Visitas

martes, 22 de marzo de 2011

Hebreas


Algunos son más previsores y unos días antes del Miércoles de Ceniza ya han concluido la vestimenta oficial de los tiempos penitenciales, el adocenamiento formal de las doloras, el reiterado y cansino modo de aderezar a María Santísima en medio orbe cofrade, y conste que el otro medio está a punto de ser conquistado. Me refiero al universo de las “hebreas”, ese método falso y huero con el que los vestidores y cuatro pseudo intelectuales de lo cofrade quieren vendernos como el retorno a la sencillez, a lo adusto, a lo sobrio y a lo histórico, para darnos cuenta que no tienen nada de sobrio (miren la foto de arriba) ni de severo y que además, servirá para experimentos "sensibles" de algunos creadores con desatino... Pero no adelantemos acontecimientos.

La vestimenta no era otra que una túnica normalmente de lino o de pelo. Se trataba de una vestimenta de una sola pieza, que en las clases más humildes bajaba poco más de la rodilla y no poseía mangas, siendo las de las castas poderosas hasta el tobillo y con mangas, igualmente de generoso tamaño. Las citas bíblicas son múltiples encontrándonos su referencia en el Cantar de los Cantares (Cant, 5:3), en el Génesis (Gen. 37:3), en los Salmos de David, donde además hace referencia a la vestimenta de su hija Tamar (Sam. 2: 13,18) y que nos indica que la mujer y el hombre vestían igual. Es muy importante precisar que la túnica era destinada a ambos sexos y se acompañaba de un cinto que actuaba como ceñidor, normalmente de tela y en el caso de la mayor capacidad económica de la familia, de cuero, que presentaba quince centímetros de ancho y tachueleado para decorarlo. Las referencias, incluso, para cómo lo empleó San Juan Bautista (Mat, 3:4).

Una segunda túnica es el manto imprescindible en estaciones frías. Con la consideración lingüística de túnica, esto explica el mensaje de Cristo: "el que tiene dos túnicas, dé una al que no tiene" (Luc. 3:11). En efecto, el manto de tejidos similares distinguirá al rico del pobre, que sólo puede permitirse un vestido. Y es aplicable a la mujer, luego sus diferencias estéticas residen en el velo, usado por todas las mujeres, con excepción de las criadas y las de baja condición; nunca se lo quitaban, a menos que estuvieran en presencia de los sirvientes y en muy raras ocasiones. Era especialmente recomendado para las madres, viudas o casadas. Y sobreentendemos que María, en aquella época, era ya viuda. El velo tenía una proporción de dos para la largura y una para la anchura; para facilitar la comprensión de esto, supongamos que un velo medía dos metros de largo por uno de ancho. Sin embargo, la compostura en el vestir y muy especialmente, la condena sobre el adorno de la mujer es incluso referido por Pedro en la Carta a Timoteo, por lo que la sencillez estaba asegurada (1 Ped. 3:3; 1 Tim. 2:9).

José Vicente Cifré resume la vestimenta de la mujer de la Palestina de hace 2.000 años tal que así: túnica larga a rayas en colores oscuros, sobre los brazos un mantón anudado en el vientre, en la cabeza un pañuelo blanco y en los pies sandalias de tiras. Luís Becerra, de la Obra Social de Cajasol, sugiere que el shador o velo de la época, jamás estaría sobre el cuello, sino que partiendo de la cabeza caería hacia los hombros, oculto por el mantón o segunda túnica que no nace desde la cabeza, a manera de los embozados de la España de los Austrias, sino desde los hombros. Además, arroja una sugerencia extraordinaria: ¿por qué le decimos vestimenta de hebrea cuando lo lógico sería decirle de Palestina?

Una vez que hemos visto la falsedad de las vestimentas y que no responden a un ejercicio de recuperación histórica, e incluso que los esfuerzos de los vestidores por lucimientos personales en no pocas ocasiones rompen la idea ambigua pero extendida de que esta vestimenta de hebrea es indicada en los tiempos cuaresmales por su sencillez y su austeridad (y bien hemos dejado claro que muchas, más veces de las que quisiéramos, esto no es cierto), pasemos a datar el origen de este atavío mariano.

Nació en la Sevilla de 1920 y de las manos del genio Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que vistió a la Virgen de la Hiniesta, dada la precariedad material y patrimonial de la Hermandad de San Julián, con un rostrillo de papel de seda y precisando de bordados y de tejidos nobles. Pero cuando realmente se populariza es a raíz de un acontecimiento producido en la que terminará convirtiéndose en Basílica Macarena, hacia el año 1958. Corría la cuaresma y estaba en Cultos el Señor de la Sentencia, de modo que la Virgen iba a ocupar la Capilla en que normalmente recibe culto el Señor, la última del lado del Evangelio de la Basílica. Pero con su corona no cabía, de modo que para solventar el problema inmediato, Antonio Garduño se presentó con la vestimenta de hebrea que poseía la Virgen de la Estrella, por cierto, sensiblemente más pequeña que la Virgen de la Esperanza. Y Pepe Garduño, hace más de 50 años, vistió a la que desde entonces populariza la manera de atavío, a pesar de que dolorosas como Valle, Hiniesta o Estrella ya llevaran décadas empleándose en el tipo “hebreo”.

No, no hay rigor. Pero bueno, forma parte del anacronismo al que venimos durante días contándoles, gusta bucear lo cofrade. Lo que denuncio no es la vestimenta en sí, sino que esta procure venderse como un esfuerzo historicista, cuasi antropológico y arqueológico, siendo una falacia entonces. Lo que denuncio es que naciera con un claro sentido humilde, y la locura de algunos vestidores hayan hecho de esta manera de reencontrarnos con lo sencillo, lo puro, lo auténticamente cuaresmal, una aberración. Y no hay más que ver el Altar de Cultos de la foto de arriba, derroche sin par de creatividad y tino estético, pero que tan mal casa con la vestimenta de hebrea.

Ahora bien, lo que sí quiero poner en valor es el trabajo de dos vestidores de Granada, que tienen visos de escribir las páginas más doradas y conspicuas del mundo de la vestimenta mariana, Paco Garví, con un dominio de las tablas que no alcanza ningún vestidor del panorama cofrade andaluz actual, y Álvaro Abril, capaz de hacer los registros más variopintos y adecuados para cada Dolorosa, demostrando su ingenio y creatividad. No les traigo sin embargo, ninguna imagen vestidas de ambos, sino a la Soberbia, a la Extraordinaria, a la Categórica Virgen del Dulce Nombre de Granada, que estoy convencido, se quiere cargar su propia hermandad y espero alguien, pueda responderme, por qué ha sufrido esta vestimenta en la cuaresma de 2011.
Sí les aseguro algo... La liturgia indica para Cuaresma el empleo del color morado, a excepción del tercero de los domingos, el de Laetare, o revisión del sentido estricto penitencial, para el que se prevé el rosa. Yo apostaría por una saya y manto en morado, de un tejido poco noble pero con cierta caída, desterrando pliegues y vueltas imposibles y con un rostrillo en tul de tono ceniza puesto con la mayor de las austeridades... Responderíamos al sentido litúrgico, el tiempo en el que estamos, y a la necesidad penitencial del momento. A cambio, tendríamos que renunciar a las alharacas y competiciones para ver qué dolorosa ha sido vestida con más pompa y boato. No sé... las modas, van y vienen.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo del Dulce Nombre es debido a una donacion que hizo una hermana de dicha vestimenta. Y no,la hermandad no se quiere cargar a la Virgen.

Eduardo Salamanca dijo...

David el comentario acerca de Dulce Nombre es muy duro, acusar a una Hermandad de querer 'cargarse' a su titular, es, cuanto menos, poco respetuoso.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Eduardo, si hay alguien respetuoso precisamente con las imágenes bendecidas, creo que ese soy yo; a lo que sumo el enorme cariño por vinculaciones anecdóticas e históricas que sostengo en torno a la Virgen del Dulce Nombre... Pero no podrás negarme que hasta la actual Junta de Gobierno, una de las doloras con los atavíos y decoros más chirriantes de Granada, era Ella; y ahora nos la encontramos con un rostrillo a todas luces chocante con lo litúrgico y por supuesto nada favorecedor... ¿Qui´en viola aquí el respeto?