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viernes, 1 de junio de 2012

Convento de Santa Paula

Es la historia de una edificación iniciada en 1531 y que tuvo a bien durar 446 años. O tal vez sea la historia de cómo hace 35 años, las viejas puertas de un viejo convento cerraron para siempre hasta que unas de esas empresas hoteleras se decidió ( y nadie nos engañe), no por rehabilitar el espacio arquitectónico que serviría a sus propósitos de lujo, sino a destinar un edificio para lo que no fue ideado, no fue construido y no fue pensado.

Es la historia que quisieron las propietarias o a donde abocaron las leyes liberales de 1835; las jerónimas granadinas recibieron el 5 de marzo de 1836 una Comisión del Gobierno, acompañada  de  un  capellán  en representación  del  Arzobispo  Don Blas Joaquín  Álvarez  de Palma,  con la orden de  cerrar locutorio, torno y puertas y hacer un inventario de los bienes muebles. En la madrugada del día 12 del mismo mes, pese a una Real Orden que prohibía reunir en un sólo convento religiosas de diferentes congregaciones, fueron trasladadas al convento de San Bernardo, vigilando estrechamente que no sacasen más que sus efectos personales. Gracias a las gestiones de don Francisco de Paula Cañaveral, hermano de la superiora, consiguieron que se trasladase a San Bernardo el órgano y algunos objetos de culto y obras de arte que así se salvaron del posterior saqueo y destrucción. Hasta  el  19  de marzo  de  1838  no  consiguieron  que se les  devolviesen las llaves  del convento. Lo lograron por una gestión del general Narváez, primo de la superiora.

No obstante, las dificultades continuaron, pues no podían admitir nuevas religiosas. La prohibición se levantaría en 1852. A pesar de los diecinueve años en que no se habían producido nuevos ingresos, en 1853 había 14 religiosas, cinco novicias y cinco educandas. La caída de Isabel II en 1868 estuvo a punto de provocar una nueva exclaustración que finalmente no tuvo lugar. En 1879 había 30 monjas en el convento, que en parte, se dedicaban a la educación de niñas internas en el propio convento, cantera de futuras vocaciones en muchos casos. En 1890 comenzaron los proyectos para la apertura de la Gran Vía, promovida por "D. Juan Rubio Boticario con otros amigos ricos del comercio", para unir con una amplia calle la zona de Reyes Católicos y la estación del tren. El 14 de marzo de 1900 empezarían las obras. Se expropiaron dos mil metros cuadrados al convento que recibió a cambio la edificación de veinte celdas "presupuestadas en cuarenta y dos mil pesetas". Con la proclamación de la República en 1931, las religiosas tuvieron que abandonar el Monasterio en diversas ocasiones, repartiendo los bienes muebles entre familiares y amigos, para su custodia. El 12 de agosto de 1932 quemaron el convento; el incendio fue sofocado por el vecindario  pero  hubo  que  desalojarlo  durante  unos  días. El  27  de  noviembre siguiente  una explosión arrancó el portón de entrada. Durante 1936 sufrieron las incertidumbres propias de los días que precedieron a la guerra civil, estando continuamente preparadas a abandonar su convento. En 1943 sólo quedaban cinco religiosas y tres legas. Para evitar el cierre del convento por el escaso número de religiosas, vinieron dos profesas del Corpus Christi  de Madrid a reabrir el Noviciado, el 19 de julio de 1943;  con  ellas entraron cinco postulantes, de las cuales cuatro permanecen en el Monasterio y ya han celebrado sus bodas de oro en la vida religiosa.

El 1 de junio de 1977 la comunidad abandonó definitivamente el Monasterio de Santa Paula trasladándose con todos sus bienes muebles a San Jerónimo, donde viven actualmente. Al hablar del Monasterio de San Jerónimo es obligatorio recordar el papel primordial que tuvo en su recuperación para la Orden y en su rehabilitación Sor Cristina de la Cruz Arteaga [1902-1984],  Priora  General  de  la  Federación Jerónima.  Sor Cristina sacrificó  a  este fin  el Carmen de los Mártires, heredado de sus padres.

35 años después, Santa Paula, es sombra de lo que fue. Triste recuerdo. Penoso conjunto de fea fachada hacia la Gran Vía y portada eclesial rehundida que comparte la vergüenza de una calle menor y copada de grafitis con nada menos que la vivienda donde vivió el más grande de los granadinos: don Alonso Cano.

Por tanto, hace 35 años que Granada, la que fue llamada la Christianópolis, la ciudad conventual, la de la trama urbana pintoresca y particular, se murió un poco más... Porque un 1 de junio de hace 35 años, cerró para siempre, el Convento de Santa Paula. 

1 comentario:

felipe dijo...

Sr. Jiménez:
MUCHAS GRACIAS POR LAS FOTOS y los comentarios sobre el Convento de Santa Paula que nos recuerd al visitado homónimo de Sevilla derico patrimonio y veneradas mermeladas y de Sor Cristina de la Cruz Arteaga, granadina insigne que ha motivado a que celebremos nuestras bodas de plata en ese recinto
Felipe Gómez
Almería