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martes, 15 de mayo de 2012

Alhamar

Qué bien te sienta el tiempo y eso que son ya 774 años. Qué bien te han sentado estos ocho siglos. Y miramos atrás y revivimos aquel 15 de mayo cuando por la Puerta de Elvira, sonaron las voces de los soldados de la tribu de los Banu Nasr, que jaleaban al pueblo de Granada sin dejar de repetir: Wa lā gāliba illā-llāh|Wa lâ Ghâlib illâ Allâh... Y es que no había más vencedor esa mañana, como decían sus guerreros, que Dios. Y así fue como entró, la mañana de un 15 de mayo de 1238 por la vieja puerta de Elvira, al-Galib bi-llah, el victorioso por Dios...

El agricultor, que esa era su dedicación, fue entonces llamado a ocupar el trono del reino musulmán más longevo y cultivado de la Europa medieval. Subió sobre un nuevo sitial, sobre una nueva poltrona, empezando a edificar a la más digna de las hijas de esta tierra, de piel roja y espíritu etéreo. Y tras nacer las acequias, las escuelas y hospitales, tras parir la Alhambra, como si fuera algo profético, vino a descansar el sultán de los granadinos, Muhammad I, el Victorioso por Dios, el Rojo por el color de su barba que le valió por apodo al-Ahmar, un 20 de enero de 1273.

Un 20 de enero, como una profecía... La fiesta de San Sebastián, donde se consumaría definitivamente, la pérdida de ese Reino que gobernó durante 35 años. Algo antes entregó Ibn Comixa en nombre de Muhammad XII al Condestable de Castilla y al Maestre Mayor de Santiago, junto al Gran Capitán, las llaves de la ciudad en el Campo del Alhabul. Y al fin, donde se levantó la Ermita de San Sebastián, el día en el que murió al-Ahmar, Abú Abd Allah, 256 años después, 23 reyes más tarde, se dirigió al Rey Fernando, en compañía de su sobrino Diego Hurtado de Mendoza, y les dijo az-Zughbî (el desventurado):

“Estas, señor, son las llaves del Paraíso”... Pero nadie se acordaba ya de un lejano 15 de mayo de 1238, hace hoy 774 años, cuando el de la barba roja, el que fue labrador, el que mandó hacer la barca más bonita que nunca antes se había posado sobre una colina, entraba en Granada para hacerse su Rey al grito de “Sólo Dios es vencedor”.