Visitas

jueves, 14 de marzo de 2013

Origen de la vestimenta de los nazarenos


En 1478, empieza a funcionar en España el Tribunal del Santo Oficio, creado con el objeto de salvaguardar la ortodoxia católica y que funcionó en esta Nación durante tres siglos y medio. Estamos hablando de la temible Inquisición. Los castigados, se les solía vestir con un tocado de forma cónica en señal de penitencia por los pecados y faltas cometidos. Las Hermandades del siglo XVI no conocían el capirote. Los penitentes se ceñían una corona de espinas a la cabeza y se ocultaban con una tela en señal de anonimato, hasta que hacia 1580 se adapta el capirote de los sentenciados por la Inquisición, de forma que se convierte en la señal del que hace penitencia en España. Pero hasta 1761, la cartonera no sería puntiaguda, sino de forma obtusa y sin punta, lo suficientemente corta como para tapar la cara tan sólo casi siempre de color blanco, el mismo que usaba el Tribunal del Santo Oficio para escarnio y mofa de sus condenados.

Curiosamente los hermanos de luz, no eran nazarenos. Los que se azotaban, portaban una cruz o como es habitual hoy, alumbraban y ofrendaban cera a sus Titulares, eran penitentes, también en Sevilla. Sólo los hermanos del Silencio de la ciudad de la Giralda podían llamarse nazarenos, pero será a partir del siglo XX cuando el término se expanda y a pesar de las quejas de periodistas y cofrades, a los hermanos de luz se les llamará nazarenos y a los que porten cruz, penitentes. Fue a partir de una Orden de Su Majestad Carlos III del año 1777 cuando se disponga que las túnicas de los cofrades debieran ser decentes, sin adornos y los cofrades debían llevar la cara cubierta. Será por tanto a partir del siglo XIX cuando los capirotes se hagan más altos, de punta redondeada, y sostenida en la cabeza mediante un armazón de alambres y con las innovaciones, con un cartón consistente.

Habría que esperar hasta 1840 para que apareciera la primera túnica de cola, aunque es cierto que en Granada, el empleo de esta no es de extrañar, habida cuenta que imita las colas de las Imágenes de Cristo. Son estos años en dónde cada hermandad además escoge un color identificativo, bien por el día de salida, la orden a la que estén ligados o cuestiones históricas. Además, en estos años del siglo XIX no faltaron los que, ya abolida la Inquisición, quisieron olvidar la herencia de ésta dándole a la forma cónica de los capirotes un simbolismo espiritual basado en el de los cipreses de los lugares consagrados del catolicismo.

Los escasos documentos gráficos de la Granada de 1909 son muy esclarecedores; ese año se celebraba un Desfile Antológico y los hermanos que portaban insignias y llevaban enseres, lucen el capirote tal y como hoy lo conocemos, y habida cuenta de las fechas y la dificultad de conexión, nos hace pensar que los modelos de nazareno o penitente se habían extendido por toda España sin que podamos hablar de una ciudad inventora. Ahora bien, al leer las críticas que los periodistas sevillanos hacen desde el siglo XIX a quienes llaman nazarenos a los hermanos de luz, se nos viene a la cabeza si no hemos cometido el fallo de copiar un término, que para colmo, estaba mal expresado hasta en la misma Sevilla. Y a fin de cuentas, los cofrades sabemos que el día de la salida, hemos de cumplir con nuestra penitencia, convirtiéndonos por tanto, en penitentes, con capillo, con costal, con alba o con mantilla.