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lunes, 7 de marzo de 2011

Pregonero


Como muy pocos están llamados a conseguirlo. La primera vez que se encaramaba a un atril y dejó en cueros a todos (TODOS) los que alguna vez se han puesto a pregonar en Motril. Con una de las métricas más perfectas y medidas de cuantas haya tenido oportunidad de seguir en este género, rima consonante, arte menor, diversidad de estrofas, el romance en los laureles y el pie quebrado para rascar ritmo. Y encima todo, cosido con los hilos hilvanados del buen decir: bien entonado, bien modulado, bien dicho.

Así, sin más. Se sube por primera vez a un atril y más de uno se le atragantó el asunto. Se veían en idénticas lides con el último de los botones de la camisa desabrochado. A ver quien tiene los arrestos de hacer lo que hizo el orador ayer. Y lo dije, vamos si lo dije. Porque para escribir en este mundo del pregón, hay que tener, primero, originalidad. Y hacer de la Semana Santa de Motril un menú es para descubrirse. Porque estamos hasta poco más allá de las narices, de ese manido, adocenado, repetitivo y monocorde método de algunos. Aunque también es verdad que hay textos que no están a la altura de todos, y la intelectualidad, la ironía, el humor, la buena poesía y la sobresaliente dicción, ayer, fueron armas de ley y fieles contrastes de un orfebre de las palabras como es el pregonero.

Y siendo como ha sido su primera vez, qué sabores suculentos y tan bien dichos. Le bastó un cuarto de hora para meternos en el pozo de su mundo y para dejar bien claro, que a ver qué guapo se atreve, de ahora en adelante, a dar un pregón en Motril que esté si acaso, cerca de los méritos léxicos, constructivos, poéticos y teatrales, del que Juan Carlos Medina Martín, fue capaz ayer.

2 comentarios:

A golpe de llamador dijo...

Viniendo de alguien con la solvencia que tu tienes es todo un honor recibir estos alagos.

Gracias.

Jesús Ortiz dijo...

Enhorabuena, Carlos