Visitas

domingo, 30 de septiembre de 2012

Patrona de Granada


El predicamento que posee la Imagen de Nuestra Señora de las Angustias no dejará jamás de sorprender incluso a quienes, acostumbrados al trato devocional diario y frecuente, sigan siendo sorprendidos casi de forma inaudita por los múltiples y fervientes devotos que practican espiritualmente toda suerte de unión para con “la mejor ciudadana” que tiene esta Tierra. Angustias es una de las Patronas con mayor devoción en toda España, y, salvedad hecha de Rocío y Cabeza (Almonte y Andújar), puede que la Imagen Mariana alzada al patrocinio local, diocesano o archidiocesano, más venerada muy por encima incluso de las que ostentan ese mismo “rango” eclesial en Sevilla o Málaga. Es una obra que despierta la más íntima y desaforada devoción, alcanzando cotas de paroxismo ascético, a pesar de que la fe de los suyos no raya en lo vulgar, en lo chabacano y en lo villano, herramientas de la ordinariez que se están prodigando tanto por Andalucía en las últimas décadas, confundiendo la sana devoción con la fiesta y el folclore profano. Y no hace falta decir nombres.

Angustias sigue celosamente oculta bajo un velo de anonimato y dificultad de identificación tanto cronológica como estética. No cabe duda que su hechura se llevó a cabo en la mitad del siglo XVI y que en 1718 el genial retablista y escultor Pedro Duque Cornejo le otorgó la plástica arrebatadora que hoy día tiene. No hace falta siquiera que goce de los rasgos juveniles, encantadores y de facciones insultantemente bellas que son tan comunes en la imaginería devocional del neobarroco español, porque los granadinos y la legión de devotos que tiene repartidos por media España, no buscan en la Señora de Granada la belleza sino la hondura mística, siendo, si me permite el símil, una devoción auténticamente intelectual por cuanto el fiel no se acercará a Ella desde el grito, la fiesta, el baile o una demostración de catolicidad vulgar y exagerada, sino más bien desde el interiorismo que su estética dolorosa ofrece.

No es necesario que el día de su Procesión o quizás en su Festividad Litúrgica contemos los miles, decenas de miles, cientos de miles de fieles que arropan estos actos populares inscritos en rojo en el calendario granadino. Porque el verdadero sentir de la Virgen de las Angustias descansa en el día a día que se produce en el interior de su Basílica. Es ahí donde con mayor veracidad puede uno tomar el pulso de cuánto despierta y cuál es la verdad de la fe que de manera centenaria se adhirió y sigue adherida a este Icono sugerente y demoledor de la “primera cristiana”.

Angustias es la Imagen más arrolladora que pueda uno encontrar. Porque desposeída de cualquier recurso plástico embaucador y mentiroso, sin la belleza y las cualidades juveniles aplaudidas en el resto de Obras Sacras de mayor popularidad que existen por el Mundo, fue capaz de progresar de manera aplastante entre las demás Imágenes Marianas de la Ciudad, siendo tal la fuerza de su impronta, que terminó por arruinar la devoción a otras Vírgenes Bendecidas y se auspició como Primera entre Todas.

La Historia ha de contarse bien: Angustias nació de la devoción real a esta iconografía, pero en un cuadro. Hacia 1545, quizás 1565, se plasmó en imagen corpórea y recibió culto en una modesta Iglesia de extramuros de la Granada del quinientos. La trataban principalmente las más modestas clases sociales de la ciudad; ni por asomo gozaba del respaldo que los poderes eclesiástico-jurídico-socioeconómicos le dieron a la que fue, desde 1492, Patrona de Granada, por ejemplo, o a la Virgen del Rosario, que además de contar con no pocas familias nobles a su alrededor, tenía tras de sí a la todopoderosa Orden de los Dominicos, que entre otras prácticas, piadosas, honrosas y gratas, les cabía el dudoso honor de ser los “inquisidores del Reino”.

Angustias no disfrutó de nada de esto; de hecho, hasta 1889, no fue proclamada Patrona, lo que nos señala que por espacio de casi tres siglos y medio, no tuvo respaldo y oficialidad devocional al tiempo que otras Imágenes sí que la tenían, luego esto nos hace pensar que en efecto, algún halo místico envuelve la hechura de esta Virgen, capaz de relegar al olvido, incluso al olvido, a la que fue Patrona y gozó desde un principio de los favores de los Reyes Católicos, nada menos. Y es así como hemos de entender que haya devotos que vengan desde el continente americano o persista aún un grupo de “peregrinos” que son capaces de recorrer cerca de cien kilómetros en una romería atípica que une La Rábita con Granada, en varias jornadas de camino para presentar sus amores a Angustias en la madrugada de su día de salida.

La Virgen de la Antigua es una colosal obra de arte de finales del siglo XV llegada desde un taller centroeuropeo a la ciudad por mano e interés de los monarcas. Convertida en “figura patronal”, su Hermandad gozó de la exclusividad y jerarquía de la nobleza y potentados locales y tuvo nada menos que a todo el Cabildo Catedralicio y su (entonces) dilatado número de canónigos velando por Ella y su devoción. Era procesionada y recibía el culto de toda la ciudad con insistencia. Sus salidas por epidemias, contagios, sequías o inclemencias meteorológicas fueron continuas. Pero me atrevería a señalar la del 27 de diciembre de 1603, cuando tras una pertinaz sequía fue llevada hasta el Sacro Monte rogando por el preciado líquido que había arruinado la vega, el comercio de la seda y encarecido el precio del pan hasta límites insostenibles. Parece que la Antigua, en estos menesteres, se portó.

Pero el declinar de su estela prodigiosa y su papel como Imagen milagrera llegaría el 30 de octubre de 1636, cuando se produce lo que he venido a titular: “el principio del fin de la Antigua”... Ese día es robada la corona regia del Niño que viaja devocionalmente en los brazos de la Virgen, dentro de la Catedral y sin que se lograra nunca esclarecer el suceso. Y como quiera que no es menester narrar todas las peripecias en torno a su exposición cultual, nos centraremos en una fecha clave para entender cómo la estela de veneración de la Virgen de las Angustias estaba ya solapando y superando a las demás:

El 9 de octubre de 1764 el Cabildo de la Catedral llama a los ciudadanos a asistir a una Piadosa Misa en Acción de Gracias por la intercesión salvífica de la Virgen de la Antigua ante la horrorosa lluvia que se había desatado en los días anteriores y la fuerza del aparato eléctrico que se mantuvo día y noche sobre el cielo de Granada pero no causó ningún daño personal ni víctima alguna, al contrario que en poblaciones limítrofes. El 11 de octubre, dos días después, el Ayuntamiento, nada menos que la Ciudad representada por su Cabildo Municipal, convoca a una Misa en Acción de Gracias a la Virgen de las Angustias. Por el mismo motivo. Por el suceso idéntico. A la primera, la de la Catedral, responde timoratamente Granada. La segunda, organizada por un poder que en esa fecha era infinitamente menor que el eclesial, desborda todo pronóstico y capacidad de la Iglesia y deja claro que sin buscarlo, el pueblo ya había escogido: no quería como Patrona a la Antigua, o dicho de otro modo, había puesto su fe exclusivamente en la Virgen de las Angustias.

El 25 de septiembre de 1800, ya en la Edad Contemporánea, la ciudad de Granada persiste en cultivar la fe mariana a su todavía Patrona, llamando a la ciudadanía a una Solemne Función en honor a la Antigua para que librara a Granada de los nuevos brotes de epidemia de peste que se habían detectado. Pero esta Misa y otras por el estilo, son ya un espejismo sustentado en la histórica y centenaria idea de patrocinio por parte de una Talla que debía más su prestigio al haber sido dejada en la ciudad por los Reyes Católicos que a otra cosa, porque una arrebatadora Imagen Bendecida había terminado por derrotarla con las armas de la fe que despertaba.

Antes de ser proclamada Patrona, la Virgen de las Angustias protagonizó episodios devocionales públicos y populares de todo tipo. Por sequías, terremotos, por el buen resultado de las campañas militares del Reino de España, por amenaza de inundaciones, por epidemias o cualquier otro mal que aquejara, no ya sólo a Granada sino al Orbe Católico, la ciudad se postraba ante la Virgen de las Angustias como en estos casos que siguen:

*21 de octubre de 1567.
*26 de octubre de 1595.
*02 de agosto de 1679.
*26 de febrero de 1716.
*25 de febrero de 1719.
*20 de febrero de 1725.
*1 de noviembre de 1755.
*13 de marzo de 1760.
*6 de abril de 1797.
*12 de agosto de 1808.
*5 de abril de 1814.
*1 de marzo de 1846.
*24 de febrero de 1854.
*22 de febrero de 1855.
*15 de febrero de 1856.
*6 de noviembre de 1859.
*15 de septiembre de 1860.
*5 de diciembre de 1882.
*1 de febrero: España es hoy más extensa.
*29 de diciembre de 1884.
*26 de diciembre de 1885.

Todas estas fechas son procesiones, rogativas, funciones solemnes o misas de acción de gracias que el pueblo de Granada, a través de su Iglesia, de su Cabildo Municipal o de otros colectivos e Instituciones le han tributado a la Virgen de las Angustias, dejando bien claro que durante el siglo XVIII y hasta hoy, no ha habido otra devoción igual en la ciudad, ni en su área de influencia. No he tenido en cuenta ninguna convocatoria desde el 30 de abril de 1887, cuando se solicita formalmente que sea declarada Patrona NO DE LA CIUDAD, QUE TAMBIÉN...  De toda la Archidiócesis. Luego desde esa fecha a nuestros días, las cuentas indefectibles son difíciles de describir, porque la cantidad de veces que sus hijos han llamado a su papel de Corredentora, son imposibles de cuantificar.

La Virgen de las Angustias vio cómo su modesta Iglesia dedicada a las Santas Úrsula y Susana se consagraba a Ella; cómo se elevaba a Parroquia, cómo se reedificaba con dimensiones sobrecogedoras; cómo se distinguía con el grado patronal y protector sobre Granada y sobre las provincias de Almería, Málaga, Jaén, la suya propia y la Región de Murcia. Cómo Felipe II, Fernando VI, Isabel II o Alfonso XII la tomaban como Imagen Real y a fin de cuentas, cómo, gracias al Arzobispo Martín de Acargorta, se convertía en lo que es hoy día, la más incontestable de las armas del catolicismo en toda la Archidiócesis. Porque sin los empeños del mencionado Arzobispo, puede que no hubiera alcanzado el prestigio incomparable que hoy día tiene.

Coronada canónicamente en 1913, se convierte en una de las primerísimas Imágenes de toda España en llegarle esta distinción, a la que se le sumaría la declaración de Basílica a su Iglesia. En fechas recientes, el mismo Ayuntamiento termina por reconocer que la calle donde se eleva su Basílica no es la Carrera del Genil, sino de la Virgen, voz con la que castizamente los granadinos han conocido siempre a esta arteria y que ya figura con el nombre que nunca tuvo pero siempre poseyó en el nomenclátor ciudadano. Y a la postre, ahora que estamos inmersos en la celebración de un Año Santo que recuerda el I Centenario de su Coronación Canónica, hoy como ayer, a Granada le puede faltar todo menos Ella, la verdadera excusa para que cada mañana de que cada día, amanezca sobre la ciudad y sobre los ciudadanos. Que si el poeta se refirió a una conocidísima y valedera Imagen Bendecida sevillana con el verso de “como Tú ninguna...”, en verdad la que no puede ser como Angustias, es Ella misma, la que ha terminado siendo Primera y Principal sin nadie que la iguale.

P.D. La Virgen de la Antigua, arrinconada por la casi incomprensible carrera devocional que empezó ganando Angustias, sigue siendo Patrona de Granada, compartiendo ese patrocinio espiritual con la que además es Protectora y Patrona de la Archidiócesis. Lástima que una tan ilustre y nobiliaria Hermandad desapareciera y que hoy día, la gótica Talla sirva como reclamo de arte y contemplación para visitantes de nuestra Catedral, aunque es un ejemplo más de tantos de que en Granada, quien manda, comanda y gobierna, sin rivalidad alguna ni por asomo, es LA REINA ANGUSTIAS, NUESTRA MEJOR CIUDADANA. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

San Miguel el Alto de Granada


Hay una Granada llena de muchas Granadas. Cada uno tiene la suya; luego, se identifican a la perfección las que urbana e históricamente han ido naciendo. Y al fin, está esa Granada alta, la más alta posible, que domina todo el enclave urbano y con toda probabilidad es perfectamente identificable desde la lejanía y desde el corazón del barrio que tiene a sus pies: el cerro del Aceituno. La historiografía determina que el nombre pudiera venir del momento en el que Granada cambia de dueños, siendo primero los visigodos de la primera piedra española, para serlo luego los musulmanes.

Cita la tradición, que hasta el momento es oral, que en este enclave se erigió una edificación modesta de corte eremítico con un olivo que destacaba, seguro, por su tamaño y espectacularidad. Fue a partir del dominio musulmán, y huelga decir que habríamos de retroceder al nacimiento del Reino de Granada y nunca antes (bien sabe que Granada, entonces Elvira, se trasladó hasta el actual término de Atarfe) para ser testigos del derribo de esta modesta construcción y cómo se construyó una torre que a manera de rábita, los rapsodas musulmanes conocieron como Torre del Aceituno, y por extensión a todo el cerro.

A quien conozca el sitio no hace falta explicarle que estamos en un enclave privilegiado en tanto ofrece una panorámica de Granada y su vega imposibles de describir y mucho menos de explicar. Algunas de las imágenes superiores que ilustran la entrada dan perfecta cuenta de la altitud en la que se encarama la edificación, pero tal vez si precisamos algo de historia diríamos que tal día como hoy cumple la ermita 339 años, edificada en 1673 y consagrada a San Miguel Arcángel; quizás no sea baladí la elección de un emplazamiento tan alto para el Príncipe de los Arcángeles. De tal forma, la edificación fue ampliada en 1753 y como quiera que los franceses la echaron y derruyeron en 1812, hubo que reconstruirla siguiendo las trazas barrocas que tuvo en su día.

Fue el arquitecto Diego Sánchez, que concluyó el conjunto en 1828. En 1883, siendo Arzobispo de Granada Bienvenido Monzón, se le añadió el camarín que sobredimensiona el leve crucero de su planta de cruz latina y que destaca sobre el presbiterio. Todo el conjunto queda presidido por la Imagen de San Miguel, una interesantísima obra barroca de Bernardo de Mora, el padre de la famosa saga de escultores barrocos granadinos de los que descuella José de Mora, escultor real y creador de los tipos iconográficos más copiados y reproducidos de todo el barroco español.

El Patrón del Albaicín cuenta en su mismo barrio con la Iglesia de San Miguel, que para distinguirla de la que hoy nos ocupa, vino a ser denominada del Bajo. He de confesar que nunca entendí que una Iglesia creada en 1502, concluida en 1558 y que hasta 1842 fue Parroquia, por otra que llegó un siglo más tarde, necesitara apellido para ser conocida. Bastaría decir El Alto y San Miguel, para saber a cuál nos referimos. Sea como fuere, la devoción al Arcángel es de un constante arraigo en el Albaicín y en la Vega de Granada. Una nueva Parroquia vino a crearse en 1985 en el moderno Zaidín, recibiendo el nombre de San Miguel, con la feliz coincidencia por tanto de sumar así tres Iglesias distintas a una misma devoción; y a la postre, habrá que recordar que es muy celebrado, por ejemplo, en Armilla, de cuya población es patrón y protector.

Un espacio urbano idílico y una casi cuatro veces centenaria edificación que está hoy de aniversario; ¡y de fiesta su barrio!

El 29 de agosto de 1526 fue fundado el Colegio Imperial de San Miguel. 
El 29 de septiembre de 1673 se ofició la primera Misa en San Miguel el Alto.
El 29 de septiembre de 1675, el Arcángel se apareció a un vecino concitando desde entonces toda suerte de devociones entre los albaicineros. 
En 1679, 1756 y 1871, recibió los mayores despliegues de veneración, acudiendo a esta Imagen ante la peste bubónica, la plaga de langosta y en la fecha mencionada de 1871, para que protegiera al Ejército español de la sublevación de los marroquíes que cercaron Melilla y pusieron en jaque a nuestras tropas. 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Blas de Lezo


Ya les pasó en Cádiz, cuando su rey Carlos I (veíamos ayer) se las juró a España y le iban saliendo derrotas por doquier. Teníamos que haber aprovechado y lanzarnos rumbo a Albión. Lo que no supo hacer Felipe II tal vez le hubiera salido a su hijo, en el momento en que los Estuardo estaban con la capa roída pensando en llenar paredes de las reales viviendas con lienzos de Van Dyck.

Y de repente aparece don Blas de Lezo. En 1704 no llevaba el “don” en su carta de presentación, pero sí el don de la marinería bélica. Y cuando los ingleses pretenden hacerse, un 24 de agosto, con Vélez Málaga, con casi 23.000 hombres y más de 3.600 cañones, Blaz de Lezo les causa 2.700 bajas y gana el conflicto naval. Ahí perdió una pierna que hubo que amputarle por debajo de la rodilla pasando a la historia con los sobrenombres de “patapalo” o “mediohombre”. Y gracias que siguen dando los ingleses. Porque de conservar en vida sus dos piernas, la columna del Almirante Nelson en Trafalgar Square estaba hoy dedicada a Lola Flores.

Poco después se la vuelve a hacer a los ingleses, primero en Peñíscola y luego en Palermo, aún parte de nuestro Imperio. Cumplió la orden de ir limpiando el Mediterráneo de barcos ingleses, incendió los navíos británicos que asediaban Barcelona y en el Asedio a Tolón de 1707, pone en jaque a los barcos deL Imperio de los Habsburgo, a los ingleses, a los holandeses y a los de Eugenio de Saboya, que antes se encargó que una esquirla le arrebatara el ojo izquierdo y la visión para siempre. Cojo y tuerto. Pero con una intratable condición: ser español. ¡Para desgracia de ingleses!

No quedaba un rincón español que, durante la Guerra de Sucesión, (el término Secesión, erróneo y mentiroso, se lo inventó un catalán que no llegó a terminar los estudios primarios) no hubiera conocido de sus hazañas, por lo que Francia requiere sus servicios. Al frente de la defensa marítima de Rochefort (en la zona atlántica del país galo) apresa 10 barcos ingleses. El enemigo triplicaba en número a los barcos de Blas de Lezo y a pesar de todo, éste ordenó hacer la famosa maniobra española: se cañoneaba desde muy cerca arrimando el barco al del enemigo, para lanzar garfios y asaltarlo, instante en el que a borda del navío inglés, se iniciaba la lucha cuerpo a cuerpo de la que históricamente, ningún marino inglés, frente a un español, salió con vida. Dicen las crónicas que cuando la flota que mandaba John Combs vio que Lezo ordenaba el asalto, entró en pánico.

Para acabar con todo atisbo de rebelión, en el Asedio de Barcelona, una bala le golpeó fuerte en un brazo. Y hasta el día de su muerte, esa mano fue inhábil, por lo que don Blas, tuerto, manco y cojo, en el siglo XXI estaría condenado a chupar del Estado; en el siglo XVIII, cuando a los españoles les quedaba honor en las venas, aún estaba preparado para darle más y más a su Patria.

En 1720 arriba al Nuevo Mundo. Su acometido es limpiar de piratas las costas de los Mares del Sur. Eso que los norteamericanos, anglosajones ellos, han vendido edulcoradamente como “corsarios” de Su Majestad en la saga de “Piratas del Caribe”. En los distintos largometrajes, el honor inglés, si acaso la gallarda compostura de sus oficiales, da gusto. Las menciones que se hacen a los españoles son escuetas y desde luego, forzadamente mentirosas. Porque no se dice nunca que durante siglos, los piratas ingleses huían porque se les iba la piel en ello cuando veían la Cruz de San Andrés de los españoles, luego la carabela rojigualda. Allí llegó Blas de Lezo para que, por ejemplo, el pirata inglés John Clipperton, huyera, fuera capturado y ajusticiado.

Muchos hombres como él nos harían falta ahora, como cuando Génova quiso tomarle el pelo a España. Y allí se presentó Lezo con sus barcos exigiendo el pago de 2 millones de pesos que llevaba nos debían. De modo que enseñando a sus autoridades un reloj, les dijo que en unas horas quería el dinero y un homenaje a la bandera de España o abriría fuego. Y los dos millones llegaron de sopetón. Y los genoveses tuvieron que hacer homenaje a la Bandera, entonces, la Cruz de San Andrés o de Borgoña sobre el fondo blanco.

La vida del invicto y heroico don Blas es imposible de resumir: Orán, la victoria sobre el pirata turco Bay Hassán, el triunfo en Argel, el de Cartagena de Indias. Y luego, el fabuloso episodio de la Guerra de la oreja de Jenkins, que tampoco cuentan los cineastas norteamericanos. Ocurrió que el corsario inglés Jenkins colmó la paciencia del capitán de navío español Juan León Fandiño, después de meses pirateando por las costas de Florida. Fandió rindió la nave corsaria inglesa y le cortó la oreja al hijo de la Gran Bretaña, que se marchó hasta Londres humillado y derrotado, para exponer sus quejas ante la Cámara de los Lores, al tiempo que enseñaba, al tiempo que hablaba, la oreja cortada descansando sobre la palma de su mano.

Los ingleses mandaron a Vernon, envalentonado por una victoria en Panamá, capaz de retar a Blas de Lezo. Y se presentó ante Cartagena de Indias con 24.000 marinos y otros 4.000 soldados de refuerzo bajo las órdenes nada menos que del hermanastro de George Washintong, futuro “padre de la patria estadounidense”. Con una flota de 186 barcos, nunca antes se había visto tal despliegue bélico en el mar. Basta decir que los esfuerzos de los ingleses, superaban en 60 barcos a la famosa Armada Invencible de Felipe II. Y los británicos estaban tan convencidos de su segura victoria que mandaron acuñar monedas y medallas conmemorativas que decían: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «El orgullo español humillado por Vernon»...  Pero quién ríe el último ríe mejor; y ahí estaba BLAS DE LEZO.

Con sólo seis barcos frente a 186, los ingleses cayeron humillados, derrotados y hundidos por la flota española. 2.800 hombres al mando de Lezo frente a casi 28.000 ingleses. Y fue tal la derrota que el Rey de Inglaterra, Jorge II, prohibió hablar de ella, prohibió que se escribieran crónicas alusivas al hecho, mandó destruir las medallas y las monedas, ordenó, prácticamente, que el pueblo se olvidara de aquello como si nunca hubiese ocurrido. Mientras huía colosalmente derrotado, el almirante inglés Vernon gritaba al viento: «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga Lezo!). Y nuestro Blas de Lezo, nuestro guipuzcoano, le mandó una carta que ya figura en la HISTORIA: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir”.

Así fue como España mantuvo, hasta 1805, el dominio sobre el mar, que luego se quedaron los ingleses. Así fue cómo, durante más de tres siglos, los siete mares del Mundo le pertenecieron a los españoles. De modo que esta es la historia de CUANDO INGLATERRA TEMÍA A ESPAÑA.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cuando Inglaterra aprendía de España.


La situación geográfica de las Islas Británicas ha sido determinante en muchas cuestiones políticas y bélicas, pero también en la homogeneización cultural que mediante aportaciones y enriquecimientos de unos pueblos hacia otros, vivió el Mundo Occidental desde el siglo X a nuestros días. El aislamiento de las islas ha repercutido en el mundo del arte de una forma clara: les costó mucho más relacionarse con los mercados de producción artística que estaban en boga, siendo la potencia europea que en cuestiones de arte más atrasada estuvo hasta el siglo XIX.

La Alta Edad Media tiene poco de reseñable, salvo el trabajo decorativo gaélico. La Baja Edad Media, se caracterizaría por la perfecta asimilación del gótico, el estilo nacido en Francia, recrecido en el Centro de Europa y perfeccionado por Italia, actual país cuyo conjunto de Estados entonces, inventaría el Renacimiento, el Barroco o la ópera, y que junto a España son las naciones del Mundo con mayor patrimonio histórico.

Inglaterra, a lo suyo. Era una nación arcaica, pretérita y medievalista, que durante el reinado de Isabel I se había enzarzado en perseguir a los católicos, aniquilando cualquier huella de Roma y especialmente a los seguidores de Cristo que practicaran la fe Apostólica que encabeza el sucesor de Pedro. En Escocia, que aún no formaba parte del “reino unido”, gobernaba la católica María. El Estado, bien entrado el siglo XVI, era una muestra de arquitecturas que hacía casi un siglo que no se llevaban a cabo en toda Europa. Mientras España estaba enterrando a las que desde 70 años antes eran sus “águilas” como Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloe, Alonso de Berruguete o Pedro de Machuca, la blanca Albión llevaba décadas, casi un siglo de atraso.

En 1626 subía al trono Carlos I, ya unificados bajo el cetro de los Estuardo las coronas de Inglaterra y Escocia. Fue un niño subdesarrollado, el más bajo de los reyes ingleses, que no podía caminar o hablar a la edad de 3 años y que al ser coronado su padre Jacobo (I de Inglaterra y VI de Escocia), lo dejaron en Gales al cuidado de enfermeras y criados porque se temía que el viaje dañara su frágil salud. Antes de su coronación, en 1623, formó parte de la expedición diplomática que viajaría hasta España para buscar una alianza con nuestra nación mediante un eventual matrimonio con la hija menor del Rey Felipe III, la infanta María Ana.

El enlace nunca se celebró, debido a que la corona española exigió la conversión del príncipe de Gales al catolicismo. A su vuelta a Inglaterra en octubre, tanto Carlos como el duque de Buckingham exigieron al rey Jacobo que declarara la guerra contra España. Pero lo cierto es que este viaje del futuro  Carlos I a Madrid será determinante en su posterior interés por el arte, afición a la que destinó cuantiosas sumas y que en parte le acarreó su creciente impopularidad y que serviría para que al fin, con más de un siglo de retraso, la capacidad creativa europea llegara a las Islas Británicas.

De su actividad bélica contra España hay que destacar el ataque naval contra Cádiz en 1625, que fue un estrepitoso desastre con buenos resultados para España. Los ingleses nos declararon la Guerra en 1624 y no concluyó oficialmente hasta 1630, pero sólo se atrevieron a disputarnos esta batalla;  aunque lo cierto es que a la Defensa de Cádiz se le sumaron otras operaciones militares muy exitosas como la reconquista de Salvador de Bahía en la costa brasileña, la rendición de Breda en los Países Bajos, Génova o la recuperación de San Juan de Puerto Rico, victorias que contribuyeron a restituir la reputación de España en el mundo. Seguíamos siendo la Nación más poderosa del Mundo.

Carlos I en su viaje conoció a Rubens; es indiscutible que gracias a los españoles, nació el primer edificio barroco inglés y la relación artística entre la monarquía británica y el prestigioso pintor flamenco, al que después le sucedió Van Dyck. El rey Carlos I de Inglaterra quiso posar como el Conde-Duque de Olivares, al ver el famoso retrato y los frescos a la hispana, empezaron a llegar a la famosa “Casa de Banquetes” de Londres. España, vencía a Inglaterra en la guerra, Y EN EL ARTE. 


P.D. El genial pintor barroco y muy católico Pedro Pablo Rubens, que además fue embajador al servicio de la Corona de España, se dejó seducir por los encantos de la broma, al representar a Jacobo I, padre de Carlos I, como un rey a la usanza católica y con elementos que lo definieran como Santiago Apóstol, catolizando por tanto al monarca anglicano. Y para la posteridad, España enseñó a Inglaterra los gustos por el barroco (que tan tímidamente había propuesto el arquitecto británico Íñigo Jones) y además, disfrazó la "nueva religión cristiana" de los ingleses, de catolicismo. 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El Ecce Homo de Borja


Elías García Martínez fue un pintor, que dicho desde el mayor de los respetos, ocuparía una secundaria posición creativa y cualitativa en el mundo del arte. Nacido en 1858, su obra es un compendio de características academicistas con el cultivo de multitud de géneros y especialmente, bajo el estilo del revival o revisión del gusto por lo clásico, donde el neobarroco será sin duda el movimiento más pretendido. En la recta final de su vida y de su producción artística, realizó en óleo, directamente sobre el muro del Santuario de la Misericordia de la población aragonesa de Borja, una pequeña pintura de 66 x 40 centímetros que representa el busto de Cristo toda vez que ha sido sometido a la tortura y burla de la soldadesca romana mediante su coronación como rey de los judíos, que iconográficamente nombramos como Ecce Homo (“aquí tenéis al Hombre”) en recuerdo de las palabras que el Gobernador romano de la provincia de Judea espetó al pueblo hebreo en un intento por salvar a Cristo de la condena a muerte que procuraron los judíos (Jn, 19:5). Pero lo cierto es que Elías García Martínez no fue el creador de este arquetipo religioso, sino que la paternidad le corresponde al pintor barroco italiano Guido Reni, que creó iconológicamente el trasunto religioso y que se difundió por los grabados románticos del alemán William French; en concreto, una de las múltiples obras sobre el Ecce Homo de Reni se conserva en la pinacoteca de Dresde, la Gemäldegalerie Alte Meister o Galería de pintura de los maestros antiguos, creada gracias a las colecciones reales de los Príncipes Electores de Sajonia. En la imagen de arriba, pueden ver el modelo original del boloñés reni.

El 7 de agosto de este 2012 se dio a conocer una controvertida intervención que una anciana de la localidad practicó sobre la obra del Santuario de la Misericordia, a efectos de paliar la delicada conservación que el Ecce Homo del primer tercio del Siglo XX presentaba, con la connivencia del sacerdote que atiende espiritualmente la Iglesia y de la Asociación Pública de la Iglesia Católica que regenta el Santuario. Sin conocimientos de restauración y probablemente sin maña creativa, el resultado es ampliamente conocido en medio Mundo, que a través de los medios de comunicación se han hecho eco en los casi dos últimos meses del resultado final de esta controvertida intervención de la ciudadana Cecilia Giménez, que a pesar de lo que pueda pensarse, ha sido bien humorística o irónicamente, muy bien entendido por la ciudadanía. Hay que precisar que desde el punto de vista artístico, teniendo en cuenta que no podemos hablar siquiera de originalidad en la obra de Elías García Martínez, tampoco de méritos técnicos en su ejecución, por lo que más allá de los valores históricos (fijados en menos de 90), no podemos hablar de evidentes daños al patrimonio histórico, si acaso, la actuación de la octogenaria vecina ha de servir para que los responsables directos de la conservación del patrimonio pongan todo el interés posible en la preservación de los bienes culturales y si éstos lo necesitaran, en la restauración de los mismos por personas cualificadas. O dicho de otro modo: en agosto de 2012 fue una obra de escasa entidad y valor histórico-artístico, pero el vasto patrimonio religioso (que supone casi el 90 % del patrimonio español) de nuestra Nación, puede verse en muchas ocasiones, tan comprometido como este Ecce Homo, con el temor a que se produzca un desmán irreversible en piezas que sí sean capitales.

Pero ajenos a la polémica de la intervención, la mano “pseudo artística” de Cecilia Giménez se ha convertido en un reclamo económico, turístico y exponencialmente artístico, teniendo en cuenta que desde el pasado siglo, toda producción humana que despierte interés, promueva discusión, genere debate, provoque o haga pensar, pasa por arte aunque no todos entiendan la obra. ¿Será verdad que ha creado una genialidad Cecilia? ¿Ha podido una señora de considerable edad y nula formación artística colarse en el mundo del arte contemporáneo por méritos propios? Mi escepticismo me llevó a pensar que se dejó influir por obras capitales hasta encontrar este esbozo que sirvió de pintura preparatoria al gran Leonardo, antes de efectuar su famoso “Cenacolo” o “Última Cena del Monasterio dominico de las  Gracias de Milán entre 1495 y 1497, tal y como ven en la imagen de arriba.

Hemos descubierto que Cecilia es una apasionada de la obra de Leonardo. La última contribución artística de da Vinci, que quedó en manos del rey francés Francisco I, ha visto cómo en los últimos años le salían reproducciones, quizás obras del mismo Leonardo y en definitiva, hermanas menores a Mona Lisa. Es el caso de la Gioconda del Prado de Madrid, pero lo que muchos no sabían (y sí conocía Cecilia) es que Leonardo habría de adelantarse varios siglos al expresionismo pictórico alemán y crear un retrato de una dama florentina de finales del siglo XV con un indudable androginismo como vemos en la imagen de arriba.

En 1628, Diego Velázquez pintaba “El triunfo de Baco”, que ha venido a ser reconocida mundialmente como “Los Borrachos”. Fue un encargo del Rey Felipe IV, cuando el artista sevillano, posiblemente uno de los mejores de la Historia Mundial del Arte, fue nombrado pintor regio o de cámara. Lo que hasta el momento desconocían todos los historiadores del arte es que Velázquez tuvo un proceso de codificación para llegar a conclusiones contemporáneas y que supo aplicarlas a la escena mitológica. Sin duda, Cecilia ha bebido de este “dibujo preparatorio” del pintor barroco que le sirvió y de qué manera para su Ecce Homo.

Muchos creen con vehemencia en los secretos ocultos que puede encerrar el arte, y que “El Código Da Vinci” del estadounidense Dan Brown desveló en su momento. Al parecer, alguna logia masónica ha sabido proteger desde antaño la iconografía cuasi divina de un ser antropomórfico de difícil descripción y analogía humana que se ha venido a colar en la obra de los mayores genios de la humanidad. El inmortal Francisco de Goya pintó al óleo sobre revoco, en 1819, en la pared de su “Quinta del Sordo”, “Saturno devorando a un hijo”. Primero, hay que precisar que el Ecce Homo del Santuario de la Misericordia de Borja es también un óleo sobre revoco. Y lo más interesante es el descubrimiento que se ha hecho de un lienzo preparatorio, un bosquejo de la trascendental obra de Goya, que sin duda nos vuelve a poner sobre la pista de la inspiración de nuestra protagonista Cecilia Giménez.

La industria del cine supo de estos intentos por esconderle al Mundo la figura casi mesiánica de este personaje que nos cuesta describir. En 1924, Columbia Pictures Corporation recibió la información apropiada. Fue entonces cuando los hermanos Harry y Jack Cohn, así como el tercer propietario, Joe Brandt, se lanzaron a remozar la imagen de la productora cinematográfica. Junto al fichaje de Frank Capra que rodaría para los estudios “Sucedió una noche”, ganadora de cinco Óscar, llegarían títulos y actrices de ensueño. Fichó por Columbia Rita Hayworth, compran la división de dibujos animados de Hanna-Barbera y se une Sony al proyecto. Pero les faltó valor para colocar el símbolo que a priori, iba a distinguir al estudio y que ven en la imagen de arriba.

Y cuando en 1921 se proyectó el Cristo Redentor sobre el Monte Corcovado de Río de Janeiro, para celebrar el I Centenario de la Independencia de Brasil, el proyecto original que presentó el escultor francés Paul Landowski fue el que ven arriba. Al final, cambió el rostro, amedrentado porque se pudiera conocer este secreto centenario que habían conseguido mantener en la más estricta de las privacidades genios como Leonardo, Goya o Velázquez. Y las 1.000 toneladas de hormigón que dan vida a los 38 metros de altura del Cristo, quedaron muy distintos al proyecto original.

Afortunadamente, este Mundo se cree los libros de ficción de Dan Brown o que Cristo estuvo casado, aunque se ha demostrado que el último papiro encontrado hace una semana, es falso, una copia textual de varios documentos con errores de transcripción y de interpretación. Digo esto porque la credulidad de la gente me permite escribir con tranquilidad de este secreto tan bien guardado que Cecilia Giménez ha revelado sin darse cuenta. La anciana es heredera de toda una larga y centenaria lista de “iluminados”, un conjunto de masones muy poderosos que dominan el Planeta sin que nadie lo sepa ni lo sospeche; después de tantos esfuerzos porque no se supiera que autores y productores cinematográficos tan poderosos e importantes formaban parte de este selecto club, le ha podido la vanidad y ha terminado por revelar algo que estaba tan bien custodiado. Una de las pruebas irrefutables es la adhesión a esta logia de conocimiento que tenían los Jackson Five. He aquí la explicación de los triunfos de Michael Jackson en el Mundo de la música; de no ser por la sabiduría arcana que le transmitieron al autor pop, nunca hubiera inventado su particular baile. La imagen de arriba lo demuestra.

Sé que estoy siendo excesivamente valiente al contar todo esto. Y más lo que viene a continuación: el oscarizado Steven Spielberg, que se le considera como uno de los padres de la ciencia ficción, formó parte de este “grupo selecto y secreto” y conocía el poder del icono. Fue así como pudo dirigir y producir en 1982, “ET el extraterrestre”. Hay una escena famosa en la que el protagonista infantil, el niño Elliot al que da vida Henry Jackson Thomas, Jr. logra que escape su amigo interplanetario montado en la cesta de su bici. Lo cierto es que se ha encontrado el montaje original de la película y vemos cómo Spielberg se atrevió a rodar la escena con los protagonistas originales. En vez de Henry Thomas, un actor de 11 años, la protagonista iba a ser Cecilia, entonces de 50 años. Algún poderoso impidió que el Mundo conociera la verdadera historia y ha quedado sepultada durante 30 años, bajo el camuflaje de una amistad entre un niño y un extraterrestre, pero algún día llegaremos al fondo de la cuestión.

Quiso ser valiente la televisión estadounidense NBC y su productor Paul Fusco. Y quiso, en 1986, sacar a la luz todo este misterio que desde el renacimiento florentino estaba presente en el Mundo. Pero alguien con mayores influencias cortó de sopetón la investigación periodística de la NBC y obligó a que la cadena cambiara la serie de capítulos que iban a contar uno de los secretos mejor guardados de la Historia de la Humanidad para transformar todo este extenso reportaje en una serie de humor que parodiaba a la película “E.T.”. Y fue así como nació “Alf”, emitido desde 1987 a 1990 y con un total de 102 capítulos.

Y llegamos a julio de 2012. La última conocedora de tamaño secreto quiere al fin revelarlo. ¡El Mundo merece saberlo! Más que nada, por si la predicción maya acierta y en unos meses se acaba la humanidad. Esto fue lo que movió a Cecilia Giménez a reproducir el “misterioso rostro” suplantando las facciones de Cristo tal y como Guido Reni las imaginó en su día y reprodujo el pintor requenense Elías García Martínez. Ella sí que conocía las obras nunca vistas de Leonardo, de Velázquez y de Goya. Conservaba el prototipo que Spielberg había hecho para la mencionada película. Pero aún así, le faltaba captar con absoluto realismo las facciones del “mágico icono”. Ojeando las páginas de una publicación de las llamadas “prensa rosa” descubrió al modelo perfecto, a la persona que podría perfectamente guiarla para dar a descubrir el “secreto mejor guardado” de la Historia. Y en efecto, Francisco José Rivera Pantoja, que antaño conoció España como Paquirrín, se prestó para acabar inmortalizado en los muros de una Iglesia católica. El entuerto se iba deshaciendo poco a poco. La Humanidad, conocía el mayor secreto, más impactante que el muy autorizado libro de Brown, más que cualquier otro mensaje cifrado, oculto e impensable que jamás antes hubiera tenido lugar.

P.D. Habrá tontos (me juego un dedo) que leyendo nombres y fechas verdaderas mezcladas con un poco de inventiva, se hayan planteado qué hay de verdad en todo esto. Teniendo en cuenta que para buscar las fotos y hacer el texto he empleado menos de 50 minutos, no está mal. Con un par de años, lo de Brown se me queda a la altura de una alpargata y consigo que medio mundo se crea que Cristo fue el padre de la Abeja Maya. Pero ahora que recuperamos la seriedad perdida a partir del tercer párrafo de esta entrada, será bueno que tengamos en cuenta que no todo es disculpable. Por muy anciana que sea. Quien ha recomendado a la señora que después de observar cómo se hace negocio con las 3.000 visitas semanales que tiene “su” Ecce Homo ha de pedir derechos de autor, amparada en la propiedad intelectual, que le recuerde que un atentado contra el patrimonio se paga caro. Con medidas de este tipo y directores de cine como Álex de la Iglesia diciendo que la obra de la anciana de Borja forma parte ya de la cultura pop de este país, elevando a arte y si me apuran a cultura, la incapacidad cultural y artística de alguien sumergido en la senectud, no me extrañaría nada que, de aquí a poco, la imagen de arriba pueda pasar. A fin de cuentas, la imbecilidad es la tónica habitual de este país.

Y A IMBÉCILES INTEGRALES, NO NOS GANA NADIE.