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lunes, 14 de enero de 2008

Era de esperar


Que no corren buenos momentos en esta nación nuestra no es una novedad, ni podríamos siquiera tildar el texto de titular informativo. Las polémicas decisiones del gabinete socialista que "gobierna" desde 2004, se hicieron sentir al poco del ascenso político del partido socialista. Y ahora que esta legislatura está expirando, se hace necesaria una reflexión apoyada en realidades constatables que marcan lo que han sido estos cuatro años.


La inflación es la más alta de los últimos 10 años, el paro, ha subido hasta superar las barreras psicológicas que España abandonara durante la legislatura de Aznar, las hipotecas, las más caras de los dos últimos lustros, la confianza de los consumidores ha caído hasta un 13, 2 % y los sindicatos, que no puede presuponerse que sean críticos con los gobiernos de izquierdas, hablan de desaceleración de la economía española y de una necesidad de cambio en el modelo productivo.


Financial Times, experto rotativo como pocos en la materia, criticaba la política económica de Zapatero, que no valora en nada como positiva, y describe tal que así la cuestión: "podría tener que lamentar sus comentarios porque podrían incluso parecer arrogantes".


La economía española se sitúa en el peligroso lugar que la casi convierte en crítica. A pesar de estar en los puestos del desarrollo mundial, debiéramos empezar a poner los espartos necesarios para que no pregone el resto de Europa, que España vive una crisis. Pero los datos lo corroboran y el sentimiento de los ciudadanos no tiene lugar a dudas.


Muy por encima de las cuestiones que han interesado en estos años, auténticas cortinas de humo, los españoles ya han visto la realidad de la legislatura. Podrá negociarse con ETA, buscar el amparo diplomático de dictadores latinoamericanos, tratar de una manera incongruente a los asesinos vascos, permitir que quede en interrogante la realidad recogida en la Constitución acerca de la unidad nacional o tal vez, dejar que nuestros soldados vayan a otras guerras, mientras no sea la de Irak (curiosa falacia esa), pero en el momento en que nos tocan el bolsillo, y nos lo han mermado bien, la memoria histórica hace acto de presencia.


No, la de 75 años atrás, no. La que está tan presente que han transcurrido nada más que 11 años de ello. La política desastrosa en materia de empleo y economía de la era González, la más ruin versión del pucherazo, corrupción y prevaricación de los últimos tiempos de la Europa conocida.


El cachorro ideológico que acudía de joven a los mítines de Felipe, aprendió la lección; le faltaron esas dos tardes que le prometió Jordi Sevilla; y ha heredado toda la carcundia falaz de los errores fiscales y económicos del corte socialista.


DESGRACIADAMENTE, ERA DE ESPERAR