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jueves, 10 de marzo de 2011

Retallando Imágenes


Las Imágenes, desde al menos el siglo VIII, son fuente de inspiración y de promoción de fe para el cristiano. Los cofrades nos acercamos a nuestros Titulares sabiendo que no son la divinidad que escenifican, sino que en sus valores artísticos y estéticos, conmueven al punto de ayudarnos en el fortalecimiento de nuestra devoción. Si este no es el motivo por el que uno ingresa en una Hermandad (salvo en el caso de relación familiar, en donde se heredan los sentimientos fervientes hacia unas Imágenes concretas) difícilmente podré entender la pertenencia a las instituciones públicas de piedad popular. O dicho en román paladino: uno está en una Hermandad con el absoluto e irremisible convencimiento que los Titulares venerados nos acercan a Cristo y su Madre y coadyuvan a diario a seguir con vehemencia los preceptos cristianos.

Un axioma cofrade extendido y repetido predica que la devoción no entiende de arte. En toda ciudad con renombre en estas lides descubre uno Imágenes que ciertamente sorprende porque sus perfiles no comparten la gracia propia de la mayoría de obras de este tipo, pero sí que tutean en devotos a otras. El paradigma (no por la estética, en ningún momento afirmo ni quiero afirmar eso) de dicha diatriba tiene como escenario Sevilla. Uno de los mejores Nazarenos del mundo, el incontestable Señor de Pasión, no alarga su sombra ni acaso, al maltrecho y besado pie de Jesús del Gran Poder, que no sólo timonea al sevillano, sino que nos ha ganado a tantos que sería imposible contabilizarlo. El de San Lorenzo rebosa calidad; cierto que no en los méritos del de Montañés (y por cierto, ¿eso cómo se mide? Pero no obstante, tengamos la aseveración por buena), pero sus valores espirituales han hecho de él que la ciudad y buena parte de Andalucía, sepa que Mesa tuvo que recibir a Dios mismo para lograr tal portento. ¡Y valga la ñoñez pregonera para ejemplificar esto!

Recuerdo que hace unos años los hermanos de Santa Catalina procuraron cambiar su dolorosa. La de las Lágrimas, tiene la factura correcta y meritoria de los finales del siglo XVII de la escuela hispalense. No hace falta ser licenciado en arte para averiguar que su canon facial dista mucho del tan extendido hoy día. Sin embargo, se impuso la lógica. 300 años de devoción no podían extinguirse porque en estos tiempos, todo lo que no sea “una niña de ojos claros” con el talle preciso para el alarde de un vestidor, disgusta. Creo (si no me juega una pasada la memoria) que el Cabildo se pronuncia el día de antes de la salida de Omnium Sactorum. La última gloria sevillana me dejó por Feria el diálogo de una señora de cierta edad que preguntaba a dos jóvenes capillitas a sabiendas que conocerían qué pasó en el seno de Los Caballos días antes. Al saber que Lágrimas, la de siempre, la atribuida a doña Luisa, se quedaba (ojalá que de nuevo en Santa Catalina), exclamó con esos acentos edulcorados y únicos que sólo exhalan los labios de la “Híspalis”: <-mu arma="arma" bien="bien" es="es" mi="mi" nuestra="nuestra">. Me dio una lección esa señora, que con toda probabilidad pasó de puntillas por una escuela, que ni las clases magistrales oídas en toda la Carrera me marcarían: la Virgen de las Lágrimas es ese patrimonio intangible, porque tocarlo es jugar con la devoción de 1, 10, 100 o quién sabe si decenas de miles de personas…

Todo este exhaustivo preámbulo me sirve para tocar uno de los temas más espinosos: las retallas, las intervenciones en Imágenes para adecuarlas a los gustos de un puñado de cofrades que con la legalidad inherente a un Cabildo General, decide “transformar” a su Cristo, a su Virgen, quizás por caprichos estéticos, por modismos incomprensibles y desde luego, con una absoluta falta de sensibilidad hacia el papel real y certero de una Obra Sacra: mover a la devoción. ¿Y qué entiende un devoto de una o las 37 asignaturas de la Licenciatura en Historia del Arte, de la tradición eclesial, la dulía, hiperdulía o latría y de gabinas de cocheros? Y al ejemplo de tan soberbios e impactantes Nazarenos de Sevilla que antes he puesto me remito.

Cuando ingresé en la Hermandad del Cristo de San Agustín lo hice rendido ante la Imagen de un crucificado casi cinco veces centenario con todos los recursos técnicos y artísticos para promover la devoción; cuando he necesitado de un aliento que ni mis amigos ( y es lo único bueno que tengo) me procuraban, allí estaba la Efigie de Cristo. Mi adhesión a la Hermandad Votiva, Sacramental y de Penitencia que lo venera, no ha sido otra que mediante la conmoción de fe que me provoca el Protector de Granada, y además, con los muchos años de hermano, los que como yo hacen su Hermandad y de los que me siento orgulloso. Pero ingresé y persisto en la Hermandad por un hecho de fe. De igual manera he de reconocer que Nuestra Madre y Señora y Titular Mariana a la que rendimos culto, no me provoca tan arrollador sentimiento. Y sin ser de su Hermandad, escogí una dolorosa como cénit de mi sentimiento mariano: la Esperanza.

Me sirve lo dicho para insistir en algo: las Imágenes cumplen una función. Para esto se concibieron y por esto están llamadas a la bendición y exposición a culto público, por encima de cuestiones de ornato, estética y méritos. En mi Granada algunas obras no deberían jamás haberse sancionado favorablemente por parte de la Delegación de Patrimonio de nuestra Curia Metropolitana. Pero si en ocasiones me dirijo a ellas con aspecto crítico, tendré siempre en cuenta cómo desligar lo meramente externo (la crítica de arte, cuasi deformación profesional), con los sentimientos que despiertan en 1, 10, 100 o más granadinos. Y me merecen por tanto todo respeto si un Ecce Homo, Nazareno, Crucificado o Dolorosa cumplen la función de promover la devoción pública y servir a los fines evangélicos y catequéticos a los que estamos llamados los cofrades con nuestras Imágenes y con nuestros cortejos en Estación de Penitencia.

Cuando sé de intervenciones que modifican los aspectos formales y de apariencia de una Imagen, sea contemporánea (siempre lo es) o no, de mayor o menor cualidad, de más o menos valor para la Historia del Arte, me apena. Ojalá todos vieran con los ojos limpios y acertados de aquella señora de avanzada edad que por Feria, cuando Todos los Santos cerraría la puerta pública de las Glorias sevillanas, dijo con una rotundidad aplastante, con una claridad meridiana: “¡Nuestra es!”. Porque en efecto, por encima de la cercanía o no al canon de belleza actual, la Virgen de las Lágrimas, hace en sus hermanos y los que no lo son, los efectos de devoción para la que fue concebida, por doña Luisa Roldán, su marido o el vecino del corralón de la Calle Castellar, puestos a imaginar.

No puedo más que expresar mi más enérgico pesar ante propuestas de este tipo. Málaga nos enseñó hace décadas cómo se hace esto. Si legalmente un Cabildo de Hermanos opta por la sustitución de la Imagen, la obra que en su día fue epicentro de los rezos de muchos o pocos fieles, pasa a unas dependencias concretas. Y se habilita un espacio para que los fieles que mantenga, puedan seguir rezándole. Con 1,5 metros por cada lado, es decir, 2,25 metros cuadrados, basta. A lo sumo, 2 metros de lado, o 4 metros cuadrados. ¿Hay dependencias parroquiales o dentro de la propia Casa de Hermandad como para disponer con sencillez y decoro cuatro escuetos, cortos y sobrios 4 metros cuadrados que aseguren un lugar donde el Cristo o la Virgen sustituidos puedan recibir (digamos una vez a la semana, una vez al mes) la veneración de los que no ganaron el Cabildo? YO CREO QUE SÍ.

La Esperanza supo que el nazareno primitivo no presentaba la factura acorde a los tiempos. Y el que lo desee, puede rezarle al primitivo Señor del Gran Poder en el Monasterio de Comendadoras. Durante años, quien quiso (y puede seguir haciéndolo) accedía a las dependencias claustrales de Escolapios para rezarle a la sustituida Virgen del Mayor Dolor. Pero con ejemplos tan edificantes, sensatos y acertados, en otras ocasiones, hemos dejado en la cuneta a 1, a 10 o cientos de devotos (sé que en esta ciudad es una cifra exagerada) que perdieron para siempre una estampa, unas facciones, unas expresiones faciales y unos ademanes porque legalmente, el Cabildo General dijo que el Señor o la Virgen (pongan ustedes nombres) debía tomar “bríos distintos”.

Me argumentarán lo volátil de muchos devotos. Pues yo quiero ponerles un ejemplo, y espero que mis muchos y buenos amigos de Jesús Despojado no lo entiendan como una crítica. Saben de mi aprecio (que no se ha alterado un ápice) hacia la Hermandad y que lo que expreso, intento hacerlo desde el mayor respeto y nunca como denuncia sino como reflexión… Desde el 14 de septiembre de 1990 a hoy, la Parroquia de San Emilio dista de la puerta de mi casa unos 70 metros. Es la Iglesia más próxima, y a la que suelo acudir los sábados a la misa de 19:30. He estado 20 años mirando la silueta, las formas, la anatomía, la expresión y la cara del Señor de Fígares. Lo he pregonado en dos ocasiones, le he puesto voz a su Marcha en aquel épico disco de su Banda de Cornetas y lo he retransmitido durante ocho años. Sé (si me permiten la inmodestia, con más argumentos y preparación académica que la inmensa mayoría de los que emitieron su voto) de su calidad. Perdón… Sabía de su calidad, de su valía artística, de su referente estético, analizaba sin pudor (pero jamás en voz alta lo he hecho) sus cuestiones polícromas, los aciertos en el soporte lígneo, la capacidad de la gubia… Y llevaba dándome 20 años de bruces con Él. Y si legalmente, al no ser hermano, no pude pronunciarme (y si se dan cuenta llevo con la cantinela de “LEGAL/LEGALIDAD” todo el escrito), legítimamente, repito, LEGÍTIMAMENTE, ¿quién dice que yo no podía manifestar una devoción o experimentar una conmoción de fe al contemplarlo? ¿Quién le asegura al Cabildo de hermanos y al Oficial que como yo, en una Parroquia (a Dios gracias) tan concurrida y viva, no eran unos pocos más los que veían en Jesús Despojado algo más que una pieza acomodada a los criterios estéticos más petulantes y a los méritos que se presupone deben presentar las Obras Sacras? Pues como aquella ancianita sevillana, ¡NUESTRO ERA!

La legalidad de un Cabildo no es inherente a legitimidad. Y yo, que me he confesado en cuanto a devociones, daría hasta el último hálito y el mejor de mis razonamientos porque 1, 10 o quizás 300 hermanos míos, pudieran eternamente rezarle a Nuestra Madre y Señora de la Consolación, por más que caería fulminado, aquejado del Síndrome de Stendhal, si en el palio del que soy por fortuna costalero, viajara el Lunes Santo la Virgen de la Esperanza de Risueño. Pero sin embargo, el simple hecho de verle la cara a Paco Garví (entre tantos), cuando se aferra a la rejería de la capilla de los pies del Evangelio de nuestro cenobio, mirando y remirando a la que él llama: “Mi Madre Abadesa”, me sirve y basta para que NUESTRA MADRE ABADESA, siga siendo la que entendemos, parió al Santo Crucifijo de San Agustín.

Sabéis lo que os quiero hermanos del Despojado, y lo mucho que agradezco la renovación y los bríos y la transformación que le disteis a nuestra Semana Santa. Y que me tenéis como primero de los lectores de la que creo, es la Guía de Granada, sin más. Y que tuve suertes inconfesables con Dulce Nombre, a la que le dije con criterios y convencimientos, era la dolorosa más innovadora y revulsiva del siglo XX (y lo que llevamos del XXI) en la ciudad. Y creedme, porque no hay ánimos de polemizar en este texto. Pero no quiero que a mi ciudad le sigan ocurriendo estas cosas. Porque estas retallas, nunca son a mejor, aunque los resultados lo avalen. Porque se dejan por el camino devotos huérfanos, porque se imposibilita la catalogación y se dejan al descubierto carencias que existieron (y ahora son menos notorias pero están) y se da una imagen enrarecida de todo esto. Como si a uno no le convenciera la cara con la que nos salió un hijo, y pidiéramos operársela.

¿Cuándo uno entró en la Hermandad, por qué lo hizo? Un grupo de amigos o las chicotás casi perfectas de un Misterio, ¿fueron las excusas? No me lo creo. En esta Hermandad no. Porque entonces, la lástima me ganaría. No me creo que los hermanos de San Emilio no entraran con los motivos claros de la devoción, de sentir la unción devocional que deben transmitir las Imágenes expuestas a Culto. Y no me creo que en la extraordinaria y bien trazada Casa/Capilla de Hermandad, donde caben Misterios, enseres, mobiliario y decenas de cascos y sus plumas, no haya entre 2,25 y 4 metros cuadrados, ni dinero para unos damascos y un tapizado que procure un cierto decoro, que permita que una vez por semana, o una vez al mes, los que nos hemos pasado muchos días de 20 años seguidos dándonos de bruces, camino del presbiterio, (primero en la acera de enfrente, luego en la actual Iglesia) con el Señor de San Emilio, siempre, “Mirando al Padre”, sin uso de la palabra ni derecho al ejercicio del voto, porque legalmente no podemos al no ser hermanos, sí que legítimamente, acudamos de tanto en vez, a recordar 20 años de propósitos, eucaristías y palabras que no se dicen pero Él las escucha.

Espero que las decisiones de este tipo, sean plenamente valientes. No me opongo a las sustituciones, siempre que las mejoras sean evidentes. Siempre defenderé el derecho de muchos o pocos a mantener el icono devocional próximo. Y negaré la valía de una retalla, de una intervención tan agresiva, entre otras, desde la óptica de la Historia del Arte: estas intervenciones no suman, sino que devalúan la propia obra. No es el momento de explicarlo, pero doy fe que así es. Y sobre todo, dejan pocos (o muchos) fieles damnificados. Y con los tiempos que corren, un cristiano que rece en una Iglesia, es “rara avis” que hay que cuidar.
Le he robado fotos a "La Sevilla que no vemos" del extraordinario Julio Domínguez Arjona, a La ventana del abuelo" de mi hermano Luís F. Marín, a mi otro hermano Manuel Dorador y Atienza y su "El esperanzo"... Y a algunillo más que no sé el nombre y que el buscador de Google ha puesto en mis manos y espero sepa perdonar...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien dices, David, que Málaga, en estas lides, es Madre y Maestra, pues Titulares sustituidos presiden columbarios, pequeñas "capillas" en dependencias de casas de hermandad, etc. Incluso en Sevilla, caso del Cautivo y Rescatado, su Dolorosa marchó a una Parroquia de la provincia (creo recordar).

La retalla SIEMPRE deja damnificados y no es acertada. Jesús Despojado seguro que tendría cabida en la Iglesia remozada de San Antón o en alguna otra de la ciudad donde no haya (San Gregorio Bético en el Serrallo o Inmaculada Niña de El Castaño, se me vienen ahora en mente)...
Salud es otro caso de "damnificados", con la salvedad que los conozco (no en Despojado).
¿Qué me dices de Buena Muerte (otro Titular, al menos en personas de fuera de su Hermandad, cuestionado, más comparando con Amor y Trabajo?

Y ya que citas el caso del Gran Poder hispalense, la Hermandad tiene alguna centuria más que la talla... osea que tuvo que sustituirse y la antigua pasar a algún convento, iglesia, etc. porque en ésto, los de antes nos "ganaban" (aunque termine la Imagen en una clausura).

Un abrazo, Santi.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

No soy muy partidario de que las Imágenes que un día se sustituyen, terminen en otras Iglesias, más que nada porque alimentan los deseos fundacionales de unos pocos. Créeme que el Gran Poder de Roldán de la Plata estuvo muy cerca de subirse a un paso y salir a la calle. Sí creo que toda dependencia Parroquial y/o casa de hermandad puede sustraer a su espacio, menos de 4 metros cuadrados para habilitar (o rehabilitar en este caso) la devoción de la Imagen sustituida, pero para aquellos que quieren seguir rezándole. No nos engañemos, con el paso del tiempo, estas Imágenes que quedan olvidadas pierden devotos, apego y dejan de cumplir su función primordial, porque la Hermandad (lógicamente) pone todos los empeños en la nueva obra.

Sobre el Gran Poder... Pues no sabría decirte si hubo un Titular anterior. Aquí solemos repetir como coletilla que Sevilla nos saca siglos al haberse conquistado en 1248. No es cierto. La Semana Santa como tal, como la entendemos, toma la calle al unísono en todo el orbe: a raíz de Trento. ¿Había hermandades antes? CLARO. Pero la mortificación personal de aquellas hermandades medievales que en el caso de Gran Poder, Negritos... han persistido, tenían fines catequéticos idénticos pero con mensajes distintos: la conmoción devocional no es tanto la de hoy, como la redención del hermano en la práctica de la Vía Sacra.

El Concilio es claro y rotundo: fue el que nos echó a la calle como instrumento contrarreformista. Hasta la mitad del siglo XVI (Granada llevaba ya 60 años de cristianización rotunda y exitosa) las hermandades de penitencia no lo son per se.