta por donde mea, así en el infierno arda”. Indignada BERNARDA con estas palabras mandólo traer a su presencia y allí, en la intimidad de la ermita díjole: “Mete tu mano en el coño bendito, a ver si miento, en lo que siento, y sea tu escarmiento” Hízolo así el pobretico MANOLICO, EL TONTICO, que desde entonces, pues nadie vio el milagro escondido, se hizo el más célebre predicador del figo benedito de su paisana artefaña por toda la ALPUJARRA granadina.

Las bendiciones se sucedían sobre el pueblo de ARTEFA, diciendo las crónicas que: “todos los homnes, e mulleres, de los derredores, allegábanse a casa la BERNARDA, a tocar su coño benedito, y por doquiera la abundançia manaba: las mulleres daban fillos sietemesinos fuertes como cabritillos, y las guarras parían cochinillos a porrillo, las cosechas se multiplicaban y hasta las gallinas empollaban ovos de sete yemas…”

Más BERNARDA murió, como corresponde a todo ser mortal, y la enterraron entre gran llanto y duelo de sus gentes, que a partir de ese momento, como maldecidos por la ausencia de la buena mujer, sufrieron en sus carnes todo lo que aquella, quizás en vida evitara: Terremotos, abortos en el ganado y las mujeres, cosechas baldías, todo parecía perderse y la vida se malograba en ARTEFA… Sin embargo cuenta la lyenda que un buen día que: “Una muller del pueblo, ploraba lagrimas de seus ollos al sepolcro della, vióse sorprendida por unas luminarias que ascendían del sepolcro, asustada e enloquecida corrió a presencia del señor cura párroco, que ordenó desenterraran el corpo morto de la BERNARDA, hallando, todos los presentes, con el Notario de ARTEFA al frente, que la BERNARDA polvo era, como es la suerte de nuestros padres, salvo su figo incorrupto, rojo y húmedo qual breva” El párroco, D. HIGINIO TORREGROSA ordenó el traslado del despojo santo a la parroquia, donde enseguida lo colocaron en un relicario, llamado desde entonces el COÑO DE LA BERNARDA, por la urna de oro y la forma de lo que dentro conservara… y que no hubo nadie que al contacto del relicario no recuperara la abundancia en cualquier empresa que emprendiera.

Tanta fe le tenían en ARTEFA al coño de la BERNARDA que el propio párroco, y siempre según las crónicas: “Decidió, junto con el Ajuntamiento de la ciudad, elevar el asunto a la disquisiçión de los notables de la Sancta Madre Ecclesia Metropolitana de GRANADA, solicitando si pluga a ella, la sancta e pronta canonizaçión de la santa BERNARDA de ARTEFA”. Al parecer, el por aquel entonces Arzobispo de GRANADA, D. PEDRO CASTRO VACA Y QUIÑONES, más preocupado en vigilar de cerca de los moriscos falsamente convertidos a la “fe verdadera y noble de nostro Senyor IesuChristo”, y alentando a la Inquisición, no estaba mucho por la labor de apoyar una petición de canonizar a una santera nada más conocida en su pueblo, amén de que, como expresivamente decía la misiva, remitida al Ayuntamiento de ARTEFA: “Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de GRANADA que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la BERNARDA era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la inquisición a façer las pesquisas oportunas”.

Con tal respuesta, D. HIGINIO TORREGROSA, según siempre las crónicas: “Una noche del 9 de Abril, del año de Nuestro Senyor IesuChristo de 1.609, alumbrado solo por dos candelas, y con el Notario por unico testigo dello, colocó el sancto reliquario del coño de la BERNARDA, tras un emparedado debaixo de la ventana de la Sacrestía, donde permaneciera hasta que la Ecclesia mudara su razonamiento sobre este singular suceso, y asi la buena BERNARDA trajera de nuevo la benediçión sobre el pueblo della”.

Y no sé si verdad o mentira, esto es lo que se cuenta del célebre coño de la BERNARDA, con todo, si queréis saber algo más de la historia, podeís leer la crónica, que en su día redactara D. HIGINIO TORREGROSA titulada: “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa”

jueves, 23 de mayo de 2013

La Torre Eiffel en venta


Hace unas semanas hablábamos del rey del engaño, de la fascinante vida de un estafador sin igual, de Victor Lustig; Aquí podéis seguir sus andanzas a manera de primera entregaY es que la suya fue una vida de artimañas con bastante creatividad y un ingenio insospechado, que empezamos a contar y lo habíamos dejado tras timar a adinerados pasajeros de los trasatlánticos, desplumar a aficionados de las cartas y nada menos que engañar a un banco estadounidense. Así que la América de la época, conocía bien a este checo que de haberse dedicado a la medicina, no dudo que hubiera conseguido descubrir la cura de mil enfermedades. Pero el suyo fue un universo de delitos, aunque al menos, los cometía sobre los poderosos, codiciosos y personajes de peor calaña que él, como vamos a ver hoy.

El siguiente país será Canadá. En Montreal el “falso conde”  descubre por casualidad a Linus Merton, decide enfocar su atención en un tal Linus Merton, banquero de Vermont (Nueva Inglaterra, el Estado más próximo a Canadá). Por medio de una treta que le reportara la imagen de todo un honorable ciudadano y un respetable y heroico “desfacedor de entuertos”, Lustig procura ganarse la amistad del banquero contratando a un carterista para que le robara y le hiciese llegar el contenido del hurto. Luego, Víctor aparecería en el domicilio del banquero con todo el dinero y todo el contenido de la cartera para devolvérsela a su dueño, que incrédulo y agradecido, se creerá desde ese instante cualquier cosa que su heroico desconocido quiera contarle. Y es así como termina por ganarse la plena confianza del  banquero, que sigue creyendo estar ante un paladín de otra época. Además, continúa insistiendo en su raigambre nobiliaria y su condición aristócrata. A los norteamericanos, carentes de historia más allá de finales del siglo XVIII, oír hablar de Imperios, nobleza y palacios es música celestial para sus oídos. 

Nuestro falso conde empieza a frecuentar al banquero. Salen juntos, departen amistosamente, empiezan a estrechar relaciones, le hace partícipe de sus confidencias... Linus Merton sabe así que Víctor Lustig ha llevado una apacible vida de noble europeo en Viena, se queda atónito por lo que oye de la I Guerra Mundial que lo trastocó todo y entiende que su nuevo amigo se viera obligado a refugiarse en Estados Unidos. Al fin, llega el bombazo: tiene otro primo, también aristócrata, muy bien relacionado, muy bien posicionado, muy ducho en asuntos de apuestas. Tal es así que sus contactos más seguros trabajan en el hipódromo y le soplan qué caballos van a ganar y las triquiñuelas de las carreras adulteradas.


Emil, el primo de Víctor con tan buena información, sabe de antemano qué caballo ganará, cuál se clasificará en una posición concreta, puede manejar a su antojo las apuestas y según le revela de manera secreta, es esa la base de su actual fortuna, que le permite vivir holgadamente. Por supuesto, es bienvenida la ayuda de alguien externo, pues los hipódromos empiezan a sospechar de las buenas rachas y la tremenda fortuna de Emil, así que Víctor propone al banquero que si quiere ganar dinero fácil y de paso, ayudarles, esa es la mejor opción. Tan fácil como apostar unos minutos antes de que la ventanilla cerrara; aunque por supuesto, el primo Emil se llevaba por la información una módica suma, la parte proporcional de sus ganancias, habida cuenta que iban a ir a parar al banquero de Nueva Inglaterra.

Dicho y hecho, Linus Merton ganó una serie de apuestas un par de veces, y cuanto más ganaba, más apostaba. Un buen día,  al primo Emil le surge una irrechazable propuesta de su Austria natal y parte con premura para Viena. El banquero no quiere perder parte en este pingüe negocio y le propone, como ya esperaban Víctor y el pretendido primo (que no era otro que Nicky Arnstein, que recordaréis de la entrada de ayer) una última apuesta grande y generosa, para conseguir el mayor beneficio posible antes de la irremediable salida hacia Europa de tan “interesantísimo confidente”. Y dicho y hecho, le ofrecen una apuesta de miles de dólares, que acepta encantado sabiendo que al termino de unas carreras, se convertirán en cientos de miles de dólares. Y así fue como cogieron el último barco, repartiéndose 30.000 dólares del año 1924, una suma desorbitada y una estafa colosal. Linus Merton jamás volvió a saber nada del Conde von Lustig, ni de su también aristócrata primo, con tan buenos contactos en el mundo de la hípica. Pero descubrió una cosa: los dos “supuestos primos”, amañaron el par de carreras que él había ganado con el presunto chivatazo, pagando una nimia cantidad a los jockeys. ¡Nada en comparación a lo que se embolsarían luego!

En 1925, Francia se había recuperado de la Primera Guerra Mundial, y París estaba en auge, un entorno excelente para un artista de la estafa. El maestro del timo, nuestro Lustig, leía en el periódico los problemas a los que había de hacer frente la ciudad de París para el mantenimiento de su famosa Torre Eiffel, puesto que la pintura suponía un coste importante y la ausencia de ésta deterioraba con rapidez el metal al punto de que algunas de sus partes (26 años después de su inauguración) dofrecía el aspecto de chatarra oxidada. Los debates eran furibundos, volviendo a despertarse el bando de opinión que consideraba deleznable para la arquitectura y el urbanismo de París, el prodigio ingeniero de Gustave Eiffel. Pero lo que no era más que una preocupación para los parisinos y su prefectura, para Victor Lustig fue el comienzo de un plan genial que habría de reportarle importantes beneficios.

Las amistades de nuestro hombre eran variopintas pero desde luego, nunca respetables; uno de los conocidos, perfecto falsificador, genial profesional en este campo, reprodujo a petición de Lustig todo tipo de documentos que pasaban perfectamente por oficiales, como si hubiesen sido expedidos por el mismísimo Gobierno de Francia. Con ellos en su poder, se reunió con seis comerciantes de chatarra en el Hotel de Crillon, un espectacular edificio en la Plaza de la Concordia que se inauguró en 1758 como aposentos reales y que fue muy frecuentado por María Antonieta, la alta sociedad y la nobleza, al punto de recibir aquí lecciones de piano y paradójicamente, guillotinada frente a este hotel-palacio. Una vez que los seis “chatarreros” asistieron a la reunión, sobrecogidos por el lugar, Lustig se dio a conocer como el subdirector general del Ministerio de Correos y Telégrafos. Explicó que habían sido seleccionados sobre la base de su buena fama como empresarios honestos, y luego dejó caer la bomba.

La estrategia verbal de Lustig se puso en marcha. Su implacable verborrea, su locuacidad, su charlatanería superlativa, se entretuvo en contarles que el mantenimiento de la Torre suponía un coste tan elevado y tan prominente que se hacía imposible mantenerla en pie por más tiempo, por lo que se había llegado al acuerdo de  venderla como chatarra. Pero el principal escollo a salvar era la crecida opinión pública que estaba dispuesta a defender el ya símbolo parisino, por lo que las autoridades creían oportuno que había de mantenerse en secreto hasta que se escogiera a la empresa que llevara a cabo el desmontaje. A los seis empresarios, los ojos se le salían de la cara. Miles, miles y miles de kilos de chatarra.

Para seguir impresionándoles, Victor Lustig llevó a los 6 hombres a la Torre en una limusina; llevaba horas examinándolos, analizando cuál de todos sería más  fácil de engañar. Les insistió en que se trataba de un asunto de estado, que la confidencialidad era imprescindible y que el negocio requería de su discreción. El más pardillo de todos fue André Poisson. Poisson, que a lo largo de la reunión había dado muestras de su inseguridad. Pero la esposa de Poisson sospechó desde un primer instante en las maneras en las que este alto funcionario (nuestro Lustig) quería llevar todo tan en secreto. No le cuadraba que un asunto de tal trascendencia se hubiera de hacer con tanta premura y contagió a su marido de su desconfianza, que fue trasmitida a Lustig.  

¡Cambio de planes! Ahora, tocaba representar un papel propio del mejor actor de teatro. A André le confesó que estaba incurriendo en cohecho, que pretendía ser un funcionario corrupto. Era lo mejor: quedaba como un rotundo canalla pero disipaba las dudas del “chatarrero”. Poisson llegó a casa informando a su mujer que en realidad, el funcionario era otro alto cargo del buscando un soborno.

Victor Lustig cobraba a las pocas semanas el dinero “pactado supuestamente” por el Gobierno de la República de Francia para la concesión del desmontaje de la Torre además del soborno que facultaba a André Poisson como concesionario y lo adelantaba con respecto a las empresas rivales. Al día siguiente de recibir el dinero en efectivo, estaba tomando un tren con destino a Viena  con una maleta llena de dinero en efectivo. Lo sorprendente es que André Poisson nunca presentó una denuncia en la policía, imaginamos que avergonzado y humillado de manera sublime; pero la codicia de Lustig fue en aumento y viendo que de manera tan fácil se podía engañar a chatarreros codiciosos, hizo lo mismo. De nuevo, deslumbró a seis empresarios del metal quedando con ellos en palacios barrocos, paseándolos en limusina, explicándoles lo secreto y confidencial del proceso de desmontaje de la Torre Eiffel y seleccionando solapadamente al más pardillo de todos...

Pero resultó ser un policía. La estela de golpes, de timos y estafas, se había acabado. El más grande, el más canalla (pero con arte, eso seguro) concluyó así sus días de defraudador, convirtiéndose de hecho y por derecho, en el mayor truhán de todos los tiempos, capaz incluso de vender la mismísima Torre Eiffel.