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lunes, 11 de enero de 2010

Nieve en Granada

Desde las dos y hasta las seis de la tarde de este domingo diez de enero, por tercera vez en lo que va de temporada (la primera vez fue el lunes 14 de diciembre) y como hacía años, ha estado nevando en Granada Capital, con una cierta intensidad, por contra de los copos escuetos y tímidos de otras veces.
Si ya supimos que en las pasadas fiestas navideñas fue el sexto destino turístico por número de visitas de toda Europa (adelantando a Viena o Praga) y que de España, es el segundo destino más valorado (sólo nos supera Barcelona y estamos muy por encima de Málaga, Madrid, Sevilla o Valencia) este, era un encanto "europeo" más que nos saluda.
He sostenido en decenas de ocasiones para esta Alacena, que Granada es una de las ciudades con la oferta patrimonial, histórica y cultural más interesante de cuantas puede haber. Que además, es una ciudad cómoda. Que sorprende por su estampa exótica a caballo entre Occidente y Oriente. Que es barata, mucho más que otros destinos. Y hoy, además, una Granada blanca y distinta.
Llevaba un par de años, asomado con férrea voluntad al alféizar, esperando que se produjera las anunciadas nevadas por debajo de los 700 metros. Dos años donde cada vez que los pronósticos profetizaban nieve en la capital (y no cuatro copos durante minutos), anhelaba repetir una estampa que hemos vivido algunas veces, pero no es muy pródiga.
A la par que yo, en "Palermo", un hermano mío se asomaba a su balcón, mientras la bomba de calor, la manta eléctrica y las mantitas sobre la impoluta tapicería de piel del chaise longe, lo mantenían pendiente al cielo, pero en mangas de camisa (ojú Consolación, qué calor...)
Y al final, hemos visto cumplido nuestro deseo. Granada, al calor de una copa de vino por la Plaza Nueva, teñida del tono más bonito que puede exhibir nuestra Sierra, poniendo encanto a los tejados a dos aguas de la calle de los Reyes, mientras las cúpulas, espadañas, artesas, voladizos y techumbres añejas, castizas, históricas y nuestras, se llenaban de blanco, como los pretiles de los ríos, y los pasamanos de las barandas, y las puntas de lanza de las viejas rejerías de Oficios (la calle más bonita, dice mi primo) y todo lo que rezuma esta ciudad tan amada, tan odiada, tan nuestra hasta los túetanos.
Pues sí, hermano. Ha nevado como decías. Un deseo cumplido. Lo mismo mañana brindamos bajo el abrasador aliento que se despide de vuestro salón por este, y por los muchos deseos que nos queden.
Pero la imagen hermosísima de Granada, nevada, blanca, a la europea, no nos la quita nadie...
A Juan Morillas,
que lleva, como yo, dos años asomado y esperando que nieve y de lo lindo.
Todo se termina cumpliendo.