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viernes, 3 de septiembre de 2010

Me voy Motril

Me voy despidiendo de los casi dos meses de esparcimiento costero. Donde atravesé la piel de la infancia, en ese Motril tan cambiado que en aquellos años se perfilaba como lo que es hoy, pero guardaba intactos sus genes propios que hoy día no existen. Donde jugar en la calle (niños de calles sin televisiones ni entretenimientos informáticos) se convertía en primer mandamiento.

Me voy de un Motril que cicatriza sus heridas modernas, porque los cirujanos incompetentes del urbanismo, lo han dejado como los estetas aficionados del bisturí, mal remendado e hinchado por los inyectables.

Me voy de un hogar de antaño, desdibujado, crecido, reconocible sólo en los suyos, los pocos que le quedan; porque Motril será siempre patria imborrable de mi niñez, el marco de un película en blanco y negro, la tierra de los míos, la playa que resiste al turismo de masas, el núcleo donde jugar con dos rubias desconcertantes con seis años de cocción, donde saber de buenos vecinos, donde recuperar primos, donde tostarse la piel y conseguir, tras un año maldito, que todo, poco a poco, vuelva a la normalidad. Porque tu sal me lame esas heridas imperdonables.

Me voy de casa, no sé si primera o segunda, que Granada es más que eso si cabe. Lo siento, o mejor, es lo que siento. Pero me voy de donde me hice a quien debo, al menos, esa lealtad incorruptible, esa fidelidad de la que no todos presumirán, esa manera tan peculiar de mirar a la vida. Como Motril, al sur del sur de un sur que lo asfixia y lo envenena, pero siempre fiel, siempre leal... A los suyos.

Me voy Motril. Te veo pronto... Aguantaremos uno sin otro.

4 comentarios:

monaguillo dijo...

Anda si, pichita... haz algo por España y vuelve a la capital del Reino. jajajaj

Jesús Ortiz dijo...

Qué penita. Ahora habrá que buscarte entre varales granadinos y callejas empedradas en el reino de Granada. La diferencia es que en Motril se cuál es exactamente el lugar donde siempre te hallaré. Ese maravilloso oasis de brisa marinera que acaricia el alma mezclada con conversaciones que se cuelan en la memoria del anecdotario veraniego de cada año. Ese balcón único en el mundo. (Porque el de tu primo está al lado, pero hace más calor. Misterios indescifrables...)

J. Carlos Medina dijo...

No te vayas todavía/ no te vayas por favor/ que hasta la guitarra mia/ llora cuando dices adios.

Hermano: Espero no tener que echarte de menos eso signficará que mas allá o mas acá del Suspiro del Moro la frecuencia de nuestros encuentros, sin duda enriquecedores para mi, lo sean con la suficiente asiduidad como para que no aflore ese sentimiento de nostalgia veraniega.

Anónimo dijo...

pff lo siento pero te tengo k robar un trozo..patria imborrable de mi niñez en tan pocas palabras..