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martes, 29 de marzo de 2011

Proyectando una Semana Santa granadina "ideal"

En 1502 Bramante comenzaba un Templete bajo encargo de los Reyes Católicos en el Monte Dorado de Roma, justo en el mismo lugar donde fue martirizado San Pedro. Isabel y Fernando prometieron al Príncipe de los Apóstoles que si tomaban Granada y la rescataban de manos infieles, construirían en su honor una edificación sacra que recordara el lugar de martirio de la piedra donde empezó a levantarse la Iglesia de Cristo. Y 10 años después de conquistar la ciudad de Granada, consiguieron liberar la cuantía necesaria para que pudiera llevarse a cabo el proyecto.

Para la planta del mismo se utilizó el trazo conocido como martyria, es decir, un espacio identificativo con los lugares a los que se peregrina para reverenciar las reliquias de los mártires cristianos. El simbolismo del espacio es inmenso; por un lado, estas piezas circulares que identificamos como baldaquinos o templetes, representan un espacio de martirio, su cúpula el triunfo de la Iglesia mediante la figura del mártir, y la zona escalonada adosada al conjunto ( o sus basas) las virtudes (teologales y cardinales) que sustentan a la Iglesia y que hace suyas esta.

Desde la inauguración en 1510, las Iglesias de Granada (donde hay que meter aquí como saben a toda la Archidiócesis, que va desde Murcia a Jaén, de Almería a Málaga, la misma Granada…) colocarán en el altar Mayor del templo principal de la ciudad, o en la catedral de la diócesis, un templete-baldaquino. Es un evidente guiño a la cuestión histórica que lo hace posible (la conquista del Reino de Granada y la promesa de los Reyes ya narrada); recuerda la presencia de cristianos en el reino desde los inicios de nuestra fe, no en balde, la diócesis más antigua de España es la de Guadix, siendo las de Granada o Jaén de las más antiguas, todas sufragáneas del Arzobispo Granadino. Así, recuerda que la llama del cristianismo no se apagó durante los ocho siglos que duró la presencia islámica en Granada, y que con todo, la muerte de miles y miles de mártires cristianos a manos musulmanas sirvió para la resurrección de la fe en Cristo en el reino. Y además de todo esto, que ya me parece más que interesante, la simbología que desprende el baldaquino en sí (que en nuestra Archidiócesis se usó mucho antes de la creación del magnífico templete de Bernini para la mismísima Basílica de San Pedro en el Vaticano) es compleja y atractiva.

Pues bien, a veces la creatividad del arte cofrade no es tan compleja, ni es necesario ser tan sesudamente copistas de otros lares, o bien horadarse literalmente el cerebro intentando buscar algo nuevo, distinto, con carga doctrinal, evangélica, histórica y granadina, MUY GRANADINA. (Por cierto que la ilustración de arriba, nada menos que es un dibujo de Alonso Cano)

Y por eso les traigo a la maravillosa Virgen de los Dolores de San Fernando. O mejor dicho a su paso, a su baldaquino, a su templete, a su solemne, extraordinario y muy original conjunto que reviste de solemnidad, de severidad, de seriedad y de buen gusto la obra. ¿Saben cuál sería uno de mis sueños?

Ver en un conjunto parecido a la grandiosa e inigualable Virgen de la Soledad del Calvario de la Hermandad del Santo Entierro, la colosal obra que hiciera en 1671 José de Mora. Porque encarnaría muy bien el estado de soledad que predica su nombre y fuerza la Hermandad (de Sepulcro) y porque subrayaría un concepto granadino, histórico, rico y distinto, diametralmente distinto, para la Semana Santa. Lo llevo soñando años, y ahora lo comparto con todos ustedes. Me imagino el admirable conjunto y sólo veo exquisitez, aportación estética, uso de nuevos lenguajes y recuperación iconológica granadina y propia.

Hay otros ejemplos, caso de la Virgen de las Tristezas de la Hermandad del Remedio de Ánimas de Córdoba. Yo redundaría en algo en madera oscura y si acaso, con remates, complementos y piezas de tono plateado. El dorado, aunque casa muy bien con nuestra intención innovadora y teológica (y granadina, muy granadina) quizás choque con el carácter luctuoso de la jornada y de la propia hermandad.

Y para que vean que este modelo goza de buen predicamento, les dejo una dolorosa procesionando en Camagüey (Cuba) en idénticas formas.

Pero la de San Fernando, me sigue pareciendo el modelo a seguir para que dotemos a nuestro patrimonio cofrade de grandes saltos cualitativos, de novedades y rasgos de personalidad y de una marcada diferencia propia que nos distinga, nos identifique y nos rebele las capacidades del diseñador granadino y los oficios del arte cofrade en nuestra ciudad… ¡Qué poco cuesta soñar!

Para Paco Estarli, que tantas veces habremos ideado a la gran Soledad de Mora de esta manera.

2 comentarios:

J. Carlos Medina dijo...

¿Cabería en la costa tu sueño?

David R.Jiménez-Muriel dijo...

En la granadina y en la ciudad de las cañas, (cri-cri, cri-cri, cri-cri...)