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sábado, 5 de mayo de 2012

Boabdil

¿Granada fue conquistada por los católicos o fueron los musulmanes la que la perdieron? Cuando uno observa la descomunal fortificación defensiva que poseía la capital del Reino de la Alhambra, posiblemente la más extensa y cruda, la más recia y segura de cuantas otras ciudades había en el momento repartidas por el Mundo conocido, se da cuenta que la mayor concentración militar de la historia nunca antes vista (y que tardaría mucho el hombre en volver a verla) iba a ser incluso poca y pequeña para tomar por la fuerza Granada. Ni los 88.000 soldados de aquel diciembre de 1491, provenientes de 12 nacionalidades distintas (¡una verdadera barbaridad para la época!) podrían haber rendido la ciudad si no es por el agotamiento de sus habitantes, que además, con cuatro ríos y otras cuatro generosas acequias, tendrían agua suficiente como para resistir meses y meses de asedio.

Granada cae porque la asfixia musulmana es inmensa. Cae porque el verdadero enemigo del Islam granadino era el Islam granadino. El penúltimo de los sultanes, de los emires granadinos, Abū al-Hasan 'Ali Ibn Saad, el mítico Muley Hacén, fue uno de los más torpes reyes que se sentaron el trono de la Alhambra, incapaz militarmente hablando como lo fue su hermano, el temido y casi invicto Zagal, y por supuesto con una intelectualidad a años luz de los hábiles Yusuf I o Muhammad V, entre otros. Además, enfadó poderosamente a la propia ciudad, consiguiendo lo que antes nadie había logrado: que los granadinos de a pie y el poder religioso (especialmente el de los imanes) y el de la corte, lo despreciaran. Bien es cierto que tuvo sus seguidores, aquellos que en cualquier periodo histórico y en cualquier cultura, actúan de palmeros, de serviles y rastreros personajes abyectos enamorados del poder y del poderoso.

Muley Hacén fue depuesto por su hijo en 1482. Es curioso, pero el último rey de Granada, el último de sus emires, Abu Abd Allah, que como pronunciarían los musulmanes de Granada debía sonar algo parecido a “Bu Ab Di Lá”... (de ahí Boabdil, cristianizado), luchó para conseguir el trono, con su padre, con su madre y con su tío. Todos querían el trono; todos se hacían la guerra. Todos y cada uno de ellos llevaban un trozo de ciudad y de reino a su partido y a su causa, dividiendo infinitésimamente esa Granada que era ya la sombra de lo que fue.

Un 4 de mayo de 1483, Boabdil fue hecho prisionero tras la batalla de Lucena por los soldados de la Casa de los Fernández de Córdova. De ella, proviene el más esplendoroso de los militares que ha dado esta España nuestra y probablemente, uno de los más grandes que ha dado el Mundo. En efecto, el que al final de sus días se resolverá como un amante de Granada, es el Gran Capitán, Don Gonzalo Fernández de Córdova.

Y un 5 de mayo, como hoy, pero de 1487 (hace por tanto 525 años), el pueblo de Granada se reúne en la vieja Bib-al-Bonud, la “Puerta de los Estandartes”, donde se proclamaba de manera oficial y protocolariamente a un nuevo sultán. Desde aquel enclave del Albaicín de siempre, se vitoreó que al trono de Granada subía el que algunos ya llamaban az-Zughbî, que traducido viene a decir: “el desdichado”. Pero era la esperanza (4 años y medio de esperanza) de un reino milenario que estaba llamado a representar 781 años de al-Andalus nada menos.

En efecto, hoy hace 525 años que subía hasta la Alhambra, vitoreado, coreado y con la responsabilidad de conducir a las tropas granadinas hacia las victorias que le devolvieran territorialmente un reino que había alcanzado casi 50.000 kilómetros cuadrados y que los Reyes Católicos llevaban cinco años mordiendo y conquistando sin fisura alguna. Hoy, se cumplen 525 años que Boabdil, el Chico, el Desventurado, se proclama Emir de los Granadinos en el Salón del Trono o de Embajadores de la Alhambra, el más suntuoso y maravilloso de los espacios arquitectónicos medievales.

Además, una curiosidad: conserva el convento de Santa Clara de Santiago de Compostela un documento de la que en 1549 era su Abadesa. La Reverenda Madre estaba haciendo testamento. Reconocía llamarse en vida Sor Isabel de Granada, que fue su madrina la Reina Isabel I de Castilla y de León, la Católica... que fue su madre Morayma Athar y su padre... su padre fue el útlimo rey musulmán de Europa. Pero eso es asunto de otro día... 

2 comentarios:

Santi dijo...

en el instituto, en su día, el profe comentó el colapso de des-gobierno como causa principal de la caída del reino. más o menos coincidente con lo que aportas... y que revuerdo.

Anónimo dijo...

Que sea verdad que otro día nos hablas de Sor Isabel de Granada... vayamos que "te se" olvide!

Un abrazo.
Salva Aguilera.