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sábado, 12 de mayo de 2012

Frascuelo

Doce de mayo de 1890. Se corta la coleta Salvador Victoria Sánchez Povedano. Tiene casi 48 años y lleva la mitad de su vida toreando. 1.236 corridas y 3.801 toros que se cobra en tan dilatada carrera. Nació de una familia humilde de la Vega de Granada; confunde la gente la profesión de su padre, asegurando todos que había sido militar, licenciado con solvencia tras su participación en la Guerra de la Independencia, luchando contra el invasor francés. Lo cierto es que el padre del diestro, José Sánchez, fallecerá a los 50 años, en 1857, luego había nacido en 1807. ¡Imposible que tomara partido de la Guerra!

Lo que sí sabemos es que era un jugador empedernido que arruinó en varias ocasiones a la familia, llegando incluso a perder su casa, apostada sobre el tapete de juego. Pero a nosotros nos interesa la figura del segundo de sus hijos, la de Salvador, Frascuelo en los carteles, que pasará a la historia como uno de los más grandes estoqueadores de toda la tauromaquia, tomando la alternativa nada menos que de uno de los que “parió al toreo”, el gran Cúchares. Rival de Lagartijo, la pugna entre las dos grandes figuras de la época, Frascuelo y Lagartijo, duró desde 1868 hasta 1889. Esta gran rivalidad sólo es comparable a la del Gallo y Belmonte ya en el siglo XX.

No era sólo dos maneras distintas de entender los toros. Frascuelo representaba a los monárquicos. Lagartijo a los republicanos. El granadino era un conservador al que se le ha llegado a relacionar nada menos que con una Infanta de España, la hija de Isabel II que ha pasado a la historia como “La Chata”. El rival, todo lo contrario. Eran los dos Españas hasta para entender los toros.


Frascuelo además aportó al toreo actual la faena de muleta que tras las banderillas, vienen a realizar los diestros antes de la suerte suprema con el estoque. Hasta Frascuelo, de las banderillas a la muerte no había trasiego con el animal, por lo que estamos ante uno de los padres, uno de los creadores del mundo del toreo tal y como lleva siendo concebido casi siglo y medio.

Pero otra de las grandes aportaciones que hizo, fue un decálogo, una especie de “diez mandamientos” del torero del que muchos actuales podían tomar buena cuenta. Se descubrieron en su finca de Torrelodones donde vivió sus últimos días. Se publicaron en 1926 y son de una honestidad torera como pocos han visto. Éste es el décalogo de Frascuelo:

Primero: amar a Paquiro sobre todas las coletas.
Segundo: No jurar que vas a meterte en el morrillo de los toros para luego no arrimarte nada.
Tercero: Santificar la fiesta española, entendiéndose que santificarla no es tirar el pego.
Cuarto: honrar a la afición que da cuanto se le pide y más de lo que puede.
Quinto: no matar como Rafael el Gallo.
Sexto: no amolar tanto a los toros ni a los espectadores.
Séptimo: no hurtar las ingles a las arrancadas de los astados, ni hurtar tantos billetes como se viene haciendo.
Octavo: no decir en los telegramas que tú estuviste colosal y tu compañero desastroso.
Noveno: no desear a la cupletista de tu prójimo.
Décimo: no codiciar el contrato del colega; ni el colchón del zapatero, del hojalatero y del tapicero, cuando el colchón va a la casa de empeños para luego no ver más que huir a los toreros de arriba, de abajo, de la derecha y de la izquierda.

Hoy hace 122 años que se retiró una de las figuras más grandes de toda la historia del toreo, por el que la Plaza de la Real Maestranza de Granada, lleva su nombre. El granadino de Churriana de la Vega más grande que ha dado esta suerte y un revulsivo, un inventor, un innovador honrado y verdadero como pocos conoce el mundo del toro.