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martes, 15 de marzo de 2011

Nazarenos


Las hermandades en la calle custodian el sentido de su labor evangélica en los pasos que procesionan. El mensaje catequético de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y el papel corredentor de María es la apófisis de la tarea a la que están llamadas las corporaciones penitenciales. Lástima que quede en segundo plano el asunto del cortejo, que como intenté desgranar en tres entradas, encierran una labor didáctica para la fe enorme e interesante. Dicho de otra manera, sin el sentido y símbolo expresado mediante insignias y preseas, las hermandades no resultan iguales. Y para todo ello es necesaria la labor del nazareno, del hermano de luz, que divide tramos, escolta insignias (y por ende resalta la función e importancia de las mismas) además de ejercer una función muchas veces poco estimada: hacer que los pasos puedan gozar de acompañamiento musical, sin que una y otra formación se estorbe y se solape. Cómo no, los hermanos de luz dan un testimonio anónimo y callado, un ejercicio altruista y sin duda verdadero, de penitencia y protestación de fe. Y tampoco en esta ciudad se valora su labor, su funcionalidad y su alto compromiso para con la Cofradía.

Hemos engrandecido en demasía el papel del costalero. Hemos creído piedra angular y soporte maestro de las hermandades sin darnos cuenta que solapamos la importancia de la representación bendecida que va de la mesa hacia arriba, en contraposición a la preeminencia de la figura costalera. Hemos hecho un gigante consentido y alabado, que terminará pasándonos factura. Porque soy el primero en admirar, pregonar y ejercer como costalero, pero me rebelo contra la discriminación a la que sometemos la figura del nazareno. Sin darnos cuenta que su importancia es si cabe, mayor que la del costalero. Nadie puede señalarme como enemigo del hermano y/o devoto que carga, y admiro la estética imposible de imitar que el costalero consigue bajo un paso. ¡No sería lo mismo, qué duda cabe el andar de un costalero, el sentimiento que desborda un palio bien mecido o el reposo cuidado de un Misterio avanzando, si fueran a ruedas! NO, NO LO SERÍA, pero seguirían saliendo a la calle nuestras Imágenes santificadas y devocionadas, nuestros Cristos y nuestras Vírgenes seguirían tomando la calle y exultantes de catecismo plástico, revalidarían su función rememoratoria y evangélica.

¿Alguien cree que necesita costaleros la mejilla del Señor del Rescate para provocar la conmoción ferviente necesaria? ¿Alguien duda de la plasticidad exultante de la silueta del Señor de la Misericorida? ¿Expresa soledad la Soledad del Calvario a hombros como a ruedas? ¿Dudaría alguien de la belleza arrolladora de la Esperanza? ¿No continuaría escapándose Cristo del regazo de su Madre Alhambra abajo, sobre sus portadores que con un artilugio mecánico? ¿Acaso de sus 450 años de historia, San Jerónimo necesitó de costaleros para tan extraordinario conjunto? ¿Y mi Señor, vuestro y nuestro SAGRADO PROTECTOR, sigue cumpliendo su salvífica función en su Retablo como en la calle, sobre andas o sobre una “roca”?

Por el contrario, imaginad una Hermandad sin nazarenos… Mejor, pensad en esas hermandades granadinas que ponen en la calle la triste, ridícula y demoledora cifra de 36 nazarenos y 27 mantillas. Esos son los datos avalados entre 2007 y 2010 por una concreta del Martes Santo. Pensad si recrean o pueden hacerlo sobradamente, ese discurso simbólico y evangélico que todo cortejo cofrade exhibe. Si da lugar a escoltas y significaciones para las insignias… Si como quedó escrito en las entradas anteriores sobre el Orden del Cortejo, puede escenificarse toda la carga devocional e histórica con tan exiguo número de hermanos de luz. Pensad igualmente si una banda y otra, no terminan confluyendo en sus sones y ofreciendo una estampa poco edificante. Imaginad, una vez más, qué sentido arroja un paso solo, en esa orfandad de hermanos, de acompañantes, de testigos de una fe amasada un año entero… PORQUE ESO ES UN NAZARENO, UN TESTIGO, UN TESTIMONIO ANÓNIMO…

Nos está pasando esto. Y la culpa es nuestra. Hemos consentido que haya 4 pregones de costaleros en Granada, habiendo desde hace 32 años el más antiguo antes nunca dicho y pronunciado en el Mundo. Y hemos hecho de las “primeras levantás” actos anacrónicos y sin sentido, amados hasta puntos insospechados que denuncié el pasado año; hemos convertido al costalero en el héroe que quiere imitar el niño pequeño. Hasta los disfrazamos de costaleritos en el carro de bebé y los exhibimos con honor. Hacemos cosas peores: algunas hermandades consienten que sus hermanos que no van a hacer Estación de Penitencia, y no porque una enfermedad les aqueje, vean la salida de la misma desde la Iglesia… ¿Qué locura es esta? Premiamos al hermano que no contribuye con la hermandad, que no cumple con el fin primero de la misma el día trascendental de la Estación de Penitencia, dejando que con su medalla al cuello, vea cómo sale el cortejo de los pocos que sí que son cumplidores y moralmente rectos.

No caemos en cosas sencillas… Indiqué en su día en mi hermandad que habría que escribir una carta al hermano que vistió la túnica, agradeciéndole (sé que no hay que agradecer algo que voluntaria y libremente debe cumplir el hermano, pero no corren tiempos para remilgos de este tipo) ese grado de compromiso. No nos engañemos: algunas hermandades hasta cobran menos por la tarjeta de sitio del costalero que la del nazareno, teniendo en cuenta que va en un sitio de privilegio.

Los nazarenos no disfrutan de paradas, de relevos. No son héroes salidos de los camerinos de un bar. Ocultan su cara, no pasan a la historia escueta y vanidosa de la foto… El nazareno no puede fumar, no acude a un aseo, no infringe la norma bebiendo o comiendo algo (que me diga un costalero que él no lo hace) y no levanta la admiración viril que sí despierta el costalero. No hace un esfuerzo físico que los pregoneros y pseudo poetas de lo cofrade han alabado como si de un nuevo Heracles se tratara. En resumen: pregunten a un hermano costalero si él saldría de nazareno… La respuesta, en un 90 % no variará: por nada del mundo. Y mientras, por aplaudir (porque hay que hacerlo, claro, pero en su justa medida) la figura del costalero, no conseguimos suturar la herida siempre abierta, la sangría incontestable de nazarenos de esta ciudad. Debe ser que Granada, con una de las aguas urbanas mejores de Europa, tiene mezclada en vez de cloro una partícula indetectable que provoca sentimientos de claustrofobia, o tal vez, lo que produce es lo contrario, exaltaciones de vanidad… El costalero no es un sacapasos, un superhombre o un macho de gimnasio de perniles remangados y camisetas de tirantes… No, es un tipo listo que se sabe el centro de su hermandad, el héroe impuesto y recién ascendido con visos de grandeza y consideración de imprescindible.

Recuerdo que Nuestra Madre y Señora de la Consolación rompió sus 18 años de espera en el 2008; hicimos una prueba de la salida en esa Cuaresma. Dentro del cenobio, nos esperaban hermanos de siempre, de Junta de Gobierno o allegados en definitiva, que no han dejado desde aquel 1993 de vestir la túnica y el antifaz de San Agustín cada Lunes Santo. Entramos a la modesta Iglesia y mandó arriar el capataz. Mientras se colocaban los varales, salimos fuera del paso, para inmediatamente, recibir los parabienes y felicitaciones de esos hermanos que por supuesto, ponían en práctica una de las claves del éxito de la Hermandad: la hospitalidad y el buen trato como arma para apegar a los hermanos… No hay reproche en ese intento sano, saludable y sincero. Pero a mí me enojó.

Recuerdo que le dije a un hermano (y de los primeros, un gran cofrade, un gran devoto y cumplidor sin tacha con nuestras Reglas) que no entendía la felicitación. Estábamos haciendo nuestra tarea dentro de la Hermandad como costaleros. Que los que de verdad merecían un aplauso, una palmada en la espalda, una carta (UNA PUÑETERA, BARATA Y SENCILLA CARTA) eran ellos, los que no tenían alabanzas, no se les conocía, no se les engrandecía y marcaban la diferencia entre San Agustín y el resto de Hermandades: nuestros nazarenos… Los que cumplían con un escrúpulo sin igual con el anonmato, la penitencia y la reflexión de las cuatro horas y media de Estación de Penitencia. Y a renglón seguido le dije que yo sí que le agradecía a él y a los 257 hermanos más (que esa cifra de nazarenos en Granada es como los números del Gran Poder y las otras 59 de penitencia en Sevilla) lo que hacían cada Lunes Santo. Yo sí les daba las gracias, y muchas… Y los animaba a seguir dando ese ejemplo, a no cumplir la cuarentena larga y sacar esa “papeleta simbólica y ver salir la hermandad desde dentro, vestido de calle y demostrando muy poca sensibilidad y responsabilidad. Yo sí que estaba orgulloso de ellos. Porque su lección, anónima, callada, única, me animaba a mí, uno más de esos héroes de pacotilla con costal y cerviz enrojecida a sentirme cofrade.

No pido un pregón de nazarenos, de hermanos de luz (pero visto lo visto, quizás no sea un disparate)… No pido un acto que se asemeje a las “primeras levantás” pero a lo mejor, algo que estimule y haga sentirse partícipes a los hermanos que deciden procesionar como nazarenos. No pido un trato de favor, pero sí alguno… Porque nuestros jóvenes se han dado cuenta que el costalero goza de unas miradas de asombro y respeto que el nazareno no tiene. Y quizás es hora que las Juntas de Gobierno se planteen como enaltecer la figura del hermano de luz y que este recobre su papel, más importante si me apuran que el del costalero.

Eliminaría las primeras levantás, por innecesarias y porque son cantos de adulación, Eliminaría la posibilidad de que el hermano caradura que no sale, vea el cortejo partir desde el Templo. Escribiría al nazareno y le agradecería y estimularía su participación., Evitaría aguaores infantiles disfrazados de lo que no podrán ser hasta los 18 años. Y convencería con mesas redondas, tertulias en las Casa de Hermandad o piensen ustedes de qué otras maneras, que sin los que llevan el cirio, escoltan las insignias, las portan y recrean y hacen, realmente hacen el cortejo, esto no tiene sentido. Esto está abocado a ser una fiesta folclórica para que un par de descerebrados de 18 años recién cumplidos que no pisan una Iglesia jamás, se aprovechen de la infraestructura de la Hermandad para quedar como los HÉROES indiscutibles de la Semana Santa. Y el protagonismo, desde hace siglos, como no, es de Cristo y de María, y no de la estrafalaria facha de algunos.

Creo que es hora de reflexionar. Hace 20 años las hermandades de Granada nos pusimos las pilas con el patrimonio, más próximo al de una aldea gallega que al de una capital con el peso histórico de la nuestra. Y 20 años después, con más de mil costaleros (eso seguro) y casi todas las hermandades con dos (o casi) cuadrillas por paso (y algunas con lista de espera), es hora de plantearse que nuestro punto flaco, muy flaco, horripilante y lastimosamente flaco, es el de los cortejos embebidos, pequeños, lastrados y a veces irrisorios. A lo mejor por desconocimiento, porque muchos no sepan ni entiendan la trascendencia catequética del cortejo. A lo mejor por inoperancia o falta de interés… Pero no podemos seguir consintiendo que nuestros propios hijos busquen un incensario y a los 18 años un costal. Y a los 40, la acera, con la medalla al cuello, y mucho viento fresco para la Hermandad…

No es serio ni de recibo; ni lógico. Y carece de generosidad cofrade. Por eso, hay que empezar a debatir seriamente el problema y a reunir a diputados y hermanos solventes de cuantas hermandades sean precisas, que estudien las maneras de ilusionar y envenenar a los hermanos con el antifaz y la túnica, con el cirio y con su importantísima labor. Yo me apunto. ¿Alguno más?

A tener en cuenta:
Los nazarenos sufren las excesivas paradas del cortejo como ninguno otro. Muchas, se producen por culpa de la figura costalera, los relevos sin celeridad y la obligación de incorporar, en algunas hermandades, casi tres cuadrillas de costaleros por paso y darles a cada uno algo de participación en las trabajaderas...

Los nazarenos no tienen ninguna consideración por su anonimato. El costalero, citado entre 3 y 6 veces para ensayo, termina adquiriendo consideración de grupo. Los encuentros, aunque sean solo en los ensayos, familiarizan a unos con otros... Habría que intentar que los nazarenos contaran con esa oportunidad enfocando ciertos actos de ocio para ellos.

Nadie exalta, revaloriza, escribe o dirige loas poéticas a la figura del nazareno y sí a la del costalero. Quizás la labor pase por no otorgar tanta preponderancia a la figura del hermano portador, a fin de que las generaciones de jóvenes cofrades no recreen una imagen distorsionada y heroica del costalero frente al nazareno.

El cambio de mentalidad pasa por el hogar. Los cofrades debemos enseñarle a nuestros hijos la importancia de vestir la túnica y la posibilidad llegado el caso, de que el niño elija hacerse o no costalero. Si desde el añito lo disfrazamos carnavalescamente de costalero (porque esa imagen me ofrece un bebé con un costal puesto en el carrito, o un niño con un bidón de agua marcando el paso como si fuera ya costalero cogido de la pata del paso) flaco favor hacemos a su ideal de cofrade. Y difícilmente ayudamos a que termine vistiendo la túnica identitaria de la Hermandad.
¿Primeras levantás? POR DIOS... ¿Habrá algo más anacrónico y sin sentido? Y hay que evitar la papeleta simbólica, el hermano que disfruta desde la Iglesia de la salida de la Hermandad... El que está imposibilitado, tiene si menester fuera un sillón de damasco y oro para ver salir la hermandad; el cofrade de otra hermandad invitado, también. Las autoridades, el pregonero de ese año (a mí me distinguió con el privilegio la Cena y el Rescate) pero no tu propio hermano con jeta. Además, el que está enfermo no tiene ganas de zarandajas.
Ayúdenme con más ideas para el fomento de la presencia de nazarenos...

3 comentarios:

David R.Jiménez-Muriel dijo...

NOS APUNTA EL BUENO DE LUÍS JAVIER LÓPEZ MARÍN, VOCAL DE PROTOCOLO Y RELACIONES EXTERNAS DE LA REAL FEDERACIÓN:

Acabo de leer tu entrada del blog sobre los nazarenos, que me ha parecido muy oportuna. Se me ocurre como iniciativa fomentar reuniones de formación / preparación para la Estación de Penitencia. En la Esperanza hacemos una especie de acto de bienvenida al hermano nuevo y se le dan las reglas y estampas y todo eso. Pero no me parece suficiente, siempre lo dije, por lo que habría que preparar a los hermanos para lo que se va a hacer en la salida penitencial. No es un desfile festivo ni un paseo por la ciudad vestido de túnica (a algunos padres de niños del tramo infantil hay que explicárselo todos los años porque desconocen lo que es salir en cofradía).

Además, las hermandades tienen que saber cómo atraer a los familiares de los nazarenos que ya salen y sobre todo hacer 'campaña' entre las cuadrillas de costaleros y los tramos infantiles. Particularmente me da alegría cuando en la hermandad le decimos a los niños que cumplen de 12 años que ya no pueden salir descubiertos y dicen que estupendo. Es un avance.

También recuerdo como el año pasado compartí tramo con el antiguo capataz del Señor del Gran Poder, Gerardo. Fue todo un ejemplo para la que ha sido su cuadrilla. Espero que vaya cundiendo.

Anónimo dijo...

Muy certero el artículo.

- Como bien aounta Luíz Javier, hay Hermandades que tienen ese acto de bienvenida, catequésis de Reglas, etc. pero son convocatorias con un objetivo demasiado amplio. Tenía en mente, otra cosa es que los cabildos entreguen los designios a otros hermanos, hacer pequeñas reuniones de confraternización entre nazarenos y camareras, pero por edades y cada una de ellas participadas, coordinadas o como quiera definirse por los diputados de tramo o mayordomos correspondientes. Reuniones infantiles con aquellos monaguillos y hermanos hasta unos 10 o 12 años, juveniles hasta la veintena; 20-30 años otro grupo y adultos a partir de la treintena. De esta forma se comparten "anonimatos" experiencias y se hace hermandad.

- Otra actuación, en mi Hermandad, de la que me jacto haber sido partícipe, es la de unificar tarjeta de sitio con cuota anual. Al menos, la salida procesional está pagada por todos los hermanos... pues si no se agrupan en un único pago, los hermanos de filas, además, costean la salida en parte y económicamente están más castigados.

- Hermanos acereros: es un mal de nuestra Semana Santa pero, tal y como apuntas, hay que combatirlo. Una forma son las "invitaciones" a ver salir la Hermandad; si bien son necesarias para aquellos hermanos mayores que no van a salir por la edad, compromisos con instituciones o negocios, etc. debemos ser coscientes de que un Templo no es un palquillo de una calle. Por tanto, hay que cuidar el uso de estas "invitaciones" para no favorecer el "absentismo en filas". Debo quitarme el sombrero ante un ex Hermano Mayor de San Agustín que, acabado el mandato, ocupó un puesto de servidor de la Cofradía el Lunes Santo, acorde a su edad. Cuánto ejemplo en ese acto... que debería ser el espejo de muchos.

Una cosa más: los hermanos que no hacen estación de penitencia, si la hermandad mantiene distinciones entre activos y asociados, y no hace activos a todos (lo razonable), debe pasar a asociados a esos activos, de los cabildos, que no salen el día de la estación de penitencia en filas. No puede primar otrqa cuestión sobre el vestir el hábito.

- Apunte final: cuál es el éxito de Rosario y San Agustín que vienen a contar con los cortejos más extensos de nuestra Semana Santa: unos hábitos "dignos" (huyendo del raso de épocas de escasez) y una puesta en valor de "la cultura" aplicada al mundo cofrade. Todo pensado y en continuidad independientemente de quien esté al frente... y, como sé que han hecho en Rosario, si este año no puedes salir, ya pagarás cuando puedas pero sal en tu Cofradía. Ten por seguro que si un año no han podido pagar a los cuatro de familia que venían saliendo, cuando puedan, lo pagarán con creces. Y es que llamar uno por uno a tus nazarenos... pues más allá de la carta que pides. Por eso habrá algunas que destaquen sobre el resto...

Un tema importante y secundario, por desgracia para muchos. Sobre costaleros que cojan el hábito, daría mucho que escribir y no para bueno, pero, eso sí que es harina de otro costal.

Un abrazo, Santi.

Fernando dijo...

David, te has lucido con este comentario. No puedo estar más de acuerdo.
Cito: "Esto está abocado a ser una fiesta folclórica para que un par de descerebrados de 18 años recién cumplidos que no pisan una Iglesia jamás, se aprovechen de la infraestructura de la Hermandad para quedar como los HÉROES indiscutibles de la Semana Santa. Y el protagonismo, desde hace siglos, como no, es de Cristo y de María, y no de la estrafalaria facha de algunos".

Es imposible estar más de acuerdo con eso. Para mi, está claro: ese es el problema en el concepto de muchos cofrades en lo referente a salir en una Hermandad: "salgo porque socialmente mola, está guay". Hasta tal punto que, como bien dices, se olvidan del objetivo principal de esto: rememorar la Pasión de Cristo. Veo mucha prepotencia y chulería en el mundo costalero. Ojo! No generalizo, solo me baso en casos que he podido presenciar. Tampoco le resto valor a la figura del costalero, ni mucho menos, pero el tema a veces se va de las manos.

Yo, sinceramente, como hermano de filas en mi Hermandad de Las Penas, siento que ese es mi lugar en el cortejo y, de momento (causas mayores aparte), no van a verme desempeñando otra función que no sea esa. Y, si observo bien, creo que puedo decir que mi Hermandad goza de buena salud en lo que respecta al número de hermanos de filas. Creo que nosotros, los hermanos de filas, practicamos más la reflexión espiritual durante la Estación de Penitencia. Al menos esa es la sensación que me da.

Un abrazo, David.

Fernando.