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martes, 31 de julio de 2012

Spain is different

Se aproxima agosto, el mes vacacional por excelencia de España. El mes de descanso no ya sólo de los españoles, claro, sino de cuantos nos visitan y constituyen, no sé si para nuestra fortuna o desgracia (porque ojalá no tuviéramos que depender del turismo y centrar en éste el sostén económico de la Nación), la gran aportación a nuestra economía (industria prima inter pares) y a nuestro maltrecho estado laboral.

El verano español estará ya unido a la frase que nació en el seno del Ministerio de Información y Turismo, aquella que encabeza esta entrada y que pasó de un eslogan estimulador para los visitantes y para los propios, a convertirse en la frase hecha que todo hijo de vecino suelta en el instante en que entiende que la España de charanga y pandereta que denunciaba Machado, vuelve por sus fueros y hace acto de presencia.

Pero mientras la inmensa mayoría piensa que el “Spain is different” fue una gesta intelectual de la cartera presidida por don Manuel Fraga Iribarne, que la ocupó entre 1962 y 1969, lo cierto es que tal vez fue heredada de su homónimo y predecesor en el cargo, Luis Antonio Bolín Bidwell, un abogado y periodista malagueño (1894-1969) que pasará a la historia por encargarse de alquilar el Dragon Rapide, el avión con el que arrancó la Guerra Civil y que además fue  consejero de información de la embajada de España en Washington, hermano de uno de los pioneros del turismo en la Costa del Sol (Enrique Bolín abrió un hotel en 1942) y tío del alcalde de Benalmádena que fomentó el turismo internacional a la costa malagueña.

Sería Luís Antonio Bolín el que acuñó el término que durmió el sueño de los justos hasta que Fraga y sus secretarios estatales, pusieron en boga la frase que se imprimió desde principios de los años 1960 por medio país, atestiguando que España era un destino capaz de ofrecer lo que ningún otro lugar del mundo podía dar. Acertado o no, tomado hoy día como expresión de la chabacanería de la que muchas veces es capaz nuestro pueblo, lo cierto es que nadie debe dudar que 50 años después de darse a conocer, sigue empleándose demostrando la eficacia y la capacidad de captar la atención que poseía y posee. 

lunes, 30 de julio de 2012

Toulouse Lautrec

Puede que a fin de cuentas, el arte contemporáneo esté hecho únicamente para que se interprete libremente por el espectador, sin necesidad de que la figuración perfecta y clarividente de sus formas o del tema escogido por el autor, tenga que ser a la fuerza el verdadero sentido de la obra de arte. Dicho de otra manera, cuando uno asiste al maravilloso espectáculo de ver ante sí una obra de Velázquez o de Botticelli, está seguro de saber qué se representa, a poco que uno esté familiarizado con la iconografía artística. Puesto que si se conoce algo de historia, el famoso cuadro de “La rendición de Breda” le dice al espectador precisamente que una heroica gesta militar de los ejércitos del Reino de España es lo que tiene delante. Luego, a poco que uno sea perspicaz, averiguará otros detalles que emanan de los personajes, con Ambrosio de Spínola enseñándole al Mundo que “hay que saber ganar tanto como perder”.

Hace años asistíamos a una exposición temporal sobre Miró acogida en el Centro de Arte José Guerrero de Granada. Éramos alumnos de tercer curso de la Licenciatura de Historia del Arte y muchos de nosotros, generoso grupo que sobrepasaba el centenar de alumnos, bastante críticos con la obra del barcelonés y reacios a pesar de nuestra condición de historiadores del arte en ciernes a apreciar el arte contemporáneo, nos mostrábamos reticentes a las explicaciones que un profesor nos daba. Hasta que dimos con la obra que la imagen de arriba ofrece, “Azul” (1961), y así, el docente que procuraba abrir nuestra mente, tapó uno de esos puntos de color que rompen la monotonía cromática del conjunto y nos dejó claro que a veces, la contemporaneidad no es sólo entender lo que se ve sino comprender los conceptos de equilibrio, composición y color, todo ello en una simbiosis capaz de crear ritmo.

Algo parecido ocurre en el París de finales del siglo XIX, cuando Henry de Toulouse Lautrec ofrece en una exposición, algunas de sus obras. Hace más de un siglo, la provocación de esa variada gama de bailarinas y mujeres libertinas de los cabarets de los bordes del distrito 18 parisino, es decir, Montmartre, era inevitable. Y una dama de la burguesía rancia y acomodada de la capital de la luz, recriminó al, tal vez primer publicista de la historia, su desfachatez a la hora de representar a jóvenes poco respetables en sus lienzos, señalando hacia el cuadro “Mujer tirando de las medias” (1894) que ven en la imagen superior.

Toulouse Lautrec le contestó a la puritana señora que no era irrespetuosa su obra sino la mirada de ella, que había visto lo que había creído y querido ver, cuando estaba ante una señora que se vestía, tras el sueño nocturno, ante su marido, en una escena cotidiana, doméstica e íntima que él había imaginado y plasmado en el lienzo sin otra connotación que le resultara deshonrosa a la mujer. Obviamente, la señora quedó callada, amordazada por la suspicaz salida del pintor, aunque todos entienden, conociendo los sórdidos ambientes que frecuentaba el artista, que nada de ingenuo tenía la escena, sino que en efecto, uno está ante una prostituta que, o bien va a comenzar su servicio, o lo ha finalizado ya.

Pero quizás uno de los encantos del arte contemporáneo es que uno está obligado a desaprender lo que sabe, a no ver lo que se supone que está ahí y acercarse a la obra de arte con la mente desnuda y limpia de toda sugestión cultural y de todo prejuicio estético. O no, y en efecto, es un timo como los pináculos de la Catedral de Burgos de altos. Eso, lo juzgan ustedes con obras como la de arriba, “8” de Jason Pollock.

Dedicada a Alejandro Romero, que compartió conmigo aulas y oficinas donde el arte contemporáneo fue “su amigo”. 

domingo, 29 de julio de 2012

El Arco del Triunfo

A lo largo de 30 años se fue levantando el más conocido y reconocido de los arcos triunfales que conserva el Mundo, hurtándole de sopetón el honor a las clásicas arquitecturas romanas en las que se fijó y se inspiró para nacer. Es una epopeya de las grandes victorias francesas acaecidas durante el Gobierno de Napoleón, una sucesión de hazañas bélicas que los franceses conquistaron en medio continente cuando estrenaron, casi sin proponérselo (los ciudadanos, no él), un Imperio al arranque del siglo XIX. Y es que desde 1806 a 1836, (en concreto hoy, cumple 176 años de su estreno), se fue edificando esta mole de proporciones cuidadas, esbeltas y seductoras que eleva a 50 metros su altura y a 45 su anchura, un monumento histórico que se atreve a plantarle cara a otros atractivos parisinos como sus incontestables museos o la torre de hierro que le sirve de símbolo.

En el mismo lugar donde hoy se consume eternamente la llama que recuerda al soldado francés desconocido, caído en la I Guerra Mundial, se veló el cadáver de Víctor Hugo. En las esquinas del Arco, las colosales esculturas de “El Triunfo”, “La Resistencia”, “La Paz” y “La Marsellesa”. Ya saben que el cántico revolucionario fue escrito en París en 1792 y recibió el nombre de “Canto de guerra para los ejércitos de las fronteras”. Pero como quiera que fue usado por los soldados acantonados en Marsella que entrarían asegurando el éxito de aquella Revolución en el París de ese año, se le conoció como “La Marsellesa”, la iconografía del espíritu del cambio en Francia, de la nueva época.

El Arco no es otra cosa que la copia descarada y reinventada del famoso romano que mandó construir el Emperador Tito hacia el año 70, para conmemorar la victoria de Roma sobre el pueblo judío. Y se decoró con las figuras alegóricas de “La Victoria” y “La Paz”. La descarada semejanza me hace repetir precisamente un aforismo romano que muchos conocerán: “nihil novum sub solem”, o lo que es lo mismo, “nada nuevo bajo el sol”. En efecto, el parisino que Napoleón Bonaparte mandó construir y que no pudo ver inaugurado (murió 15 años antes) reprodujo sin tapujos, una gloria arquitectónica de la Antigüedad y del prestigio y empréstito militar de Roma.

Mucho más original fue lo proyectado por el Rey francés Luís XV medio siglo antes de la idea napoleónica. Igualmente en el sitio que hoy se eleva el Arco del Triunfo, el monarca galo encargó a Charles Ribart un monumento que atestiguara la grandeza de Francia. El diseño, de 1758, hubiera sido de una originalidad y de una inquietud que de seguro, hoy reportaría a París no sé si un plus de personalidad y atractivo distintos, aunque es inevitable asociar ya la figura colosal del Arco Napoleónico a la capital francesa. Juzguen ustedes.

Sea como fuere, los que lo hemos recorrido y admirado los Campos Elíseos desde su mirador, sabemos que sigue la línea parisina: cautivar, sorprender y sobrecoger por la monumentalidad de una ciudad que a orillas del Sena, está pensada para todo lo dicho y más. Sí, es cierto que gracias al prefecto Haussmann ya en el siglo XIX, pero tal vez fue el poderoso Napoleón el que inauguró la estética casi insuperable de la ciudad de la luz.

P.D. ¡Cómo los españoles pongamos en un arco las veces que les ganamos una batallita a los franceses durante todo el siglo XVI, de cabo a rabo, vamos a necesitar más piedras que las que tiene la Gran Muralla China!

sábado, 28 de julio de 2012

Miguel Ángel El Divino

Y tocaba pintar la Capilla Sixtina. Pero sin estropear lo ya hecho, en los paramentos laterales para que sobre las bóvedas de la misma, el cuasi dios Miguel Ángel pudiera llevar a cabo la 1ª maravilla del Mundo de la pintura. Para ello, el Papa exigió primero que Bramante ideara la forma de no dañar los muros del recinto, ideando el famoso arquitecto un sistema que suspendería al pintor, dejándolo sin más “colgado” o colgante y sostenido mediante unas cuerdas que cogería a su cuerpo que se sujetaban a su vez en unos escasos agujeros hechos en el techo que luego Buonarroti enfoscaría, enluciría y pintaría al fresco.

Al Divino la solución de Bramante le tuvo que parecer más propia de las diabluras de un bufón que de un artista y se opuso a jugarse el tipo. Así las cosas, Bramante dio una segunda idea ideando un andamio que sólo se apoyaba en el suelo pero que, antes de recibir al genial florentino, se vino abajo haciéndose añicos contra el suelo de la Sixtina.

Y al fin, hasta para obras menores tuvo que poner su cabeza funcionar Miguel Ángel, basándose en la arquitectura e ingeniería civil romana aplicada a la construcción de sus famosos puentes, de forma que el peso superior presionara los extremos del andamio y éste necesitara tan sólo unos pocos puntos de anclaje a la pared para sostenerse.

Cuando ya había muerto Miguel Ángel, el Papa quiso retocar su obra. Al final, ni se produjo en toda la dimensión que pretendió el sucesor de San Pedro ni tan pronto como se deseó, porque nadie, sabía cómo hacer unos andamios del modo que los hizo Buonarroti, trayendo más quebraderos de cabeza que aquello desnudos que disgustaban a Su Santidad y que afortunadamente, hoy son visibles tal y como los concibió el artista más parecido a la divinidad que nunca ha pisado este Mundo. 

viernes, 27 de julio de 2012

Londres 2012

¿Estará realmente hoy medio mundo pendiente de los Juegos Olímpicos? ¿Por qué han pasado tan de puntillas, sin hacer ruido, sin casi noticia alguna si tenemos en cuenta otros anteriores? Y no creo que la Eurocopa de Polonia y Ucrania sean los responsables, habida cuenta que en 2008 también se celebró con los resultados que todos ya saben para España. El caso es que desde que tengo memoria (histórica, sí, pero no como la pervertida y progresista de nuestro país), no recuerdo unos Juegos Olímpicos tan tristes, tan

También un 27 de julio pero de hace 88 años se clausuraban los VIII Juegos Olímpicos de la Edad Moderna, que ese año organizó Francia con París como la gran sede de los mismos; aquel 1924, los Juegos arrancaron un 4 de mayo y concitaron a 3.092 atletas, en concreto, 2.956 hombres y 136 mujeres. Tomaron parte 44 países, dominaron cómo no los Estados Unidos con 99 medallas y se hizo famoso Peter Johann Weissmüller, que nació en la actual Rumanía (entonces parte del Imperio Austro-Húngaro) pero nacionalizado estadounidense, es decir, Johnny Weissmüller, que desde 1932 se inmortalizará como “Tarzán”. En aquellos Juegos de París, consiguió 3 medallas de oro en natación y una de bronce en Waterpolo.

Londres organiza por tercera vez unos Juegos Olímpicos, habiendo sido antes la sede oficial en los del año 1908 y 1948. Se escogió un 6 de julio de 2005, con la anécdota que sigue siendo entre curiosa y “rara” de un griego, miembro del Comité Olímpico Internacional, que se equivocó de botón al votar a París en lugar de a Madrid. Así lo dio a conocer el israelí del COI Alex Gilady, sentenciando que Londres fue elegida por un error humano puesto que de haber dado su voto a París, hubiera empatado a 32 votos con Madrid. Los cálculos dicen que en la votación de desempate los votos de Londres habrían ido a Madrid (para evitar una final contra los franceses) y, en la final Londres-Madrid, los votos de París habrían ido a esta última. Suposiciones desmentidas por el propio griego pero que nada ficticias, nos hubieran convertido hoy mismo en sede olímpica, aunque tal vez Dios se apiadó de nosotros habida cuenta de la crisis que nos empaña y que no corren tiempos para inversiones de esta dimensión.

Hoy, la ceremonia de apertura se desarrollará en el Estadio Olímpico de Londres, y su dirección artística ha sido diseñada y creada por el oscarizado Danny Boyle, el director de “Slumdog Millonaire”.  E incluso se nos ha prometido que sobre el cielo londinense, como parte del espectáculo de inauguración, surcará el famoso Concorde que lleva casi diez años retirado de la aviación.

Iba a ser el abanderado de nuestro equipo olímpico el que tal vez sea el mejor deportista español de todos los tiempos, desde luego el más laureado y el que tiene tras de sí la estela de la humildad, la sencillez, el esfuerzo y la bonhomía. La lesión de Rafa Nadal nos dice que no es cierto que  no haya  nadie mejor que él para representar a niveles deportivos, a toda una Nación. Para eso, Pau Gasol echa el resto y hace acopio de los méritos de su amigo Rafa.

Hace dos meses conocimos la vestimenta del combinado nacional que en unas horas, hará su presencia en la Ceremonia Inaugural. Diseño ruso, confección rusa y un aspecto que el argot popular/callejero ha venido a bautizar como “choni”, “poligonero” y que en definitiva, es resumen de la estulticia de quienes han impedido que a los deportistas olímpicos españoles los vista un español y los confecciones una empresa española. Porque hay que ser verdaderamente torpe para darle la espalda al producto nacional y más con la que está cayendo.

Todo tipo de suertes a los españoles, que ojalá cosechen éxitos como hasta el momento no se han logrado. Y buen día para la apertura de los Juegos, cuando cumple años una enamorada de la competición y del desarrollo del deporte rey que procuró 776 años antes de Cristo que naciera esta competición. Me refiero a la disciplina del Atletismo y al cumpleaños de mi madre. 

jueves, 26 de julio de 2012

La UVE de Victoria

A lo largo de la Guerra de los Cien Años, la batalla de Agincourt, en el norte de la actual Francia, fue decisiva para los ingleses que consiguieron una aplastante victoria gracias a la novedosa incorporación del arco largo de fabricación inglesa, que consiguió que 6.000 anglosajones derrotaran a los 12.000 francos que presentaban cara ante las tropas que comandaba el rey inglés Enrique V. Lo cierto es que aquel año de 1415, Inglaterra consiguió una formidable victoria, sí, pero a costa de la captura de miles de sus espléndidos arqueros, a los que los franceses no dudaron en cortarle varios dedos de la mano para que nunca más pudieran utilizar el arco. Sea como fuere, esa mutilación les dejaba salvos y sanos los dedos índice y medio. Vencidos los franceses, no fueron pocos los arqueros al servicio de Enrique V los que se rescataron, que tuvieron aún fuerzas para mostrar sus dedos a los derrotados, interpretándose como un gesto burlesco que indicaba además el triunfo inglés.

Esto, y que estaban al mando del quinto de los reyes con el nombre de Enrique, que como saben el ordinal en números romanos se expresa mediante la UVE, fue otro de los motivos por los que los arqueros mutilados, exhibirían con énfasis el triste trofeo de su victoria, interpretándose desde entonces como el símbolo del triunfo; pero con los años, la Humanidad ha atribuido al Primer Ministro británico Wiston Churchill la paternidad del gesto, cuando bien es cierto que cada vez que conocía un triunfo del ejército aliado frente a los nazis, trazaba la UVE (como una sigla de la palabra Victoria) con sus dedos. Pero con toda probabilidad, no fue el ingenioso inglés el que creara el universalmente reconocido signo de triunfo y éxito, sino los esforzados y mutilados arqueros reales del siglo XV, bajo la corona de su Rey Enrique, el de la UVE de Quinto. 

miércoles, 25 de julio de 2012

El Apóstol Santiago

El Cabildo de la Ciudad, en nombre de todos los granadinos, hacía entrega el 25 de julio de 1640 al Cabildo de la Catedral, de un regalo muy especial: la imagen de Santiago a caballo, tal y como iconográficamente se representa victorioso en la Batalla de Clavijo, esa suerte de figuración del santo peregrino Patrón de España que espanta a los progresistas y que se ha retirado de no pocas Iglesias patrias, pero que de la Santa Iglesia Catedral de Granada no saldrá mientras quede un poco de cordura en su Cabildo y en la ciudad.

Santiago Matamoros no es la directa ofensa que ven en su fabulosa hechura barroca los mismos que malinterpretan el 2 de enero; simplemente hace una síntesis de lo que supuso el Medievo en España, porque juzgar desde 2012 la manera de pensar de los ciudadanos de hace 1.200 años es simplemente un ejercicio suicida que atenta contra la verdad. Cuando empezó a representarse a Santiago como el protector de los ejércitos cristianos en lucha permanente contra los musulmanes, el Santo Apóstol era algo más que un hecho milagroso (Clavijo, año 844) que originó nada menos que una de las rutas culturales más grandes y más prósperas, cuando no más antiguas, del Mundo: El Camino de Santiago.

El Santo se convirtió en algo más que un icono religioso. Durante siglos, fue el espolón que animaba a los españoles en empresas difíciles y comprometidas. Ni en aquellos siglos los musulmanes realizaban sus “razias” con ramitas de olivo ni los cristianos sus incursiones con hogazas de pan. El que quiera comprender y juzgar los siglos pasados (a veces más de un milenio, como este caso) desde su actual perspectiva, es simplemente un incauto o un inculto. El caso es que la iconografía de Santiago Matamoros llegó a la Catedral de Granada, pero bajo el nombre de “Triunfo de Santiago Apóstol”. En 1640, el genial Alonso de Mena (maestro, entre otros, de su hijo Pedro o del escultor de la escuela sevillana, Pedro Roldán), uno de los más fecundos y acertados artistas granadinos del barroco, terminaba y entregaba esta escultura bajo encargo y pago de la Ciudad de Granada que la entronizaba en el primero de los Altares-Capillas anexas a la Girola catedralicia, en el lado del Evangelio. O lo que es lo mismo, hacía de Santiago, Patrón y protector de España, un discurso iconográfico que completaba y dimensionaba nuestra Basílica Menor.

El Retablo fue el primero de España en usar el estípite. Se concluyó en 1707 y lo doró el granadino Pedro Romero en 1712. Lo corona una Inmaculada, de Diego de Mora (1707) y a cada lado del Santo Apóstol, los santos obispos que iniciaron el cristianismo en Granada y que lo consolidaron: San Cecilio y San Gregorio. O lo que es lo mismo: antes de los musulmanes, en España había un reino prácticamente igual que la actual España y era cristiano, luego por muchos formulismos y mentiras que quieran contarnos, sí que hubo una invasión musulmana y sí que hubo una Reconquista cristiana. Al fin, lienzos de otros santos granadinos o relacionados con Granada, como el que mandó martirizar y asesinar un sultán nazarí (San Pedro Pascual) o el gran agustino de la caridad: Santo Tomás de Villanueva. Ambos cuadros, del granadino José Risueño. Pero será en el espacio central, en el arranque de la arquitectura retablística y protegido por el pedestal de soporte de Santiago, donde se aloje una fabulosa obra del siglo XV regalada por el Papa Inocencio VIII a los Reyes Católicos y que éstos usaron en sus misas de campaña para regalarla a los granadinos en 1492: La Virgen de los Perdones o del Pópulo.

En 1640 Santiago inmortalizaba para la Catedral de Granada algo fundamental: la unidad y la eclosión de un modo de pensar y de sentir que antes de la presencia musulmana, ya existía en la Península Ibérica, recogiendo la herencia de Roma, nada menos. ¿Parece insultante o contradictorio que fusionado con un hecho “milagroso” ocurrido hace casi 1.200 años se aguijoneara un sentimiento religioso y patriótico que tuvo por escenario el nacimiento de la primera nación moderna del Mundo y que con todos sus errores, dejó en la Humanidad el poso de sus aciertos? ¿Parece ofensivo que la Iglesia, aún reprobando cualquier atisbo de violencia, no deje de creer que la manera de pensar de los católicos del año 800 a 1800 no puede juzgarse desde la perspectiva de 2012 y por tanto, el arte y la cultura, como manifestaciones sociales del hombre y como “libros que ayudan a conocer el pasado”, no deben retirarse del culto y mucho menos esconderse porque a algunos puede ofender, a sabiendas de su error cultural?

Santiago, Matamoros o en Triunfo, genial aportación escultórica del maestro granadino Alonso de Mena, cumple hoy 372 años y sigue siendo, además de una pieza artística soberbia, un legado histórico incuestionable y un símbolo que dentro de su incongruencia católica, nos recuerda mensajes cifrados y a la vez evidentes, del pasado de España y del pasado del Mundo Occidental. Y de nuestra granadina y Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana y Patriarcal de Nuestra Señora de la Encarnación, ni se quita ni se cuestiona. Allá con sus conciencias y falta de cultura los obispos y curas norteños que sí lo estimen oportuno.

¡SANTIAGO, CIERRA ESPAÑA!

martes, 24 de julio de 2012

Los fusilamientos del 3 de mayo

Sostengo desde hace tiempo que el más grande de cuantos pintores ha dado la historia del arte, se llama Francisco de Goya y Lucientes. Hay mil argumentos capaces de sostener esta teoría, que a todas luces no soy el único que la sostiene. El aragonés se adelantó a su tiempo, fue padre de la pintura romántica, abuelo de los primeros coqueteos contemporáneos como los de Turner y dotado de una pincelada que habría que esperar a los impresionistas para volver a verla, pero realizada 80 años antes. Se rió de todos sin levantar sospechas, practicó el realismo que patentaría Courbet mucho antes, con sus “Desastres” y además utilizó su arte como denuncia, algo que llegaría un siglo después de su obra.

Si como pintor ya basta para encumbrarlo en el Olimpo del arte, todas estas innovaciones, todo lo que le hace precursor una y otra vez y toda la maestría que lo convierte en una suerte de pintor de historia que no se casa con nadie, lo sitúa muy por delante de otros genios como Velázquez, que en efecto será el español que practicó el dibujo más perfecto, pero a años luz de las genialidades de don Francisco. Como por ejemplo sus pinturas negras de “La quinta del Sordo”, que todavía nadie se atreve a decir que son el inicio, el acta fundacional del expresionismo que practicaría Munch, o tal vez la sordidez más implacable de los pintores del siglo XX.

Todos conocen su obra “El 3 de mayo”. A lo mejor hace falta otro título que lo identifica: “Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío”, pero lo que nadie advierte son los mensajes que nos deja Goya en la obra, como en el caso de la figura protagonista que concita la atención del espectador: ese español de blanco que alza los brazos instantes antes de morir y que esconde, nada menos que en su mano, un guiño a Cristo. Porque su mano, taladrada como la tradición iconográfica dice que fue la de Jesús por efecto de su crucifixión, es un mensaje subliminal y rotundo: también éste, en representación del pueblo español, a pesar de que ahora es masacrado, resucitará un día y vencerá al enemigo.

Si ahora que han visto el detalle y seguro que recuerdan todos los adelantos y prodigios que les he dicho, no están conmigo en que no habrá ni hubo nadie como Goya, simplemente “el árbol les está tapando el bosque que hay detrás”. 

lunes, 23 de julio de 2012

Carmen Ordóñez

Uno de los execrables horrores de la prensa del corazón es que termina por hacer propiedad de todos la vida de unos pocos; cierto es que con el concurso de sus protagonistas y con el beneplácito de quien un día entiende que hablar de lo más privado y sacrosanto, lo más íntimo de uno y de los “unos” que lo rodean, es la forma más rápida y rentable de ganarse la vida.

No voy a juzgar a Carmen. Porque a fin de cuentas, ni soy nadie para hacerlo ni ese ha sido jamás mi forma de actuar. Pero se me queda en algún recóndito lugar de mi masa encefálica la sensación de que la sociedad la juzgó antes de irse y la encumbró cuando hace hoy 8 años, con apenas 49 años de vida, expiró en el Madrid de las televisiones que pagan por las miserias del famoso, lejos de ese calor palpitante que ofrece la Sevilla de su cuna.

Su padre fue uno de esos príncipes de la brega que llevó por nombre Antonio Ordóñez y por escapulario la foto de la Virgen de la Calle Pureza, esa Esperanza Marinera que le habrá hablado mil veces al Niño Caído de sus entrañas a favor de Carmina. Y su tío, el que ganaba duros con la izquierda y mujeres como Ava Gadner con la derecha. Así sin más. Por eso, no faltó en sus expresiones aquella que decía: “a mí plim, soy Ordóñez-Dominguín”. Pero a lo mejor también fue su sudario.

Fue 2004 y se nos fue. Y lo que no me puede negar nadie, es que era tan arrebatadoramente guapa como irresistiblemente madre. Y lo demás, que siga sobre la conciencia del que también ganó a su costa, aunque pagó sus servicios en los platós de la vergüenza patria. Descansa en paz, Carmen. 

domingo, 22 de julio de 2012

Edward Hopper

A 130 años del nacimiento del pintor Edward Hopper, que murió en Nueva York a los 85 años en 1967, su legado sigue siendo uno de los que más dificultad de adhesión a corriente estilística concreta presenta, aunque con la particularidad de adherirlo a unas formas de fácil entendimiento: la contemporaneidad revestida de la mejor de las originalidades. Porque el estadounidense fue un amante de la pintura impresionista y forjó su estilo gracias a las visitas que practicó a los museos parisinos; hasta que en 1910 en un viaje a España, se cuela nada menos que Francisco de Goya entre sus intereses pictóricos, cuando a sus 28 años se convertirá el genio zaragozano en el pintor que más admirará.

No hay en sus obras nada de esas enseñanzas y a su vez estará todo. Es el pintor de los interiores, de las escenas urbanas, del realismo al que se le ha añadido el impresionismo y la paleta rápida y emplastecida de Goya y para culminar todo esto, ser encima el primer gran artista de reconocimiento que daba Estados Unidos al mundo.


Ahora que Madrid acoge una exposición única consagrada al artista que se puede visitar hasta el 16 de septiembre en el Thyssen, lo que nunca dejará de seducir de las obras, las que se exponen y las que recorren las paredes del mundo, es que el cine está en ellas. Porque parece que Hopper no nos engaña cuando sentencia: “mi arte es mi estilo de vida”. Y cuando uno contempla “Nighthawks” (1942) no puede desprenderse de las películas de cine negro que tienen siempre la sordidez de un establecimiento de este tipo en su metraje. Como si momentos antes de que el coche se estrellara contra un camión de reparto cerca de las oficinas de la Compañía de Seguros de la película “Perdición”, del genial Billy Wilder, Fred MacMurray hubiera empinado el codo con la señorita del vestido rojo del cuadro.

Dicen que Antonioni se inspiró en “Gas” (1940) para su película “El grito”. Pero yo sigo creyendo que son los surtidores que usan Lana Turner y John Garfield cuando huyen del establecimiento rural donde dejan  en la estacada al marido de ella en aquella película de Tay Garnett de 1946: “El cartero siempre llama dos veces”.

La lista de películas influenciadas por los cuadros de Hopper es amplia. A lo mejor el listado de largometrajes que influyeron al pintor, también. Pero lo cierto es que veo “Días sin huella” de Wilder en sus cuadros; y en sus mujeres rubias está Lauren Bacall, porque la decoración de “El sueño eterno” (1946) película que uno no sabe bien si mirar a Humphrey Bogart o a la irresistible Bacall, todo pudiera haber salido de la cabeza humeante de Edward Hopper, que hoy cumpliría 130 años. pero que sigue vivo hasta septiembre en el Thyssen. 

sábado, 21 de julio de 2012

El templo de Artemisa

El mismo día que venía al Mundo el Magno Alejandro, un perturbado incendiaba el Templo de Artemisa o de Diana, una de las joyas más exquisitas de la arquitectura universal de todos los tiempos que había sido construido por el arquitecto griego Quersifrón y era considerado una de las 7 maravillas del Mundo. Medía 115 metros de longitud y tenía 55 de anchura. Se sostenía mediante 127 columnas de 18 metros de altura y con un altar de 22 x 32 metros. Todo de mármol, aquel 21 de julio del año 356 antes de Cristo, el mismo día que nació el mítico Alejandro Magno, Eróstrato quería a toda costa destruirlo con el inentendible fin de para pasar a la historia como el destructor del más hermoso y grande de los templos griegos. Y lo consiguió, aunque a duras penas.

Porque los habitantes de Éfeso, en la actual Turquía, prohibieron bajo pena mencionar siquiera la destrucción del Templo para que, precisamente, no se cumpliera al menos el sueño del loco Eróstrato de pasar a la historia. Pero la noticia acabó trascendiendo y fue dada a conocer por Estrabón. Decían los griegos que la diosa Artemisa estaba tan ocupada haciendo posible que naciera el inigualable Alejandro Magno que ni se preocupó en salvar su propio Templo. Y en agradecimiento, 28 años después Alejandro le ofreció a los efesios la posibilidad de reconstruir el templo costeándolo él. Pero encumbrado como estaba el imparable militar, la respuesta de los habitantes fue cuando menos sorprendente: ¿cómo un dios va a construirle un templo a otro dios? Fuere como fuere, se iniciaron las obras contratándose al prestigioso Dinócrates, el mismo que había dado los planos y medidas para la fundación de la ciudad de Alejandría en el actual Egipto.

De esa reconstrucción poco queda, porque el templo nuevo fue también destruido, esta vez por parte de los godos en el año 262 de nuestra era. La columna de la imagen de arriba es lo único que persiste. Y al leer el Nuevo Testamento, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles 19:24-28, encontramos cómo este Templo se cita en el mismo, lo que da idea de su importancia y por qué un día fue llamado a formar parte de las siete maravillas del Mundo.

Aunque quizás lo más curioso es que La Selçuk Artemis Culture, Arts and Education Foundation tiene prevista la construcción del Artemision por tercera vez en la historia. El nuevo templo, que mantendrá el mismo tamaño de su antecesor, se construirá en una zona llamada Kurutepe, a 1500 metros de la ubicación original del templo y cuenta con un presupuesto de 150 millones de dólares.