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sábado, 15 de diciembre de 2012

Los primeros almacenes comerciales de la Historia


El creador del mercado moderno.

Aristide Boucicaut (1810-1877) fue un parisino llamado a renovar el concepto de compra dentro de la sociedad contemporánea. Con tan sólo 28 años ponía en práctica una experiencia piloto de almacén capaz de suministrar todos los artículos imaginables que demandara la sociedad parisina del momento, naciendo en ese 1838 una pequeña tienda que 12 años después terminaba bajo el bautizo de su sugerente nombre, siendo la referencia de las clases medias del París de mediados del siglo XIX. Acababa de nacer Le Bon marché (EL BARATO), o la primera tienda del Mundo por departamentos, origen de los actuales grandes almacenes que marcas de reputada trayectoria han venido a poner de moda y que en España, estarán asociados a las firmas de “Galerías Preciados” y “El Corte Inglés”.

Inauguración de los primeros grandes almacenes del Mundo: Le Bon Marchè

En la calle de Sévres de París, Boucicaut tenía el privilegio de inaugurar un 1852, hace la friolera de 160 años, la primera gran superficie comercial del Mundo. Pronto, pensó que las compras eran cosa de dominio femenino y tras jugosas experiencias y mil proyectos, llegó a la conclusión que hacía falta un concepto revolucionario y novedoso para llegar con más facilidad al cliente. Acababa de nacer el actual sistema de ventas que 160 años después y gracias a la aportación de Aristide Boucicaut sigue estando en boga. Un gran espacio, capacidad para acercarse al producto, estrategia de precios fijos, carteles promocionales llamativos, la (hasta entonces nunca vista) práctica de colocar una etiqueta al producto con su precio, la posibilidad de rebajar dependiendo de las fechas el artículo y el mostrador como aliado del comprador, patentarían su invento que hoy conocemos como Grandes Almacenes.

Boucicaut revolucionó el concepto de compra.

En 1852 diseña una tienda con grandes espacios, vendedores que asesoran al cliente e incitan con medidas y estudiadas técnicas, a que compre lo que más le seduzca, pero especialmente, todo ha de ir destinado al cliente más potencial y seguro: la mujer. Para ello, y a diferencia de aquel comercio elitista que hasta ese momento estaba de moda, Aristide Boucicaut  procura un acceso gratuito al consumidor sin ninguna obligación de compra por su parte, elimina la necesidad de regatear, ofrecer el más amplio surtido para que al cliente le cueste decidirse por un solo artículo y organiza espacialmente su almacén de forma que la mujer que lo visita tenga la oportunidad de pasear y perderse en busca de los mejores precios y las más suculentas relaciones entre calidad y precio.

Productos a la mano del comprador y mostradores para llamar la atención en 1867

Para conseguir que su idea prospere, lo primero que hace es una política de precios que si bien supondría una reducción de los márgenes de beneficio, lo que estaba más que asegurado es que iba a proporcionarle una rotación rápida de las mercancías, a lo que uniría la posibilidad de devolución del producto, sin coste ni recarga para el cliente, en el caso de que éste no hubiera quedado satisfecho. Pero será en las estrategias de mercado donde el pionero y revolucionario Aristide Boucicaut  triunfe y acierte plenamente; basándose en los proyectos e inventos que observa a lo largo de la Exposición Internacional de 1855, incluye en su tienda ascensores que faciliten la subida y bajada del cliente desde una a otra planta; patenta la entrega a domicilio de lo adquirido con la finalidad de facilitar el trasporte y capacitar al comprador para que pueda comprar más cosas. Además, la cuota por llevar a casa los artículos, era prácticamente mínima, tan sólo 25 francos.

Le Bon Marchè se convertiría en el primer establecimiento comercial en publicitarse de toda forma posible.

No contento con todo esto pensó que el marido o el hijo, en definitiva el hombre que se dejaba seducir con mayor dificultad por los encantos de las ofertas y expositores, habría de sentirse lo más cómodo posible en el interior de su negocio, por lo que introduce el buffet y los periódicos gratuitos y estimula a la mujer a acudir a su tienda siempre que quiera mediante pequeños regalos que fomenten el interés de los hijos, a veces un estorbo para las compras. Así, comienza a regalar globos a los niños. Y continuará innovando y sentando las bases del comercio actual con la ingeniosa venta por catálogo que distribuiría en las principales ciudades de Francia y con el empleo de publicidad en los medios de comunicación, mediante carteles, por catálogos, realizando exposiciones temáticas, patrocinando espectáculos o anunciándose en los coches de tiro que recorrían el París del momento.

Insuperable diseño para Le Bon Marchè de Eiffel

Arrasó. Hasta el punto que en 1867 decide inaugurar su sede, su templo del comercio encargando al arquitecto Louis Charles Boileau y a Gustave Eiffel su nueva tienda también en la Rue de Sévres de París. El resultado es el empleo de hierro, cristal y una estética renovada y única admirable, tal y como muestra la imagen de arriba.

Le Bon Marchè en la actualidad

Pronto, sería copiado, emulado e imitado hasta por sus antiguos empleados que vieron cómo funcionaba la fórmula inventada por Aristide Boucicaut  por lo que no se lo pensaron a la hora de repetir los conceptos e inaugurar nuevos espacios para un París que cada vez más, demandaba de lugares como este con ofertas como las de “El barato”. Y nacieron “El Bazar del Louvre” en 1855, “El Bazar del Ayuntamiento” en 1856, como ese mismo año lo hizo “La Bella Jardinera”; su empleado Jules Jaluzot fundaba en 1864 “Primavera” y en 1869, el actualmente prestigioso como pocos “La Samaritana”, del matrimonio también trabajadores de Le bon marché, Ernest Congnacq y Marie-Louise Jay. Una cosa estaba clara... acababa de nacer el supermercado, el centro comercial, los grandes almacenes, el futuro de las ventas y compras. Y sería así como, 42 años después del invento de este nuevo concepto mediante Le Bon Marchè, en 1894, nacerían las GALERÍAS LAFAYETTE.