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viernes, 31 de agosto de 2012

Al pie del cañón

Era la joven mujer de 24 años de un cabo de artilleros que defendía aquel 1808 la ciudad de Zaragoza de las tropas invasoras de Napoleón. Los cañones españoles intentaban disuadir al enemigo de entrar en la capital del Ebro apostándose junto a la Puerta del Portillo de la ciudad maña. La joven Agustina ni era aragonesa ni zaragozana, sino catalana de Reus, pero de apellido Zaragoza. Vamos, la de Aragón. Aquel día, como todos, Agustina llevaba la comida a su marido, encontrándose con la dantesca escena de los cadáveres de los soldados españoles, heridos o muertos todos por los disparos de los asaltantes. Sin nadie que estuviera dispuesto a disparar, una y otra vez los cañones que estaban al filo de la célebre puerta de entrada a Zaragoza, la ciudad estaba vendida, entregada a su suerte.

Agustina soltó los avíos de la comida y le quitó de sus manos muertas a un artillero, una mecha. Hizo disparar el cañón y esperó estoicamente, arriesgándose a recibir un balazo enemigo al pie mismo de la pieza, hasta que otros defensores zaragozanos empezaron a llegar, alentados por la muerte de los soldados del Portillo, y ocuparon sus lugares.

No vamos a entrar en la heroicidad del gesto ni en sus esfuerzos posteriores arengando a las tropas españolas. Su sentido patrio está fuera de todo lugar, desde luego. Porque para lo que nos sirve esta hazaña de Agustina, es para comentar la expresión que encabeza este texto y que significa la actitud de una persona cuando a pesar de lo comprometido o difícil de una situación se mantiene firme; o que por muy esforzada que sea su tarea, no la abandona hasta concluirla.

Agustina de Aragón, sin comérselo ni bebérselo, estuvo al pie del cañón. Y hoy día utilizamos la frase como herencia de lo militar, ya que los artilleros españoles tenían encomendada la tarea comprometida y arriesgada de cargar y disparar el cañón, pero sobre todo, de aguantar el fuego enemigo, fuere cual fuere el resultado, aún a sabiendas de que es su posición en el campo de batalla era una de las más peligrosas. Y estaban al pie del cañón, aunque les llevara la vida en ello. 

jueves, 30 de agosto de 2012

Mucho ruido y pocas nueces

La superioridad del ejército español desde finales del siglo XV y hasta los comienzos del siglo XVII con respecto a cualquier enemigo es una realidad que constata la historia. El perfeccionamiento técnico, el hábil empleo de la artillería, la disposición estratégica de los cuerpos de combate y la pericia de sus comandantes, curtidos durante siglos en una Guerra de Reconquista de casi ocho siglos de duración, podrían explicar groso modo la aplastante capacidad bélica de España.

En 1597, el Gobernador de los Países Bajos en nombre de Su Católica Majestad Felipe II, oye el plan que el comandante de los tercios españoles, Téllez de Portocarrero, ha ideado para tomar la ciudad de Amiens, en la frontera con las posesiones hispanas y que forma parte del país enemigo por excelencia: Francia. El plan consistía en ocultar de la mejor manera posible a 500 soldados de infantería dividiéndolos en pequeños que se apostarían cerca de la ciudad.

El señuelo lo practicarían 30 soldados que, revestidos y camuflados como simples campesinos, quisieran entrar en Amiens con el propósito de comerciar en el mercado local. Aquel 11 de marzo, los supuestos labradores entrarían empujando un carro lleno de nueces, que "accidentalmente" tendría que volcarse justo al lado de la puerta principal de la ciudad. Mientras, parte de este particular “contingente espía” se dedicaría a armar alboroto intentado recoger las nueces y un tercero, haría lo posible para atrancar el sistema de cierre de las puertas, permitiendo así que los guardias no pudieran reaccionar justo cuando los 500 soldados de la infantería española se precipitaran al asalto de Amiens.

En menos de media hora, todo había salido como se previó y la localidad francesa estaba bajo dominio español. Nunca fue tan fácil tomar una plaza y originó, de manera jocosa, el dicho de mucho ruido y pocas nueces, que hoy día empleamos para referirnos a una exageración de alguien que agranda la realidad, o a la facilidad para llevar a cabo cualquier tarea aunque el interlocutor quiera decirnos lo contrario.

Y es que, los Tercios Españoles, ganaron medio Mundo para nuestro Reino y dejaron un amplio poso cultural a nuestra lengua. Y además, desde entonces, a los ciudadanos de Amiens aún se les llama los “come nueces”. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Tirar la casa por la ventana

Siempre que alguien realiza un estipendio económico por encima de sus posibilidades o cuando asistimos a algún evento donde no se ha reparado en gastos, la castiza expresión sale sola por la boca. Pero su origen es de nuevo de comprobado suceso histórico, remontándose al primer cuarto del siglo XIX, cuando se había popularizado definitivamente el Sorteo Nacional de Lotería, que creó el Rey Carlos III por Real Orden por influencia del juego que se practicaba en Nápoles, reino del que nuestro Carlos fue monarca antes de subir al trono español. Por cierto que, aunque no venga al caso, no estaría de más reconocer todo lo que introdujo, modernizó, renovó, saneó y dio a España Carlos III.

Pero volviendo a la Lotería Española, su nombre original fue Primitiva. La primera vez que se celebró fue un 10 de diciembre de 1763 pero su popularidad no arraigó hasta el año 1811, cuando en aquella España que aún estaba sometida por los invasores franceses, con el objetivo de recaudar de manera extraordinaria fondos económicos para las arcas nacionales y para continuar la Guerra de la Independencia, se firmó su acta de fundación un 25 de noviembre de 1811 en el único pedazo de tierra española que no pudieron tomar nunca los de Napoleón: Cádiz.

Bajo el nombre de Real Lotería Nacional de España, se celebró por vez primera el 4 de marzo de 1812 sólo en Cádiz y San Fernando. Luego, se extendió a todo el sur de España y al fin, el 28 de febrero de 1814, Madrid acoge el sorteo que es válido en todo el territorio nacional, ya libre de los franceses y con Fernando VII en el trono.

En aquel Madrid castigado infinitamente por la Guerra, tocó la lotería. Y la modesta familia que se vio sorprendida por tal golpe de suerte, no tuvo otra feliz idea que desprenderse de todo el modesto, paupérrimo y penoso patrimonio doméstico, un sencillo y desportillado ajuar de casa, tirando viejas cacerolas y muebles casi inútiles por la ventana. De alguna manera, la práctica tuvo que ser común en todos aquellos que se vieron agraciados con el premio de aquella lotería de hace un siglo, de forma que se adoptó la frase como recriminación a quienes, de repente, gastan de manera irracional o dan muestras de un estipendio sin precedentes. 

martes, 28 de agosto de 2012

Pagar el pato

La persecución social, a veces también personal, del pueblo judío, es una realidad tristemente constatable en la historia de la Humanidad, quizás iniciada por el pueblo romano y avalada por las distintas esferas de poder de toda Europa a lo largo de los últimos 2.000 años. Sería muy difícil entrar en valoraciones al respecto de por qué los hijos de Israel han despertado tanto odio, irrefrenable, asesino e inhumano allá donde han estado, pero sólo hace falta un repaso histórico para habilitar el pensamiento que dice que los hebreos, con musulmanes, cristianos, comunistas, nazis o nacionalistas o paneuropeos, han sido el pueblo más masacrado, perseguido y asesinado de la historia. Y conste que no nos toca a nosotros hablar ahora de eso, ni por supuesto valorar que en estos tiempos, son ellos los perseguidores y asesinos para con el pueblo palestino. ¡¡¡SEAMOS SENSATOS!!!

La Ley de Moisés es la Tora (como acepta nuestro Diccionario, o Torah/Torá si lo prefieren). Y desde la expulsión del pueblo judío de España, como vimos hace unos días en esta Alacena, mediante el Decreto de la Alhambra que formularon los Reyes Católicos, ni se extinguió su poso cultural, ni desapareció por completo su presencia en nuestras tierras, ni el odio ancestral hacia sus modos sociales desaparecieron del colectivo español. Convencidos que por Tora entendían los judíos la adoración privada de un becerro de oro, el vocablo hebreo “pacto”, que deriva del rito del “Berit Milá”, el pacto de palabra que como recogen las Escrituras hicieron los israelíes con Yavhé y que para asegurarlo y confirmarlo no es otra cosa que la práctica de la cricuncisión, fue objeto de la demonización cristiana durante el siglo XVI y las centurias que lo siguieron.

Al oír hablar de pacto, la irascibilidad cristiana confundió, como con el término Tora, el rito milenario judío también con un animal: “con un pato”. En ese intento visceral por calumniar todo aquello que se separara de la verdadera religión y movidos por ese intento de justificar que el pueblo judío, “asesino de Cristo”, seguía desde entonces intentado desestabilizar la sociedad cristiana en la que “mal convivían con los cristianos”, nació la expresión “pagar el pato” haciendo alusión a la pública persecución de los hebreos que ocultamente seguían practicando su fe y que tomando parte de su cultura (el pacto del pueblo con Dios), habrían de pagar, por esa osadía, y qué mejor manera que añadiendo los términos que desconocían y que interpretaban a su albur, como en esta ocasión.

El pueblo judío fue conducido cientos de veces a lo largo de los siglos de la Época Moderna española a la hoguera. La Santa Inquisición veía en todo, “causas de judaísmo”. Quemaba a los ciudadanos sospechosos de judaizantes, de seguir a Moisés y a la tradición de Israel, y tenían que pagar el pato, o lo que es lo mismo, les iba a costar caro mantener su cultura y su fe, el “pacto” con su Dios... Y en efecto, hoy día, cuando uno ha cometido alguna tropelía, se ha equivocado o ha errado mal, paga el pato, aunque pocos saben que su origen histórico es en definitiva, la historia misma de un pueblo que nunca tuvo paz y que, tomando sus “formulismos” culturales y religiosos, pagaría caro, (“pagaría el pato”) el atrevimiento de seguir siendo lo que quería ser: ellos mismo.

Luego, desde el fin de la II Guerra Mundial, a lo mejor Freud sabría explicar por qué el pueblo perseguido se convirtió en perseguidor... Pero esa es otra historia. 

lunes, 27 de agosto de 2012

Perogrullo

Hace seiscientos años que en Cantabria, la leyenda oral que se transmitía de padres a hijos la existencia de un personaje que el pueblo conocía como Pedro Grillo. En 1460 la tradición pasó a convertirse en un relato escrito por alguien que empleó el seudónimo de Evangelista y que le puso por título: “Profecía”. el protagonista, nuestro Pedro Grillo, es un charlatán que abusa de la oportunidad de hablar y que una y otra vez suelta en sus discursos incongruencias sin freno. A veces, lo que dice es de una lógica tan aplastante que parece que está intentando tomarle el pelo al interlocutor, pues bien, parte de esa novelita de 1460 que recoge toda la tradición oral del norte español queda reflejado en esta cita, que en el escrito dice el propio Pedro Grillo y que constata que cada vez que hablaba, era para decir simplezas o cosas ya conocidas por todos que no necesitan desde luego de explicación porque se caen por su propio peso:

El primer día de enero que viene, será el primer día del año [...] Este día amanecerá al alba”....

En Castilla, el personaje de fábula era Pero Grullo; era un personaje que existió realmente y que como en el Diccionario Nacional que se editó hacia 1850, era tal que así: “personaje extravagante que ha dejado una preciosa colección de sandeces, como estas: cuatro huevos son dos pares; la mano cerrada se puede llamar puño y aun de hecho se llama así; cuando no se tiene frío, es que se ha entrado en calor; al que le quitan la vida, de seguro le matan; el que gasta el último cuarto de su última peseta, regularmente se queda sin ella; casi se puede afirmar, sin temor de ser desmentido, que no ven objeto alguno los ciegos de nacimiento”.

Cuando Quevedo escribió, “Los sueños” en 1622, recopila 10 perogrulladas o frases propias de Pero Grullo (o Pedro Grillo) como las que siguen:

Muchas cosas nos dejaron
las antiguas profecías:
dijeron que en nuestros días
será lo que Dios quisiere.
Si lloviere hará lodos,
y será cosa de ver
que nadie podrá correr
sin echar atrás los codos.
Las mujeres parirán
si se empreñan y parieren,
y los hijos que nacieren
de cuyos fueren serán.

Verdades que se dan por ciertas y que han terminado originando la expresión, “perogrulladas”, para referirse a aquel que dice cosas obvias o simplemente, tonterías monumentales.

domingo, 26 de agosto de 2012

Los mismos perros con distinto collar

De los abusos del monarca español Fernando VII poco vamos a contar que no puedan conocer ya los habituales; que en 1814 entró a España tras la definitiva victoria sobre los invasores franceses, al grito del “Deseado”, y que s ele respeta en El Escorial por simple gentileza católica, también. Sí, fue un mal rey, hijo de un rey corto de entendimientos y nieto, cosas inexplicables, de uno de los mejores gobernantes de toda Europa y de los mejores de la dilatada historia española.

Fernando VII empezó diciendo aquella frase de “marchemos todos juntos y yo el primero, por la senda constitucional”. Se refería al respeto que tendría a la Constitución, la primera moderna del Mundo, la primera española, que en 1812 parieron los prohombres en Cádiz. Pero como dice el castizo, poco dura la alegría en la casa del pobre, y eso le vino a pasar a España. El caso es que en 1820. hartos de un rey felón que no había sabido defender el trono y lo que significaba, y mucho menos a España y a los españoles, la revuelta de ese año (insisto, 1820) instaura el conocido periodo del Trienio Liberal, donde se hacen concesiones, se respeta la Constitución y quedan recortados los derechos ilógicos para la fecha, del Rey. 

Pero Fernando VII hizo llegar a España un ejército formado por austríacos y franceses, por prusianos y soldados de cuantos reyes como él, creían que el regreso al Antiguo Régimen era necesario y justo. De forma que en 1823 entran los Cien mil Hijos de San Luis, dirigidos por el Duque de Angulema. Entonces, los soldados antiguos, proclives a los cambios, fueron sustituidos por unos nuevos, realistas y afines al nuevo rumbo que cogería España hasta la muerte del Rey (la Década Ominosa, de 1823 a 1833). Esperaba Fernando VII en la Plaza de Armas del Palacio Real de Madrid a pasar revista a los nuevos soldados. A los del Antiguo Régimen pero que sustituían a los otros. Y de repente, Fernando VII se queda totalmente sorprendido al ver que las caras de aquellos nuevos soldados eran las mismas que los antiguos, que los liberales que acababa de licenciar. El monarca se volvió hacia el gentilhombre de guardia y le comentó socarronamente: “Pues hombre, son los mismos perros con otros collares”. Y poco hay qué explicar sobre su significado y sobre cómo seguimos empleando la frase que pronunció, dicho sea de paso, el peor Rey de la historia de España, que por una vez en su penosa vida llevó razón.

P.D. Escribió en 1976 el escritor español que más libros ha vendido y que poseía uno de los humores y capacidades más inigualables, don Fernando Vízcaino Casas, “De camisa vieja a chaqueta nueva”. Pues bien, léanla, o simplemente, reflexionen conmigo: hay algunos que con tal de mantener el poder y el cargo, les da igual acostarse de una manera y levantarse de otra. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Comerse un marrón

Sí, hay expresiones que son feas; o que erróneamente como ésta protagonista de hoy, nos parece que son muy recientes, muy nuevas. La que nos ocupa es incluso confundida por el color que resalta, con algo escatológico, feo y vomitivo. Pero lo cierto es que tiene un origen centenario, casi remontado a la Época Medieval española y en nada se acerca ni mucho menos, a lo que el común de los españoles piensa, que la expresión “comerse un marrón entendida como afrontar inevitablemente un problema, deriva de... de... de las heces sí.

Un marrón es un tronco, una viga del último piso de las casas sencillas y populares de la Castilla centenaria. Allí donde se aposenta el trabajo de la cubierta del techo de la casa y con buena ventilación, se usa para curar los productos típicos de la matanza del cerdo, o bien para secar y airear otros que se usen luego en la cocina, como el pimiento, o la ñora, o el ajo. Y por qué no, es la famosa galería o piso superior de las casas de siempre del Reino de Granada, incluso de las señoriales y nobiliarias, donde, en vez de la francesa “buhardilla”, está el piso que es una despensa alimenticia de los habitantes de la casa.

Del marrón o viga maestra de esa cubierta del último piso, dado su grosos y resistencia, se colgaban herramientas, pesados jamones y todo tipo de cosas. De ahí que con el tiempo, se dijera que a uno lo habían cargado como a un marrón, (que lo habían inculpado de algo que no había hecho o que al final cargaría con las culpas de algo, como el marrón o viga carga con el peso) y derivara poco a poco en “comerse un marrón”. Pero tal vez por influencia francesa y como galicismo, puesto que la castaña, en Francia, es el marrón (glacé o no, eso es a gusto)... Y la castaña ha sido equivalente de problema, luego comerse una castaña o un marrón, era hacer lo propio con un problema.

Ya saben, se comen un marrón o cargan como un marrón, por aquellas viejas casas españolas, con sus vigas destinadas a aguantar y cargar. 

viernes, 24 de agosto de 2012

Tumbarse a la bartola

El 24 de agosto es la fiesta litúrgica de San Bartolomé, que como santo consagrado a sus efectivos cuidados hacia el mundo rural y porque la fecha en la que se celebra su onomástica coincide con el final de la cosecha de casi toda España, se tomó este día como jornada de descanso tras terminar las tareas agrícolas y se daba paso a la celebración de la recogida de los frutos y el fin de las labores de la recolección.

La fama de San Bartolomé inundó el mundo rural español durante siglos, convirtiéndose en la fiesta del santoral quizás más celebrada desde la Edad Media. Lo cierto es que tras el trabajo, llegaba el obligado y merecido descanso, por lo que hasta que no llegara el tiempo propicio para la nueva siembra, el jornalero español tenía tiempo de asueto, por qué no, de holgazanería dependiendo de la productividad de la cosecha y sería frecuente ver al padre de familia, tumbado a “lo Bartolomé”, que daría origen a la expresión, a la bartola.


Algunos también han querido ver en la representación iconográfica del santo, que murió mártir desollado por Roma, una comparación entre esta imagen del torso despellejado de Bartolomé y la imagen de holgazán durmiendo con la barriga al aire, luego se completaría el sentido de la expresión que no viene a significar otra cosa que holgazanear, despreocuparse, descuidar o abandonar el trabajo. ¡Pero merecidamente entonces, vagamente hoy!

jueves, 23 de agosto de 2012

Las paredes oyen

El 23 de agosto de 1572, vísperas de San Bartolomé, París ardió con una de las masacres más históricas que ha vivido el país vecino, que desde entonces se tilda como la Matanza de San Bartolomé, cuando los hugonotes, los calvinistas de Francia, fueron perseguidos y asesinados dentro del trascurso de la llamada “Guerra de Religiones” francesa. Pero dentro del odio entre protestantes y cristianos, lo que realmente movió a las persecuciones no fue otra cosa que la política, y toda ella originada entre los distintos partidos o facciones llamados a tener peso y poder dentro de la corte, de forma que cuando para conseguir fondos económicos para Francia, la Reina Madre Catalina de Médicis permitió que su hija se casara con un protestante, Enrique de Navarra, el futuro Enrique IV, nobleza y pueblo estallaron.

Estaba en contra el Papa, potencias aliadas, el Parlamento francés, la ciudad de París... para aquellos que hablan de historia a la ligera, bien les convendría saber que no se trató de la eliminación exclusiva de protestantes a manos católicas, sino de una guerra política que estaba buscando la conveniencia de todo un Reino. El gobernador de París sin  ir más lejos, justo después de aquel matrimonio que reprobaba todo el mundo, decide dejar su puesto e irse de la ciudad. Y así llegamos al 23 de agosto, cuando se produce un atentado hacia uno de los líderes protestantes, Gaspar de Coligny. Es ordenado por la familia Guisa, que estaba vengando la muerte del padre de la casa, Francisco de Guisa, asesinado por los Coligny.

Los Coligny eran enemigos de los intereses de España, porque los que tenía el reino español en los Países Bajos, recortaba los suyos; de modo que llevaba años preparando una revuelta contra España en la que entrara Francia, de modo que su país olvidara las disputas católico-protestantes y se lanzara a vengar las múltiples humillaciones que habían sufrido tras haber sido derrotados siempre por los Viejos Tercios Españoles. De modo que esta “matanza de San Bartolomé”, como vemos, escondía mucho más detrás. Pero es que además, el protestantismo en el poder francés, en definitiva, iba a abrir guerras europeas y nuevos conflictos.

De golpe y porrazo, a Catalina de Médicis le pareció que lo mejor para Francia y los franceses, y para la paz europea, era acabar con los cabecillas y líderes protestantes, de manera que en cuanto sonaron las campanas de la Parroquia de los Reyes, San Germán Auxerrois, al lado del Louvre, los hugonotes fueron progresivamente asesinados, hasta alcanzar los 5.000 en  todo el país. Para descubrirlos, en el caso de la Corte y los espacios reales, la reina empezó a sospechar de todos y se sirvió de un sistema de espionaje que consistía en practicar agujeros en las paredes y disimularlos mediante cornucopias, cuadros, molduras y tapices. Pero desde entonces, “las paredes oyeron”.

La historia termina de manera muy clara: el rey protestante y navarro, Enrique IV, ciego de codicia, decide que si su pueblo mayoritaria y casi totalmente es católico y quiere un rey católico, lo será... Y es así como nace la frase: “París bien vale una misa”. A España le quedaban unas pocas de décadas aún siendo la nación más imparable del Planeta, y Francia tragó con la fortaleza de nuestra Infantería y no pudo rascar nada en las IV Guerras de Religión. Y los protestantes franceses, demostraron que la causa religiosa es lo que menos importa... Ojo, no salvo de su culpabilidad a los católicos, pero los amantes de juzgar con premeditación y alevosía, a la ligera y de sopetón, relean la historia, porque la Matanza de San Bartolomé no fue como quizás crean ni por su origen ni  por su motivación.

Y al fin, 440 años después, cuando queremos hacer callar a alguien o prevenirlo de algo, seguimos recordando lo que pasó tal día como hoy y que desde la vecina Francia, se ha quedado ya formando parte de las expresiones de la cultura universal, porque, no me negarán, que las paredes oyen. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

Quedarse en cuadro

Un entrenador últimamente se queda en cuadro si hay mala racha con las lesiones en el equipo. Y ya les gustaría a los sindicatos y a los piquetes que las empresas se quedaran en cuadro, sin nadie, sin gente que atenderlas cuando se declaran estas últimas Huelgas Generales que tienen de democráticas lo mismo que de lógicas. Porque hay muchas formas de quedarse en cuadro y todas son sinónimo de quedarse pocos en el desempeño de una tarea o labor o de ver disminuida considerablemente el número de partícipes en algo.

Y como tantas cosas de nuestra cultura española, son herencia militar. A lo mejor hay que remontarse a los Viejos Tercios, aquellos que no les tosía ni los reyes de media Europa juntos, haciendo grande a España. El caso es que en una de estas, cuando el enemigo arrasaba a la división española, cuando hacían estragos los cañones defensores de las ciudades que de todas formas caían en nuestras manos o morían decenas de buenos hombres tras el disparo de las baterías enemigas, los comandantes españoles gritaban a los suyos: “¡quedaos en cuadro!”, o lo que es lo mismo, que aguantaran a pie juntillas, inalterables, inamovibles, aunque la muerte les rondara cerca.

Y seguimos quedándonos en cuadro. Pero sin el honor y las causas de entonces. De cuando nació la expresión. Aunque como en la foto de arriba, no todo está perdido...

domingo, 19 de agosto de 2012

Groucho Marx

Cuesta pensar que haya personas que se puedan morir. Más si prácticamente, tus recuerdos cinéfilos infantiles pasan por esa imagen suya tan particular y tan característica, tan única, creada a golpe de una vida de ingenio que es tan harto conocida, que lo único importante ahora es rendir homenaje al genio incombustible que nos dejó hace hoy 35 años y que ha venido a constituir una de las excepciones por las que todavía merece la pena tener fe en la humanidad. Por eso, tal vez lo más elocuente que se puede decir sobre él, sea lo que él mismo nos dejó, en esa colección inagotable de maestría y humor fino que hasta hoy nadie nunca ha podido repetir, que para muchos, es una compilación de sus frases célebres y que estoy convencido, es el corpus perfecto para vivir feliz y haciendo feliz a los demás:

“Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”.

“Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción”.

“Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho en su favor”

“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.

“El matrimonio es la principal causa de divorcio”.

“He tenido una noche absolutamente maravillosa. Pero no ha sido ésta”.

“La humanidad, partiendo de la nada y con su sólo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria”.

“He disfrutado mucho con esta obra de teatro, especialmente en el descanso”.

Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

“Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”…

"Bebo para hacer interesantes a las demás personas".

"Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente."

"La próxima vez que lo vea, recuérdeme no saludarlo."

"Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho." (Felicitación de Groucho a un amigo).


Lo que sí es cierto es que Groucho no hubiera sido nadie sin otro verdadero monstruo de la interpretación, un  pionero sin precedentes, el que inspiró cuando no, hizo posible que los Hermanos Marx tuvieran la posibilidad de hacernos reír mientras filmaban inolvidables películas para la Metro. Porque el humor casi ridículo, surrealista e inclasificable que Groucho llevó a las pantallas, se lo había visto antes al enormísimo Buster Keaton, relegado a guionista de "Un día en las carreras" o "Una noche en la ópera", entre tantas. Al final de sus días, fue el casi dios Billy Wilder el que lo rescató para hacer un pequeño papel en "Sunset Boulevard", o como la conocemos en España: "El crepúsculo de los dioses". En efecto, Groucho es un 40 %, Goucho. Tal vez un 30 %, Buster Keaton y un último 30 %, es el disfraz inmortal de Charles Chaplin. Ahora bien, hay que ser muy genio para resumir tanta excelencia y exprimirla como original, y eso sólo lo supo hacer el GRAN HERMANO MARX.

Y al fin, desmentir la atribución que le otorgan en relación a su epitafio: es mentira, su lápida no dice: PERDONEN QUE NO ME LEVANTE. Aunque si a alguien se le pudo ocurrir, sin duda, habría de ser el más inteligente de cuantos personajes ha dado el cine, Julius Henry Marx, Groucho para el Mundo. 

sábado, 18 de agosto de 2012

Federico García Lorca

¿De verdad para alguien puede ser interesante conocer dónde reposa Federico? Y sin que ello suponga levantar polémicas sobre la verdadera motivación y si me permiten, justificación de la memoria histórica, lo que sostengo y sostendré es que el poeta jamás murió desde el instante en que dio a conocer sus “Impresiones” y hasta que hace 76 años dejó el mundo.

Hoy vuelven a ser actuales aquellas comprometidas aseveraciones del profesor universitario de Granada, Fortes. Aquellas que decían con rotunda seguridad algo que malició media España, cansada ya de la manipulación política de la figura más trascendental que ha dado en siglos la poesía y la dramaturgia mundial, con el permiso de nuestros clásicos intemporales.

A Lorca, en efecto, lo mataron lo suyos. Si seguimos verso a verso a Machado, al inmortal Federico lo mataron los conservadores, tal vez aquellos que no vieron jamás con buenos ojos la posición social acomodada de la que siempre disfrutó, y por qué no, los que se negaron a que un adelantado a su tiempo siguiera fiel a la herencia católica, porque en efecto lo fue, más al estilo de lo que predicó el Mesías de Belén que lo que las mitras del año 1936 pudieran representar.

Hoy vuelve de nuevo a recordarse que “el crimen fue en Granada”, tal vez que “entre Víznar y Alfacar...” pero desde luego, que da igual, muy igual, donde descanse para siempre el mayor de los genios que dieron las letras hispanas del siglo XX, que tal vez den las futuras y uno de los más inigualables de todos los tiempos. Porque mientras quede alguien en este tiempo que coja uno sólo de los versos del de Fuente Vaqueros y lo lea, lentamente, casi a sorbos, seguirá tan vivo como cuando subía a la Xirgú a los escenarios a que el teatro español de todos los tiempos pasara obligatoriamente por sus textos.

Y los que viven de él, a su costa, ideológica y babosamente, dejen en paz al resto del Planeta con sus teorías y pistas de fosas comunes y otros disparates. Toca leerlo y no dejar de decir de él que pocos hubo y habrá como él, y no malgastar el mal contado dinero del contribuyente en buscar sus huesos, que fueron como un envoltorio de la verdad, esa vida única que se escapó, ahora que hacen 76 años, no importa dónde ni importa más que dejándonos sin la posibilidad eterna de averiguar, hasta qué lugar habría llegado, FEDERICO. Nuestro Federico. 

viernes, 17 de agosto de 2012

El Centro Federico García Lorca

Cierto; es el caos personificado, o dicho de otra manera: si esta plaza estuviera en algún otro lugar granadino, y no en las postrimerías de una de las arquitecturas religiosas más imponentes de España que inspiró a otras 8 catedrales más del Mundo, a escasos cien metros y pico del lugar de enterramiento de los 4 primeros Reyes de España o casi lindero al edificio Curial, vecina de la primera Universidad Granadina con más de 600 años de antigüedad... Pues estaríamos hablando de otra cosa.



Sí, cierto. Si uno se detiene en algunas de las arquitecturas del emplazamiento, sale encantado. Hay edificios de corte historicista, del llamado “revival” del gusto del siglo XIX y principios del siglo XX que especialmente por la continuación de la Calle Cárcel Baja hacia Trinidad (no deja de ser la Romanilla, vale, pero fuera del concepto de plaza propiamente dicho), presentan una buena planta, una imagen (falseando históricamente la realidad, todo sea dicho) que concita las fotos de miles de visitantes y de propios, por qué no.

El caso es que estamos en uno de los enclaves históricos más cuidados y más notorios de Granada. ¿Es el sitio por tanto para ubicar el Centro encargado de recoger todo el legado del inconmensurable Federico García Lorca y con una apuesta tan contemporánea? Desde luego, Granada necesita que en los polos de atención del turismo, se ubiquen los lugares destinados a ensalzar el rico patrimonio histórico y cultual que posee la ciudad. Lo que me parece paradójico es que un edificio como el extinto Banco de España no sea digno de un Museo, y sí se consienta que, con este mismo criterio (buscar el centro histórico, fomentarlo, enriquecer los lugares más transitados con sitios para la cultura), Lorca ocupe el corazón de Granada y además dentro de una arquitectura que apuesta por una contemporaneidad aplastante.

De la idea original que ganó ese concurso en cuyo jurado estaban, entre otros, Rafael Moneo y Alberto Campo Baeza, al resultado final, aunque aún no concluido pero externamente evidente, hay un trecho.

Y pueden ver el folleto que dieron en su día... Yo lo tengo claro; no es el lugar ni el edificio que debe ocupar. Pero bastante tenemos con los años de retraso, los más de 24 millones de euros que va a costar (si no aumenta, como ya lo hizo de casi 18,5 millones iniciales) sólo el edificio para luego equiparlo. Y mientras, el Museo de la Ciudad, con los fondo suficientes como para sorprender a propios y extraños, abandonado. Bien, bien. Pero la inoperancia de la clase política es tan manifiesta que el Centro Lorca es ya el monumento a la estulticia. Y como su problemática arroja, va a resultar que sí está en el sitio adecuado: en la plaza del caos de la Granada más céntrica e histórica.

Para que luego digan que “TODO ES POSIBLE EN GRANADA”