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lunes, 7 de mayo de 2012

No pudo ser

Don Antonio Gallego Burín fue con diferencia el alcalde que más y mejor huella dejó en esta ciudad. Pero quizás lo más interesante es que tuvo desde el comienzo del ejercicio de su cargo, una idea clara de ciudad, un modelo perfectamente definido que habría de casar con la trama urbana de Granada y nuevos proyectos urbanísticos que no sólo no desentonaran con la tradición arquitectónica granadina, sino que además otorgarán una mayor monumentalidad a la ciudad.

Es así como nace el proyecto, entre otros, de la Calle Ángel Ganivet. El gran eje, cuenta con el soportal, la zona porticada, el lenguaje de lo clásico para el centro de Granada. Ángel Ganivet sí se pudo llevar a cabo, pero no el gran proyecto teatral que en el espacio que ocupó desde el Palacio de los Córdova a la sede de Correos (sí, donde hoy se levanta el horrendo edificio del Banco de Santander) procuró. El de la foto de arriba.

En las esquinas, dos grandes torres reproducían el campanario de la Iglesia de San Jerónimo, un homenaje a lo mejor de la arquitectura propia; en el frontal, la fachada bebía de los templos de la Antigüedad Clásica y se coronaba con tres esculturas dedicadas a las tres primeras musas. Si este proyecto hubiera aportado a Granada, primero, el gran espacio escénico que aún hoy llora (la idea de don Antonio Gallego Burín es de 1943; 70 años después, seguimos sin el gran Teatro que merece Granada), me parece incluso más interesante el de abajo:

¿Cómo darle monumentalidad a la ciudad, honrar uno de los Monumentos públicos más importantes e históricos y revitalizar una zona urbana próxima al centro más histórico y neurálgico? Y todo ello además, aprovechando el espacio, que al cabo de los años, dándole la razón a don Antonio, hemos visto que en Granada, precisamente, no nos sobra.

Pues las dos fotos anteriores a este párrafo, corresponden nada menos que con el proyecto de urbanización y monumentalidad del Triunfo de la Inmaculada. Algunos dirán que hoy día, hemos ganado vegetación. A mí, esta recreación del manierismo, del herreriano escurialense que propugnó Burín, con hornacinas y veneras callejeras que exhibirían estatuas dedicadas a notables de la ciudad, me sigue pareciendo de una originalidad y exquisitez únicas... Pero sobre todo, me sigue repitiendo que hemos perdido una oportunidad urbana sin precedentes.

Don Antonio. Si transformó el centro más histórico de esta ciudad y sumó monumentalidad y arquitectura racional e historicista a Granada, de haber podido, habría ejecutado una urbe distinta, respetuosa con su lenguaje vernáculo, adecuada al tiempo y a las formas y sabe Dios qué novedosa y atractiva. Lo cierto es que al mejor alcalde de Granada, su monumento no le rinde homenaje porque no se puede instalar en la calle, no sea que el progresista atontado se sienta ultrajado por una escultura como la que ven arriba, en honor al más preparado, más culto y más granadino de los políticos que tuvo, tiene (ojalá me equivoque) y tendrá esta tierra.

Lástima de cultura para todos... Para lo que sirve, se podía invertir en la protección del lince. Es más bonito que muchos progres...

1 comentario:

Santi dijo...

¿No era Jara el mejor alcalde de Granada?